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11 de Jul de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

La peste insuperable (o nuestra conducta en tiempos de crisis)

Ya que el deporte de la especulación ignorante es lo que nos encanta hacer, especulemos un tanto sobre lo siguiente: “El pueblo panameño es un pueblo noble”.

Ya que el deporte de la especulación ignorante es lo que nos encanta hacer, especulemos un tanto sobre lo siguiente: “El pueblo panameño es un pueblo noble”. Esa es la frase que utilizamos para eximirnos de nuestras perversidades. Para pasar agachados o para exculparnos.

La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define el adjetivo “noble” como: “honroso, estimable, como contrapuesto a deshonrado y vil”. Pero al especular sobre las cosas de las cuales no tenemos idea o ningún conocimiento, sentados en el sillón de la casa, con el aparato electrónico en mano, regañando y cuestionando a todos los expertos que se han pasado décadas estudiando un tema… podríamos reflexionar, como ya dije, sobre si somos o no “un pueblo noble”.

Más bien parecemos lo “contrapuesto” definido por la RAE… Deshonrado: “Pérdida de la honra”, y vil (viles): 1- Bajo o despreciable. 2-: Indigno, torpe o infame. 3-: Dicho de una persona: que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone”. Pero es justo agregar el ya trillado “no todos” o “claro que hay excepciones” para tener esperanza, tapar el sol con un dedo o para salvarnos de nosotros mismos.

“El coronavirus es un tema que superaremos tarde o temprano y 
se lo deberemos a esos dedicados funcionarios de la salud”

Aquí hay tres actores: 1- las autoridades que tratan de hacer su trabajo y, mediante los tropiezos normales que puede producir una situación como esta, mantener informados al público, 2- los ignorantes que sencillamente se agarran sobre su mal pensado “derecho a opinar” y 3- los que están por hacerle oposición al Gobierno en todo: enredar las cosas; aunque sea en una situación tan delicada, que más bien debería unirnos como país.

El COVID-19, mejor conocido como el coronavirus, fue advertido por primera vez a mediados de noviembre de 2019 en Wuhan, China. Panamá reportó su primer caso el martes 10 de marzo de 2020. Estoy seguro que la experiencia de los chinos y los especialistas en los otros países alrededor del mundo, que han tenido que enfrentar esta declarada pandemia mundial, está sirviendo de base para que nuestros expertos médicos y profesionales panameños, puedan minimizar los efectos y la propagación del coronavirus en nuestro territorio. Es lo lógico y no hay que ser muy aventajado para deducir esto. Sin embargo, es imperativo y responsabilidad de cada ciudadano seguir las instrucciones de nuestras autoridades para que, entre todos, podamos superar esta amenaza.

Pero el segundo actor (los que ejercen su derecho a opinar), lo que hacen es crear confusión y caos. Si aún no nos hemos indignado sobre los que no tienen problemas con el ya conocido “robó pero hizo” (que ya cuentan miles y miles de adeptos si tomamos en cuenta los últimos comicios electoreros)… poco enojo parece provocar los que, en tiempos de crisis como ahora, sin prejuicio ni contención personal, crean y/o comparten mensajes, por las redes sociales, con contenido poco creíble y/o desconociendo su origen.

Qué bajos los “nobles” que acaparan los productos necesarios para sanear el entorno de las personas. Hay que ser muy indigno para llegar a un establecimiento y llevarse 20, 30 o 50 unidades de un producto cuando otros ciudadanos, tan merecedores como tú, desean obtener lo mismo. Muy infame, cuando le quintuplicas el precio y más infame el que levanta una campaña de cuestionamiento pensando en las próximas elecciones.

Es una peste malsana y el retrato no deja lugar a dudas… Las imágenes en los supermercados, el acaparamiento de productos, la burla a las autoridades y una notable insistencia por identificar a los contagiados o enfermos, sus amigos y familiares y el lugar en donde viven, es como demasiada indiferencia. Hasta de la forma de hablar de la ministra de Salud se han burlado en Twitter y profesionales de otras disciplinas, serios a morir y con autoridad, emiten opiniones y sugerencias sin tomar en cuenta que, de su propio oficio, sería un acto de atrevimiento que otros opinaran si no tuvieran los elementos formativos y la experiencia que se requiere para eso.

En su novela “Ensayo sobre la ceguera”, José Saramago escribió que: “Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”. El coronavirus es un tema que superaremos tarde o temprano y se lo deberemos a esos dedicados funcionarios de la salud. Superar la conducta que exhibimos, no será tan sencillo.

Comunicador social.