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21 de Jan de 2020

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Ramón Fonseca Mora

Columnistas

Más sobre Marx: hombre misterioso

Continúo mi investigación sobre este hombre que tanto ha influenciado la historia reciente, incluyendo tu vida y la mía.

Pero, ¿por qué deseaba Marx tal trono? La respuesta se encuentra en un Drama poco conocido que Marx también compuso durante sus años estudiantiles, titulado “Oulanem”. Para explicar el título necesitamos explorar un poco.

Existe una Iglesia de Satanás. Uno de sus ritos es la misa negra, la cual recita a medianoche el sacerdote satanista. Colocan velas negras al revés en el candelabro. El sacerdote se viste con su túnica ornada, pero con el forro hacia afuera. Dice todo lo que se indica en el libro de oraciones, pero leyendo desde el final hacia el principio. Los nombres santos de Dios, Jesús y María, se leen a la inversa. El crucifijo es colocado boca abajo o es pisoteado. El cuerpo de una mujer desnuda sirve de altar. Una ostia consagrada, robada de alguna iglesia e inscrita con el nombre de “Satanás” es usada en una parodia de la comunión. Durante la misa negra se quema una Biblia. Todos los presentes prometen cometer los siete pecados capitales, según son enumerados en los Catecismos Católicos, y a nunca hacer ningún bien. Tras esto, sigue una orgía.

El culto al diablo es muy antiguo. Deuteronomio 32:17 dice que los judíos “sacrificaron a los demonios y no a Dios”. Más adelante. El rey Jeroboam de Israel ordenó sacerdotes para los demonios (2 Crónicas 11:15).

De manera característica, Oulanem es una inversión de un nombre santo: es un anagrama de Emmanuel, un nombre bíblico de Jesús que significa en hebreo: “Dios con nosotros”. Tales inversiones de nombre se consideran efectivas en la magia negra. El Drama Oulanem se puede comprender solamente a la luz de la extraña confesión que hizo Marx en un poema titulado: “El violinista”, al cual más adelante trataron de restar importancia, tanto él como sus seguidores.

“Los vapores infernales suben y llenan la mente.

Hasta que enloquezco y mi corazón es totalmente cambiado.

¿Ves esa espada?

El Príncipe de las Tinieblas me la vendió.

Para mí marca el compás y da las señales.

Cada vez con más osadía, toco el baile de la muerte”.

Estas líneas cobran significado especial cuando nos enteramos de que en los ritos de iniciación superior del Culto Satanista se le vende una espada encantada al candidato, la cual le asegura éxito. Paga por ella firmando un  pacto de sangre de sus venas, estableciendo que su alma pertenecerá a Satanás después de morir.

Y ahora, una cita del drama Oulanem:

“Y ellos son también. Oulanem. Oulanem.

Nombre que resuena como la muerte.

Resuena hasta que perece, arrastrándose miserablemente.

Detente. ¡Lo tengo ahora! Surge desde mi alma.

Tan claro como el aire, tan fuerte como mis propios huesos.

Aún tengo fuerza en mis juveniles brazos

para agarrarte fuertemente y triturarte

(se refiere a la humanidad)

con tempestuoso poder,

mientras para ambos se abre el abismo

desmesuradamente en la oscuridad.

Te hundirás y yo te seguiré riendo a carcajadas;

murmurando en tus oídos:

“Desciende, amiga; ven conmigo”.

La Biblia, que Marx había estudiado en sus años de escuela superior y que conocía muy bien en sus años de madurez, dice que el Diablo será atado por un Ángel y echado al abismo (Apocalipsis 20:3). Parece que el deseo de Marx era arrastrar a toda la humanidad hacia dentro de aquel abismo reservado para el Diablo y sus Ángeles (y casi lo consiguió).

¿Quién habla a través de Marx en este drama? ¿Es razonable suponer que un joven estudiante abrigue como el sueño de su vida una visión de la humanidad entrando en el abismo de la oscuridad (“oscuridad exterior” es un término bíblico que se refiere al “Infierno”), y asimismo riendo a carcajadas mientras va tras aquellos a quienes llevó a la incredulidad? En ninguna parte del mundo se cultiva ese ideal, excepto en los ritos de iniciación de la iglesia de Satanás, en sus niveles más altos.

Cuando en el Drama llega el momento de la muerte de Oulanem, sus palabras son:

“Arruinado, arruinado. Mi tiempo ha terminado.

El reloj se ha detenido, la casa enana se ha derrumbado.

Pronto abrazaré la eternidad en mi pecho,

¡y pronto rugiré gigantescas maldiciones sobre la humanidad!

Marx había amado las siguientes palabras del personaje Mefistóles en el Drama Fausto (del famoso poeta alemán Goethe): “Todo lo que existe merece ser destruido”. ¡Todo! Incluyendo el proletariado y los camaradas. Marx citó estas palabras en su libro: “El 18 de Brumario”. Parece que Stalin (y otros) actuaron basadas en ellas y destruyó aún a su propia familia.

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