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04 de Jul de 2022

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    Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Una decisión equivocada

Estados Unidos ha retirado su financiamiento a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y contrario a lo que puedan pensar algunos, creo que le asiste todo el derecho a proceder como considere.

Estados Unidos ha retirado su financiamiento a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y contrario a lo que puedan pensar algunos, creo que le asiste todo el derecho a proceder como considere. Hay quienes estiman que ese país está cansado de dar sin que no se valore su aporte.

Creo, sin embargo, que es un grave error, que a futuro tendrá para Washington un incalculable costo político. Que nadie ponga en duda la seriedad de EE. UU., y su empeño riguroso por mantener la propuesta estratégica que ha venido hilvanando desde finales del siglo XX, que ratificó entrada la presente centuria y que, pese a los cambios ocurridos en los últimos 20 años, trata de mantener a toda costa.

No hay nada que un ser humano valore más, y en este caso la humanidad entera, que la solidaridad en los peores momentos, en los instantes de tragedia. Popularmente se dice que es allí donde se conoce a los amigos, y la decisión del presidente Trump equivale a darle la espalda al planeta en momentos en que vive la peor pandemia de los últimos cien años.

Y no voy a entrar a valoraciones humanistas, sino políticas. El cese de la financiación a la OMS equivale a un repliegue equivocado, porque en política el espacio que uno deja lo llena otro.

Por años EE. UU. ha contado con un merecido espacio de influencia en el corazón de mucha gente que, frente a terremotos, ciclones, volcanes en erupción, etc., siempre habían visto los aviones hércules fletados de ayuda, por no retrotraerme a los años 60, cuando la Alianza para el Progreso puso en muchas mesas la famosa leche Care.

Esa asistencia continua ha sido siempre un activo político de Washington. Más comprensible, y diría que acertado, hubiera sido reducir su cuota y exigirles a otros países aumentar la suya, que retirarse de la forma como lo ha hecho.

¿Qué mano y que ayuda van a tocar y a valorar esos dos millones de infectados que hoy padecen en todos los rincones del mundo, sus familiares y amigos? ¿A quién van a agradecer los insumos médicos, las vacunas puntuales, las mascarillas, los guantes o los respiradores tan urgentes?

No, el presidente Trump se ha equivocado, porque lo que prevalecerá a futuro, es la forma como EE. UU. se retiró cuando el líder, esa única potencia global, dio la espalda a la humanidad. NO ha sido la mejor manera de mostrar su poder.

A menos que Washington esté contemplando ayudas paralelas y directas que afecten la labor de la OMS, en cuyo caso el mundo volverá a bordear el peligroso y supuestamente superado estadio de guerra fría, y caminar hacia una peligrosa polarización, donde los tambores de guerra pasen del modo latente en que se han mantenido a una beligerancia de primera fila.

De alguna manera el mundo saldrá adelante, con o sin la ayuda de EE. UU., y es una lástima que Washington, cabeza mundial de la democracia, no esté en esa cita, con su aporte científico, con su influencia, con su cultivada sabiduría. Sin mayores adjetivos ha sido una innecesaria muestra de arrogancia. Un vacío que, con seguridad, muchos tratarán de llenar, porque podría ser breve la nostalgia que la humanidad pueda sentir por esa ausencia.

La decisión de Trump se parece un poco al esposo que se va de casa creyendo que su esposa morirá sin él. (JBV)

Periodista