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21 de Jan de 2020

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Rafael Carlesrcarles@cableonda.net

Columnistas

El peligro del populismo

El problema es que los grupos populistas no están pensando en cómo organizar el trabajo de manera más efectiva; ellos piensan en recibir más y trabajar menos.

Quisiera llamar la atención sobre un problema profundamente grave que existe en nuestro país y que surge del tipo de populismo y de la forma contradictoria en que invocamos a la democracia cada cinco años, y que en nuestra opinión y en muy poco tiempo conducirá a serios problemas internos. Ya varios lugares del mundo han hecho crisis debido a que los populistas alteran el orden público cuando no reciben lo que piden luego que los gobiernos democráticos prometen lo que no tienen.

En Panamá se observa un populismo cada vez más protagónico en medio de una sociedad que busca pero no encuentra cómo transformarse. No podríamos haber derrocado la dictadura militar sin la participación activa de la ciudadanía, pero ahora debemos fundar una sociedad diferente en la que, por un lado, hay que liberalizar mercados y privatizar instituciones ineficientes, y, por el otro, aspirar a la equidad y la igualdad a través de una economía moderna y efectiva donde todos pagan impuestos y nadie recibe privilegios.

El problema es que los grupos populistas no están pensando en cómo organizar el trabajo de manera más efectiva; ellos piensan en recibir más y trabajar menos. Pero para crear las transformaciones económicas que requiere esta sociedad, primero y fundamentalmente se necesita crear un aparato efectivo de trabajo que produzca desarrollo y progreso. En los países en que el populismo ha ganado control del Estado, se observa un proceso característico: en la primera etapa, la mayoría se une para luchar y ganar, pero en cuanto un grupo toma el poder y comienza a discutir la cuestión de qué hacer para gobernar, esas mismas fuerzas supuestamente democráticas comienzan a separarse y a dividir a los demás. De allí que cualquier evaluación que hagamos de estos países refleja que sus ciudadanos están interesados en profundas transformaciones económicas y sociales, pero solo temporalmente. Y además, ese interés tiene motivos destructivos porque está basado en un odio por lo viejo y no por una comprensión de lo nuevo.

Por eso, conociendo todas las dificultades de nuestro país y sabiendo que sus problemas no se pueden resolver en un año, dos o cinco, es muy temerario que los gobernantes prometan soluciones de inmediato. Porque tal vez sin saber, dan razones para que los populistas exijan lo que es imposible dar. Y allí entonces los revoltosos tienen excusas para encapucharse y prender neumáticos, incendiar vitrinas, causar caos, cerrar calles y destruir la propiedad privada. Revoltosos que una vez se opusieron a la ampliación del Canal y ahora hacen lo mismo con las reformas constitucionales. Revoltosos que siempre han criticado por todo y por nada, y que cuando no tienen enemigos a la vista, lo encuentran fácilmente por su capacidad y experiencia acumulada de enredar y confundir.

En los países en que el populismo ha ganado control del Estado, se observa un proceso característico: en la primera etapa, la mayoría se une para luchar y ganar,...

Debemos advertir que Panamá está en proceso de colisión contra un movimiento populista en cierne. Y su destino dependerá de si somos capaces de desarrollar una posición convincente hacia ese populismo o si vamos a dejar que nos arruinen como ya han hecho en otros países del mundo.

En cualquier caso, el Gobierno Nacional debe estar listo para enfrentar levantamientos, huelgas y presiones, y no ceder ante demandas y exigencias inconsecuentes. Hay que hacer un esfuerzo intenso para encontrar mecanismos políticos nuevos y diferentes, y lograr sumar a estos grupos en las transformaciones que deben tener lugar si queremos mudarnos a una nueva sociedad. Para lo cual será absolutamente necesario aceptar que el modelo democrático actual, de prometer en campaña lo que no se puede cumplir, nos lleva poco a poco y quinquenio a quinquenio a contradicciones que solo pueden volverse más graves en el futuro.

Para realmente encontrar una solución al fondo del tema y dar viabilidad al país, sugerimos abrir mayores espacios de participación a estos grupos populistas de manera que puedan adquirir el conocimiento interno de las cosas y producir los cambios requeridos.

Porque si el Gobierno se empecina en postergar las reformas a la Caja del Seguro Social, dilatar la modernización o privatización del IDAAN y demorar los ajustes estructurales para la reactivación de la economía nacional, so pretexto de no erosionar su cuota política o no confrontar los grupos populistas, entonces si estaríamos todos condenados al subdesarrollo.

Por eso, la primera conclusión de este primer artículo del 2020 es que debemos como sociedad de acelerar los cambios en las formas de más participación a los grupos populistas pero igualmente buscar nuevos mecanismos e instituciones de poder político que dependan menos del populismo. Nadie dijo que refundar la República sería fácil, pero dejar pasar el tiempo no es una opción. Se avecinan dificultades muy serias y la hora de actuar con madurez es ya.

Empresario