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13 de Jul de 2020

Columnistas

Un Covid-19 con receta local

Las medidas sanitarias implementadas en los distintos países durante esta pandemia poseen características muy similares, a lo largo de la crisis hemos podido constatar un flujo de información sobre todo lo que ocurre en el mundo, de una forma sin precedente

Las medidas sanitarias implementadas en los distintos países durante esta pandemia poseen características muy similares, a lo largo de la crisis hemos podido constatar un flujo de información sobre todo lo que ocurre en el mundo, de una forma sin precedente, nunca antes visto. Las principales diferencias en lo que uno u otro país ha puesto en práctica radica fundamentalmente en los tiempos de aplicación, capacidad médica instalada y adquirida, rigurosidad, uso de nuevas tecnologías,todo esto acompañado por un proceso de comunicación político-institucional,que a su vez es uno de los aspectos de menor efectividad.

Casi sin darnos cuenta ha pasado por delante de cada uno de nosotros distintas etapas, las primeras llenas de emergencias, incertidumbre, ensayo y error y mucho miedo. Posteriormente una combinación de todos estos aspectos a menor escala, pero a su vez dándole paso al aumento de los reclamos sociales centrados en la dificultad de resolver necesidades básicas, que hasta hace poco eran imperceptibles por quienes les ha tocado vivir esta tragedia en carne propia.

Hoy estamos entrando en una nueva etapa, donde los criterios de funcionalidad no pueden ser los mismos, fundamentalmente porque nos enfrentamos a profundas diferencias en materia económica y cultura social. Cada país le ha tocado asumir los efectos de este COVID-19 con los activos que tenía, los recursos disponibles y la capacidad instalada para afrontar este tipo de tragedias.

En esta nueva etapa la estandarización no es aplicable, por el simple hecho que hay países con mayor capacidad que otros. A primera vista, los países más desarrollados ycon economías sólidas tendrán mayor capacidad de resolución que aquellos países con economías mucho más frágiles y dependientes.En estas circunstancias cobra mayor relevancia el manejo honesto y eficiente de los recursos públicos,ligado a una consideración política más profunda sobre cuantos y quienes son los afectados que, como hemos dicho, son más de los que uno se imagina, y los tipos de soluciones dependerán de a qué sectores estemos considerando.

En estas circunstancias el tamaño de la chequera si importa, por lo tanto, el recurso público que se administre debe rendir dos veces más, lo cual requiere mucha prudencia, mucho acierto y procesos transparentes en donde el interés del ciudadano esté por encima de cualquier intención deshonesta. El peor negocio político que se puede hacer en este momento es aprovecharse de la emergencia para obtener lucro indebido, venga de donde venga.

La convivencia social representa otra profunda diferencia entre los distintos países que han debido reorganizar sus formas de vida para atender las exigencias de esta crisis. Obviamente las culturas más disciplinadas, orientadas al logro, que hayan desarrollado criterios de flexibilidad en las relaciones laborales y que tengan principios y valores que sustenten la convivencia familiar, tendrán mejores resultados con menos consecuencias negativas. El valor de la fortaleza y el estoicismo que tienen algunas culturas como resultado de su propia historia hacen que circunstancias difíciles sean vividas con mayor entereza.

En nuestro caso hay que estar muy atentos, tomando en cuenta nuestras fortalezas y debilidades. Garantizar el cumplimiento de las medidas de convivencia y seguridad sigue siendo la prioridad. Para que esto se logre debemos comunicar para convencer y comprometer, brindando la información adecuada y en los casos que sea necesario los materiales que se requieran para cumplirlas. Recordemos que los impactos de la crisis dependen siempre de la condición social de quienes lo reciben. Y el Estado está para eso, para atender diferencialmente las necesidades de los ciudadanos, para resguardarlos dependiendo de su condición y para mantener viva la economía, a pesar de la caída en la producción, el comercio y la prestación de servicios.

Cada país es diferente. Tenemos a mano las mejores prácticasque pueden ser tomadas como referencia. Pero cada una de estas medidas requiere una receta propia con el fin de hacerlas compatibles y útiles a los ciudadanos, tomando en consideración incluso los diferentes matices que se puedan plantear entre las distintas regiones del país.

Seria un error imperdonable pensar en las soluciones estandarizadas, como si todos los ciudadanos recibieran de igual manera las consecuencias de esta tragedia. Hay que hacer todo lo contrario. Se requiere identificar y diagnosticar cada categoría social con el fin de garantizar que las políticas tengan los resultados que se buscan, y que cada ciudadano se sienta razonablemente satisfecho con el respaldo aportado por quienes en este momento administran el Estado.

Con todo esto resulta obvio que los retos de esta pandemia no son solo médicos, sino también sociales. Si quienes toman decisiones lo entiendeasí se ahorrarán muchas dificultades. Si no logran comprender los matices socio económicos de lo que estamos viviendo, muy probablemente estarán gestando en el corto plazo un problema mucho mayor.