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07 de Dec de 2019

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Olimpo A. Sáez  M.

Columnistas

Entendimiento nacional o desastre nacional (II)

Cuando Omar Torrijos anunció “el Veranillo Democrático” en 1977 y luego “el repliegue militar a Farallón” en 1978, nadie le creyó.

Cuando Omar Torrijos anunció “el Veranillo Democrático” en 1977 y luego “el repliegue militar a Farallón” en 1978, nadie le creyó. La izquierda y la derecha torrijista se aferraron al poder con desesperación y la oposición antimilitarista con desesperación a tumbar el entramado gobiernista.

El “entendimiento nacional” que se logró con todos los partidos políticos existentes (a excepción de uno) y amplios sectores de la sociedad en 1982 para reformar la Constitución de 1972 y democratizar la vida nacional, se logró por los esfuerzos del presidente Ricardo de la Espriella y el impulso del Estado Mayor de la Guardia Nacional que comandaba el general Rubén Darío Paredes, para que no naufragara.

Pronto esos esfuerzos de “entendimiento” se abandonaron y todos, Gobierno y oposición, se lanzaron a buscar el poder presidencial con las elecciones que imponía la Nueva Constitución de 1983.

En esa “transición hacia la democracia”, se agudiza el camino al desastre nacional con ”el buen salto, Rubén” de 1983. Se organizan las elecciones de 1984 y el fraude electoral que el expresidente Nicolás Ardito Barletta rechaza en sus memorias. La decapitación de Hugo Spadafora y la renuncia a la Presidencia de Ardito Barletta, al intentar crear una Comisión Independiente para su investigación en 1985. La represión contra la Cruzada Civilista, las muertes de Guzmán y Morán en el aniversario de la muerte de Spadafora y las confesiones del coronel Roberto Díaz Herrera en 1987. La intentona golpista del coronel Leonidas Macías y sus seguidores, la fallida destitución del general Noriega por el presidente Eric Arturo del Valle, el paro bancario, los batallones de la dignidad, la salida negociada de Noriega con los EE. UU. en 1988 y el fraude electoral de 1989 con su secuela de muertos, heridos, torturados y encarcelados, entre ellos el asesinato del sacerdote Nicolás Van Cleef, parapléjico; el golpe del mayor Moisés Giroldi y el asesinato de los 11 oficiales de las Fuerzas de Defensa del 3 de octubre de 1989 nos llevarán de la mano a la intervención norteamericana del 20 de Diciembre con todas las muertes de inocentes, mientras Manuel A. Noriega y su Estado Mayor se escondían, los cuarteles de provincias se rendían y un puñado de acorralados oficiales y tropa, junto con otro puñado de batalloneros, trataban impotentes de oponerse al avance de los soldados norteamericanos en todo el país y el pueblo se entretenía saqueando al comercio y las mayorías recibiendo la Operación “Causa Justa” con alegría.

El regreso a la “democracia partidista” le dio un respiro al país y los distintos Gobiernos trataron de enfrentar, sin planificación, la solución a los acuciantes problemas que con arrastre llegaban a todas las orillas de la vida nacional. También ”la democracia electorera” y sus partidos terminaron por enfangarse en el festival de la corrupción. Cada Gobierno con sus amigos se repartían el tesoro nacional. Así, cerrando los ojos, hemos llegado a este deterioro de la vida panameña, donde nadie cree en nadie y donde muchos quieren llegar al poder para arrancarle a la teta del Gobierno todo lo que se pueda para enriquecerse. La política ha perdido su norte y los partidos la esencia de su misión.

Pensando en el pasado como lección política, en este presente como angustia y frustración nacional y en ese futuro lleno de incertidumbre para viejos y para nuevos, es que me atrevo a proponerle a todos los panameños y en especial a las fuerzas políticas de Gobierno, oposición e independientes, empresariales, estudiantiles, sociales, profesionales, sindicales, policiales, culturales, originarias y religiosas, detengamos el DESASTRE NACIONAL por donde caminamos y en un diálogo nacional, encontremos en un acuerdo, en un pacto o en un entendimiento nacional, la solución a los principales problemas que sufren los panameños de la ciudad y del campo.

Sostuve ayer, sostengo hoy y sostendré mañana, que las “reformas constitucionales” que se proponen hoy, no solucionan las angustias de los panameños, en especial, el empleo y los tres golpes de comida. Que la Constituyente Paralela y la Constituyente Originaria, llevarán a una vorágine electorera que paralizaría mucho más la economía del país, detendría la inversión nacional y extranjera, el desempleo continuaría su marcha de protesta colectiva y los panameños sin rumbo cierto hacia la nada y de la nada a la anarquía y al desastre nacional.

Ahora, más que ayer, EL ENTENDIMIENTO NACIONAL se hace necesario, mediante un diálogo difícil, pero más seguro que el DESASTRE NACIONAL, si nos mantenemos en la ceguera, la miopía, la terquedad o la necedad política.

Continuará...

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