Temas Especiales

25 de Oct de 2020

Pedro Moreno—Patiño

Columnistas

La corrupción: institución gubernamental

La corrupción la han impuesto para cimentarse y expandirse

Luego de más de 30 años pasados, los gobiernos militares en el continente y luego de sus fatales finales en nuestro caso con la despiadada invasión norteamericana, cuya justificación era la de acabar con la corrupción de aquel entonces, emerge el nuevo modelo político instaurado en los sucesivos gobiernos posinvasión, con la símil praxis que ninguno ha podido acabar con este mal incorregible que es la corrupción peor aún, se ha incrementado.

¿Pero cómo llegó a suceder? La clase política dominante que fue excluida del período militar aguardaba con anhelo su retorno al poder. Prueba de ello es que una vez logrado su cometido pactan una alianza para alternarse el poder pero con la particularidad que quienes son los artífices de estos acuerdos son la flamante clase empresarial, haciendo del otrora Palacio de Las Garzas una mera oficina gerencial.

La corrupción es de doble vía, para su perfeccionamiento se requieren mínimo dos. Su objetivo principal es generar riquezas para sus promotores a cualquier costo; y eso implica tener a las instituciones garantes de la gobernabilidad bajo su total control. Esta simbiosis produce la subordinación de los poderes del Estado a su mando, a la vez que poseen medios alternos para el manejo de sus maniobras políticas y comerciales como los medios de comunicación.

La corrupción la han impuesto para cimentarse y expandirse, está institucionalizada, los ejemplos sobran, incluso a niveles de competencia interna entre grupos económicos adversos que utilizan a la justicia para neutralizarse entre ellos.

Los pilares de la democracia están corroídos desembocando en un modelo “corruptocrático" empezando por la institución permisible de proclamar candidatos dirigidos a control remoto por el poder económico, quien los engloba e instala descaradamente además de institucionalizar métodos de corrupción amparados bajo leyes funcionales en un Estado ideal, es decir un Estado sin corrupción. Basta ver la Ley de Descentralización y la próxima Ley de Asociaciones Público Privadas, que son el resultante exitoso de la corrupción como institución gubernamental. Debemos estar atentos y dispuestos a erradicar para siempre esta forma de gobierno, nuestro pueblo es sabio identifica plenamente a sus actores, pero nos falta la determinación de la participación ciudadana, por eso las explosiones ciudadanas a través de las protestas, son el reflejo del hastío y método de rebelión pacífica, tenemos como primer eslabón anticorrupción promover una Asamblea Constituyente para limitar los poderes y desvincularlos del poder económico, por ende hay que ejecutar acciones, no desde las articulaciones organizadas de los ejes impulsores de los grupos de poder sino desde organizaciones no contaminadas por los tentáculos del sistema “corruptocrático". Ardua tarea pero urgente. ¡Acción!

Ciudadano Independiente