Temas Especiales

28 de Oct de 2020

José-María Estrada Solórzano

Columnistas

El viacrucis de Panamá cortesía de Israel

En vista de los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro querido país, no podemos dejar pasar la oportunidad de efectuar algunos comentarios apropiados sobre la corrupción exponencial que estamos sufriendo gracias, entre otros absurdos, a los dioses que, según Torrijos, y otros pelafustanes, afirmaban/afirman que eran/son panameños.

En vista de los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro querido país, no podemos dejar pasar la oportunidad de efectuar algunos comentarios apropiados sobre la corrupción exponencial que estamos sufriendo gracias, entre otros absurdos, a los dioses que, según Torrijos, y otros pelafustanes, afirmaban/afirman que eran/son panameños. O judíos, para tal caso.

Una de las interrogantes descomunales y obvias que quedaron en el tintero, antes, durante, y después, del proceso fallido contra el truhan más grande que ha registrado la historia contemporánea de Panamá, —me refiero por si hay dudas aún, al señor Ricardo Martinelli— es: “dónde está el aparato llamado Pegasus”?

Esta aparato de fabricación Israelí, usado exclusivamente para espiar, copiar, revelar, descubrir, meterse, en donde ni un virus embarazado puede, especialmente saber qué hace un smartphone, su dueño/a, la víctima, cualquiera que sea, pues es tan formidable, que, donde pone el ojo del dueño, hasta el color del calzoncillo y el panty de las víctimas sabe, incluyendo la hora, el lugar, el cómo lo hace, con quién lo hace, con qué fin lo hace, toda la conversación, todos los chats, todos los archivos, amén (que no plegaria) de interceptar toda la información de todos los smartphone a 10 metros de radio del smartphone interceptado.

Un dispositivo que hace gala de la inventiva e iniciativa del mejor servicio secreto sobre el planeta tierra, propiedad exclusiva de la MLN group, de origen, israelí, que necesitamos dejar constancia que en cuanto a desarrollar, perfeccionar, y usar a su mejor conveniencia, la tecnología, no importa los cánones elementales de soberanía de una país, ni moral alguna, pues lo único que cuenta es la seguridad e interés del país llamado Israel, copia al carbón de otro país (o es al revés) llamado EUA, y cuya compra, por el señor Martinelli, efectuada por varios millones de dólares, sobre su valor real, después que Martinelli amenazara a la embajadora de los EUA, de obtenerlo de los judíos, si los EUA no se prestaban a venderle un sistema similar.

Por una vez, debo de felicitar a los EUA, que se negaron en redondo a vender el sistema, pues Martinelli no tuvo vergüenza alguna de justificar la compra del maldito dispositivo para uso de contraespionaje para la protección de la “democracia de nuestro país”.

Los gringos sabían para que lo quería, tal como consta en los WikiLeaks, cortesía del Señor Assange, y como a tantas decenas de panameños, dolorosamente, les conta. El señor Varela, que durante 22 meses se acostó, como vicepresidente de la república, con Martinelli, y nunca denuncio chanchullo alguno, ahora es víctima del maldito Pegasus. ¡Y lo están chantajeando! ¿Y “Dónde está el maldito Pegasus?”.

Hemos de hacer énfasis que el sistema es tan sofisticado, que su venta se efectúa solamente con la autorización y total conocimiento del gobierno de Israel, el todo poderoso, Netanyahu, y sus acólitos, primer ministro del poder detrás del poder. Israel mangoneando a los EUA. E Israel, y Netanyahu, sabían muy bien para que fin Martinelli deseaba el maldito Pegasus. Y, aun así, se prestaron para su venta. La moral, ética, descarado y desvergonzado comportamiento de Israel, expuesta en su mayor exponente. Ese el punto de este artículo.

Ya entraron en efecto los tratados de libre comercio entre Panamá e Israel. ¿Nosotros les vendemos mariscos? Tilapias, camarones y cambombia; y ellos nos venden de todo, además de sacarnos la vida. Amén (que no plegaria) de hundirnos más en la corrupción mas truculenta que hemos tenido en nuestra historia. Los EUA nos protegieron, cuesta creerlo, de acuerdo; e Israel, nos terminó de hundir. Eso no es difícil de entender.

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