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12 de Jul de 2020

Paulina Franceschi

Columnistas

El coronavirus, definitivamente, cambiará el mundo

Analizar la crisis de coronavirus bajo el prisma de la teoría del cambio y cómo se gestiona el cambio a nivel de sistema(s) nos permite una mirada sistémica muy interesante sobre la actual pandemia que confronta el mundo entero.

Analizar la crisis de coronavirus bajo el prisma de la teoría del cambio y cómo se gestiona el cambio a nivel de sistema(s) nos permite una mirada sistémica muy interesante sobre la actual pandemia que confronta el mundo entero. Esta mirada nos la regala Nafeez Ahmed, periodista investigativo británico, en el artículo titulado “Coronavirus, falla sincrónica y el cambio de fase global”, y sobre el cual destacó planteamientos interesantes sobre cómo va a cambiar el mundo y por qué. Ello permitirá tomar mejores decisiones, para saber cómo adaptarnos hacia delante. Es decir, frente a esta pandemia, como nosotros decidamos responder, hará la diferencia.

Miremos por qué el mundo va a cambiar de acuerdo a lo planteado por Nafeez Ahmed. Lo primero, la crisis del coronavirus se presenta en un momento de gran fragilidad sistémica en distintos ámbitos a nivel global. El virus presionará “al borde” el sistema social, económico y político que ya muestra signos de deterioro, pues el sistema global está al borde de múltiples crisis; la crisis energética, cambio climático, volatilidad de los sistemas financieros, tensiones geopolíticas, búsqueda de nuevos liderazgos, países con estrés de agua, el aumento de la desigualdad, son solo algunos ejemplos de esa fragilidad sistémica.

Frente a este escenario y desde el ángulo de un cambio de fase global y lo sistémico de la pandemia, el COVID-19, es un disruptor/punto de inflexión que puede llevarnos a una falla sincronizada de un sistema global en decadencia. Si la pandemia logra producir un cambio sistémico en los sistemas, estamos frente a un escenario, un momento crucial para un cambio de fase global. Es decir, una nueva economía y orden global, en donde los valores con los que afrontemos la pandemia serán determinantes para la emergencia de un cambio de fase global.

COVID 19, ha interrumpido a nivel global la cadena de suministro, tanto a nivel de la oferta como de la demanda. Un doble choque a la cadena de suministro sin precedentes y una combinación inusual.

Por ejemplo, desde el lado de la oferta, China “se apagó”, al igual que la industria de autos desde Corea, Japón y Alemania; los mercados financieros han llegado a los “mínimos históricos”, el comercio internacional se ha afectado y con ello países como Australia que derivan el 40 % PIB del comercio y del cual 30 % es exportado a China, se verán severamente afectados; los mercados de valores están en “caída-libre”, los índices bursátiles declinan en un 20 %; la manufactura de electrónicos, químicos, alimentos, bebidas y otros serán golpeados por varios meses, así como la producción de, al menos, 150 tipos de drogas/medicamentos, afectando la cadena de suministro médico; escasez de materia prima también es posible.

Desde el lado de la demanda, los impactos son múltiples. Por un lado el acceso a mercados globales es importante para firmas y negocios como Starbucks o países como Australia que dependen de mercados globales, así como el Canal de Panamá, las actividades logísticas y el sector turismo.

Los efectos indirectos, desde el lado de la demanda, son contundentes. Se verán afectados los restaurantes, conciertos, cines, aerolíneas, actividades deportivas, entre otros. Ello llevará a los negocios “al borde”, a la quiebra, con el consecuente aumento del desempleo, entre otros. Es decir, que los efectos en cascada son potencialmente muy serios.

Este repentino “alto” sin precedente, debe llevarnos a una profunda reflexión. COVID-19 es un síntoma de ese cambio de fase global, un desestabilizador, al cual alude Nafeez Ahmed. Y es a partir de nuestras propias acciones que se determinará si nos reorganizamos para permitir la emergencia al nuevo ciclo de vida, que algunos han llamado, la era antropogénica.

La lección de COVID-19 es un ejercicio de resiliencia social, de valores como cooperación, compasión, generosidad y grandeza.

Debemos construir sistemas que institucionalizan estos valores. Es parte de una función evolutiva y adaptativa. En el cambio de fase global que podemos estar viviendo, sistemas que no incorporen estos valores éticos en su estructura, no sobrevivirán.

Asesora en Desarrollo Sostenible.