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14 de Jul de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Especies de vida silvestre en peligro

Ahí pon esto: “Elefantes, rinocerontes, tigres, ballenas son desafortunadas víctimas de poderosas bandas con extensa cobertura. […]. ONU Ambiente resalta que “la vida silvestre enfrenta amenazas sin precedentes”. […]”

Un extraño embarque. Procedente del área del lago Bayano en el este de la provincia de Panamá, un camión con una carga cualquiera en la parte de atrás. La curiosidad de los agentes policiales les hizo levantar un poco, hurgar y tocaron en el fondo una superficie rugosa. Destaparon todo y con asombro, encontraron casi doscientas pieles de lagarto dobladas muy bien y escondidas. Hubo que retenerlas e iniciar investigaciones.

A través de los años, autoridades han encontrado otros envíos singulares que intentan pasar los puestos aduaneros en el territorio nacional. Cajas de caballitos de mar disecados; artículos elaborados con carey, aletas de tiburón que se embarcan hacia Oriente o troncos de madera de cocobolo disimuladas en los contenedores. Forman parte de transacciones ilegales que cruzan territorios hacia un mercado que produce mucho dinero a quienes se involucran en él.

Pero en este negocio, la materia prima no la forman elementos procesados de una manera legal, sino que se utilizan la oscuridad nocturna, documentación falsa, presión a funcionarios y en múltiples oportunidades, criterios sobre la supervivencia de humildes comunidades y sus pobladores que se convierten en cómplices de un trasiego ilícito de componentes de la naturaleza que están posiblemente en peligro de extinción.

Lo paradójico es que existe un movimiento legal entre las fronteras. Éste garantiza un intercambio racional y toma en cuenta la condición de vulnerabilidad de plantas y animales para asegurar su preservación y existencia. La Organización de las Naciones Unidas aprobó en 1963 la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) a la que hoy se adhieren 183 países.

Este acuerdo regula en todo el planeta cómo se debe realizar de manera documentada y formal un flujo normalizado de ejemplares que van a constituir insumos esenciales para la industria -madera para muebles e instrumentos musicales, por ejemplo- o procesos de transformación -mariscos, peces- y para venta directa -flores-. Lo fundamental es que todo eso se hace sobre un principio de conservación, que tiene una base científica y datos precisos.

CITES cuenta con una secretaría general y desde 2018 esa función es ejercida por Ivonne Higuero, economista ambiental panameña, quien ha trabajado en organismos de escala mundial por más de 25 años. Se graduó de bióloga en la Universidad de Missouri en Estados Unidos de América y se especializó en Economía y Política de Recursos Naturales en la Maestría en Gestión Ambiental de la Universidad de Duke.

Su labor es intensa, no obstante que la convención ha sido asimilada a la legislación nacional de las Partes (signatarios). Existen en la actualidad documentos que legalizan la actividad y que envuelve a unas 37 mil especies que se comercializan como “especímenes vivos, abrigos de piel o hierbas disecadas”. La idea es, de acuerdo con una de sus metas, “poder lograr su conservación y su uso sostenible”.

Plantea el organismo además que “El desarrollo de políticas de implementación de la CITES aprende de los esfuerzos internacionales para lograr el desarrollo sostenible y también contribuye a estos esfuerzos”.

Elefantes, rinocerontes, tigres, ballenas son desafortunadas víctimas de poderosas bandas con extensa cobertura. Es una preocupación que comparten otras agencias. ONU Ambiente resalta que “la vida silvestre enfrenta amenazas sin precedentes. El hábitat natural de las especies se ha reducido drásticamente a causa de la agricultura, la minería y los nuevos desarrollos urbanos”.

CITES considera que este emprendimiento debe contribuir a beneficios tangibles para los pueblos indígenas y comunidades locales; así como asegurar que no ingrese a un peligro de extinción, al involucrarse en su vertiente internacional. En Panamá existe una biodiversidad inigualable. Cada persona, grupo, comunidad y entidades deben convertirse en vigilantes de preservar la vida silvestre para enriquecer ese patrimonio.

Periodista