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10 de Jul de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

El guerrillero del Cacao

El cerro Trinidad, es un pico monumental, allí termina la cordillera central en la región de Lídice. El impactante promontorio acoge en las faldas a una comunidad de cholos conocida como El Cacao.

El cerro Trinidad, es un pico monumental, allí termina la cordillera central en la región de Lídice. El impactante promontorio acoge en las faldas a una comunidad de cholos conocida como El Cacao. Victoriano Lorenzo nace allí, en ese ambiente donde la naturaleza es más hermosa y con una vista espectacular del hábitat panameño.

El sacerdote de Capira recibe al niño Lorenzo, es llevado por sus padres para que lo eduque; aprende a escribir y tiene una letra de hombre culto; es de los pocos panameños alfabetizados en la época de la unión a Colombia.

Victoriano, desde la niñez, sufre la discriminación contra la indiada coclesana; de joven se enfrenta a un funcionario despiadado y en defensa propia lo mata. Carlos A. Mendoza lo defiende.

El coronel José María Núñez Roca, durante la Guerra de los Mil Días, asalta el Cacao, la tropa viola primero a las mujeres y niñas; y luego asesinan con saña a los pobladores en una acción conocida como la masacre del Cacao. Los conservadores, en la política de exterminio, dan la orden de “cholo visto, cholo muerto”. Igual hace Bolívar Vallarino que da la orden “sin prisioneros” en el levantamiento del cerro Tute.

Victoriano y Belisario Porras unen talentos y valentía, durante los cruentos episodios que ensangrientan el suelo panameño en el conflicto bélico que enfrenta a liberales y conservadores a finales del Siglo XIX.

La batalla del Puente de Calidonia, conocida como “el Callejón de la muerte”, pone en evidencia el choque entre los liberales colombianos con los istmeños. La estrategia correcta la plantea la dirigencia panameña con pleno conocimiento del área. Los liberales triunfantes en Bejuco y Corozal están listos para tomarse la ciudad de Panamá. Emiliano Herrera, el colombiano, jefe de operaciones del ejército liberal, inexplicablemente y con obstinación insiste en dar la batalla en el Puente de Calidonia.

El triunfo en la acción bélica garantiza a los liberales el control de la capital y del país, situación que el Imperio de Washington nunca puede aceptar, pues los istmeños lo que desean es la separación del Istmo del tutelaje colombiano. La revolución triunfante nunca negociará un Tratado tan leonino como lo es, el Hay-Bunau Varilla, el infame Panamá Cede.

Los Estados Unidos le entregan a Carlos Albán las ametralladoras con las cuales matan a centenares de jóvenes panameños, los cuales son sepultados en una fosa común, en el lugar donde está la tumba de los soldados de la independencia en el cementerio Amador. ¿Emiliano Herrera está en componendas con los gringos? Emiliano es responsable de la muerte de centenares de panameños, ¿por qué Emiliano traiciona la causa liberal en el Istmo?

Belisario Porras, ante la derrota de los liberales, le entrega las armas a Victoriano Lorenzo para su custodia, arsenal que se utiliza en la segunda fase de la Guerra de los Mil Días.

Victoriano Lorenzo demuestra dotes de gran estratega en los diferentes combates en los cuales siempre sale victorioso. La Negrita en Penonomé es el eje de las acciones del jefe “de los cholos insolentes”. El guerrillero transparente de Changmarín, y protagonista de Desertores de Ramón H. Jurado, arrasa a las tropas del oficialismo conservador en Río Grande, en los Picachos de Sorá, Cerro Gallote, Santa Fe, las Minas, Macaracas, Tonosí, Los Santos, Azuero, Veraguas, Chiriquí y, sobre todo, en Aguadulce.

Victoriano, el invencible, gana su grado de general peleando, de allí el odio del ejército colombiano contra él, nunca le perdonan que los derrota con audacia e inteligencia.

Benjamín Herrera, hermano de Emiliano, también detesta al héroe coclesano, sobre todo porque le salva la vida a Belisario Porras, detenido en Veraguas para ser fusilado. Y como Judas, Benjamín Herrera le entrega a los gringos y conservadores “al hombre del drill amarillo” y así viola los acuerdos del Tratado de Wisconsin que pone fin a la Guerra de los Mil Días ante la urgencia del Imperio de Wall Street de construir el Canal interoceánico. Los Herrera son de ingrato recuerdo para los panameños.

Menedesmo Torres, abuelo de Heriberto Torres Acosta, participa con valentía en la Guerra de los Mil Días al lado de Victoriano Lorenzo. El negro jaqueense, sobrevive a la masacre del Puente de Calidonia, cuando la juventud liberal es asesinada por las ametralladoras yankees. Rosa María Britton tiene alusiones puntuales a la Guerra de los Mil Días en la novela El ataúd de uso.

Menedesmo luego es protagonista en el sitio de Aguadulce, allí participa con Victoriano, cuando el guerrillero del Cacao se toma las trincheras de los conservadores. El hombre de Jaqué (Darién) es distinguido con el grado de capitán por su heroísmo.

Los negros del lago Gatún y del litoral caribeño se unen a Victoriano, como lo narra Adán Castillo Galástica en la novela Epifania del Chagres. Epifania es una mujer bellaca, telúrica, es la legendaria combatiente de El Arado, el Picacho de Olá, Barbacoas, San Pablo, Buena Vista, Cirí Grande, Trinidad, el Cacao, es la teniente Fanny con la famosa Niña Pola, la escopeta. Rogelio Guerra Ávila, en la novela Cuando perecen las ruinas, hace alusión a la Guerra de los Mil Días.

Los marginados de Panamá cierran filas con el guerrillero transparente de Changmarín.

Recomiendo las novelas de los colombianos Rafael Baena y Gonzalo España, La Guerra perdida del indio Lorenzo y Odios fríos, las cuales presentan un perfil inédito de Victoriano Lorenzo, los dos, reconocen su trayectoria contestataria. La Biblioteca Nacional tiene una amplia bibliografía de Victoriano Lorenzo.

Nota: Domingo Díaz, el 16 de septiembre de 1901, le otorga, en Chame, el grado de general a Victoriano Lorenzo, en la 2a. etapa de la Guerra de los Mil Días.

Historiador, escritor y docente.