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09 de Jul de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Vienen las olas de COVID-19: estemos preparados

Ahora que estamos “a punto” de iniciar de forma progresiva e inteligente el levantamiento de la cuarentena, los invito a no olvidar que este virus vino para quedarse.

Ahora que estamos “a punto” de iniciar de forma progresiva e inteligente el levantamiento de la cuarentena, los invito a no olvidar que este virus vino para quedarse. El enemigo, como lo llamamos, seguirá buscando personas susceptibles para infectarlas, y continuará extendiéndose entre la población hasta que haya suficiente inmunidad entre nosotros, ya sea porque más del 60 % de los panameños ha estado en contacto con el virus, o porque se fabricó una vacuna, es efectiva y es accesible para todos y no solo para los países con más recursos.

“[…] lo que suceda en el futuro dependerá de nosotros, [...], cada uno cumpliendo con su parte para mantener bajos los casos y las muertes, preservar el empleo y la actividad económica, y [...] el bienestar emocional […]”

En ese contexto, los epidemiólogos del mundo coinciden en que el virus se mantendrá presentándose periódicamente, así como lo hacen las olas de diferentes alturas y anchos que llegan a la orilla llena de bañistas desprevenidos. Por esa razón, así como estamos preparados frente a la amenaza de oleajes peligrosos o, en el peor de los casos, un tsunami, estemos preparados para cada uno de los tres escenarios que nos depara el futuro inmediato, manteniendo las medidas de protección personal y colectiva que ya conocemos. Veamos lo que dicen los expertos del Centro de Investigación y Políticas de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota (Cidrap).

El primer escenario corresponde al brote actual. Una ola gigantesca nos golpea desde principios de este año, causando hasta el día de ayer cerca de cuatro millones de casos y 250 mil defunciones en el mundo. Nosotros también sufrimos el impacto de esa ola y ya superamos los 7000 casos y más de 200 defunciones. Pero eso no termina allí. Seguirá una serie de pequeñas olas alternadas de brotes mucho más pequeños cada pocos meses, algunas con muy pocos casos, pero nunca cero casos entre ola y ola. El impacto que nos ocasionen esas olas dependerá, como siempre, de nuestro esfuerzo colectivo por mantener las medidas de distanciamiento físico e higiene. De la efectiva vigilancia epidemiológica por parte del Minsa para detectar casos positivos y contactos, aislarlos y tratarlos adecuadamente. Y de la regulación, fiscalización y control del cumplimiento de las medidas de bioseguridad por parte de los comercios y empresas que estén laborando.

En el segundo escenario posible, la gigantesca ola que nos golpea actualmente no continuará con pequeñas olas. Ocurrirá que, si bajamos la guardia y relajamos las medidas, el virus atacará en forma de una monstruosa ola mucho mayor que la actual, causando millones de casos y defunciones en el planeta. Ya ocurrió antes con la llamada gripe española. En marzo de 1918 llegó la primera ola moderada de gripe española. Los casos cayeron durante ese verano, pero seis meses después, en el otoño, la epidemia explotó. Eso fue seguido por picos más pequeños a principios de 1919. Y luego terminó la pandemia, dejando más de 50 millones de muertes. Después de esta segunda ola doblemente desastrosa, quedan pequeñas olas ocasionales de casos que apenas representan una quinta parte de lo que sufrimos.

“[…] dos razones por las cuales el COVID-19 pudiera seguir cualquiera de los tres comportamientos descritos. Una es biológica: los coronavirus, […], son expertos en seguir circulando […]. La otra es sociológica […]”

En el tercer futuro posible, la ola actual se aplaca y entramos en una nueva normalidad, con brotes de COVID-19 de tamaño casi igual y, en la mayoría de los casos, duración hasta finales de 2022. Se producen brotes locales, peores en algunos lugares que en otros, de acuerdo con el comportamiento de la población y la capacidad institucional para realizar pruebas generalizadas y regulares y el seguimiento de contactos. En ese punto, el mejor de los casos es que una vacuna efectiva esté disponible; si no, entonces el mundo experimentará casos de COVID-19 hasta que, al menos, la mitad de la población haya sido infectada.

Al final, los expertos consultados afirman que hay dos razones por las cuales el COVID-19 pudiera seguir cualquiera de los tres comportamientos descritos. Una es biológica: los coronavirus, como lo demuestran los cuatro endémicos, son expertos en seguir circulando y nunca desaparecen (el coronavirus del SARS, a principios de la década de 2000, fue una excepción). La otra es sociológica: y tiene que ver con la capacidad de la sociedad para resistir otro cierre económico, y mucho menos los repetidos.

Solo me queda repetir que lo que suceda en el futuro dependerá de nosotros, la población, empresa privada y el Gobierno, cada uno cumpliendo con su parte para mantener bajos los casos y las muertes, preservar el empleo y la actividad económica, y preservar el bienestar emocional de las personas.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).