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29 de Nov de 2020

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Franklin Castrellón Morales

Columnistas

Distinción merecida

“Honrar, honra”, diría José Martí, en histórico artículo dedicado en julio de 1881 al Dr. Miguel Peña, célebre compañero de Simón Bolívar en su legendaria lucha por la independencia de Venezuela.

“Honrar, honra”, diría José Martí, en histórico artículo dedicado en julio de 1881 al Dr. Miguel Peña, célebre compañero de Simón Bolívar en su legendaria lucha por la independencia de Venezuela. La frase aplica, muy apropiadamente, a la decisión adoptada, el 12 de noviembre, por la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP) de conceder el Doctorado Honoris Causa a Carlos Ernesto González de la Lastra.

Chiricano de nacimiento, pero ciudadano universal, Carlos Ernesto ha dedicado buena parte de su meritoria y fructífera existencia a impulsar el desarrollo marítimo y logístico de Panamá, incluyendo la formación de sus recursos humanos, tanto a título individual como en su calidad de directivo de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) y otras organizaciones.

Con una sólida formación nacionalista, inspirada desde sus años en el Instituto Nacional, en 1963 -siendo muy joven- fue nombrado cónsul en Egipto, cargo que aprovechó para conocer a fondo el Canal de Suez, nacionalizado en 1956 por Gamal Abdel Nasser. A fines de la década de 1960 fue nombrado director de Marina Mercante y después designado cónsul en Singapur, justo cuando la ciudad estado iniciaba un proceso de transformación bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew, que la llevó a convertirse en una de las naciones más desarrolladas del mundo.

Esos primeros años, sumados a su convicción de que Panamá eventualmente recuperaría su principal recurso (el Canal y la Zona del Canal), lo llevaron a desarrollar una visión de Panamá como nación marítima. Ya para entonces se lamentaba de que “Panamá ha caminado de espaldas al mar”, es decir, carecía de conciencia marítima. De regreso a Panamá se activó en la APEDE, en donde presentó su visión de convertir al país en un hub de servicios marítimos y logísticos en la revista Apediana de 1976.

Gracias a su incansable liderazgo, desde entonces APEDE se convirtió en centro de pensamiento por excelencia de la industria marítima, tarea que se fortaleció tras la aprobación de los tratados Torrijos-Carter (1977) y su implementación (1979). Fueron años de luz renovadora para el sector, pues aparecieron en escena otras figuras clave que contribuyeron a forjar la estructura legal que dio lugar a la creación de la Autoridad Marítima de Panamá y la Autoridad del Canal de Panamá. En ese proceso, a Carlos Ernesto hay que asignarle un rol protagónico en el diseño de la Estrategia Marítima Nacional, en su posterior revisión para incorporar el vital elemento logístico, y en el desarrollo de la Ley General de Puertos, la Ley General de Marina Mercante y la actualización del Libro Segundo del Código de Comercio sobre actividades marítimas.

Consciente del papel vital que juega el capital humano en el desarrollo económico y social, Carlos Ernesto se convirtió en un aliado de la Escuela Náutica de Panamá, creada en 1960, bajo el Ministerio de Educación. Posteriormente, pasó a la Autoridad Marítima, pero una misión consultora de la Organización Marítima Internacional detectó un conflicto entre formar oficiales de marina y emitir los certificados de marinos bajo una misma entidad, por lo que recomendó que la ENP pasara a ser autónoma. Una Comisión integrada por Carlos Ernesto, el Capitán Orlando Allard y las abogadas Maribel Barreiro y Marissa Vallarino analizó la situación y llegó a la conclusión de que, a la luz del promisorio futuro, lo mejor para Panamá era diseñar una universidad autónoma de calidad mundial.

Tras amplias consultas, surgió la propuesta de crear una universidad especializada de un nivel comparable al de la Universidad Marítima Mundial, con sede en Malmo, Suecia. Ello incluía, atraer a profesores de otras latitudes y dotarla de instalaciones modernas y alojamiento para internos de Panamá y de otros países. El plan original sufrió cambios importantes en la Asamblea Nacional, pero finalmente esta aprobó la Ley No. 40 de 1º de diciembre de 2005 que crea la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP).

La ubicación de un sitio apropiado para la nueva universidad fue otro reto que asumió personalmente Carlos Ernesto. El lugar más apropiado era el que ocupaba en La Boca la Florida State University (FSU), que solo atendía para esos días a varias decenas de estudiantes. La gestión ante la Unidad Administrativa de Bienes Revertidos del Ministerio de Economía y Finanzas para que reasignara las instalaciones a la UMIP fue un verdadero forcejeo, que incluso tuvo que vencer las presiones del entonces gobernador de Florida, Jeff Bush, quien viajó a Panamá. Al final, se impuso el interés nacional, y en 2007 las partes firmaron la Resolución que materializó el traspaso. Hoy día en su sede, la UMIP se honra al distinguir a Carlos Ernesto González de la Lastra con el Doctorado Honoris Causa.

Periodista