Temas Especiales

06 de Mar de 2021

Eduardo L. Lamphrey R.

Columnistas

Panamá y el mundo frente a la COVID-19

"Es hora de que todos, sin intereses mezquinos, apoyemos el Pacto Nacional “Cerrando Brechas”, para transformar nuestra cruda realidad y poder brindarles a las próximas generaciones mejores caminos de progreso y democracia”

Mientras el mundo anda metido en una encrucijada global, la economía mundial tambalea, la vida de todos ha cambiado y aumenta la desigualdad, el desempleo y la hambruna; en Panamá, tratamos de enfrentar esta crisis a nuestra manera y con nuestra cruda realidad, diferente a Europa, África o Asia. Todos esperando, con desmedidas ansias, la vacuna milagrosa; no importa si es spunik V, las tres de Sinopharm de China Popular o las que conocemos y ya negociamos en Panamá, la Pfizer, bioNTech y Johnson & Johnson. La OMS afirma que hay 190 vacunas en proceso y de ellas 40 ya se están probando con humanos. Sin embargo, sigue muriendo gente y los rebrotes aumentan; mientras el confinamiento enferma la salud mental y reconstruye, para bien o para mal, valores, ética y todo lo concerniente a familia, individualidad, solidaridad y comunidad. Sin embargo, Europa incontrolable ante el embate de nuevos rebrotes, una población muy propensa a la COVID-19 y sin respuestas a la crisis total que los envuelve y los lleva al despeñadero. Norteamérica, aún saliendo de sus elecciones presidenciales, recrudece la cantidad diaria de infectados y muertos; aumentan los confinamientos, pero revienta la economía y la crisis se expande por los 50 estados y nubla el futuro de este débil imperio. Los asiáticos se atrincheraron y combaten, con fuerza y tesón, a la COVID-19; evitan rebrotes y consolidan sus economías, frenando el desempleo y reactivando su producción. Igual sucede con Rusia, han detenido la infección del coronavirus y poco a poco reactivan toda su economía.

Para Latinoamérica, todo es diferente, somos el experimento mundial frente a la crisis sanitaria global, reaccionamos diferente a todos, como también proponemos cosas diferentes al resto del mundo. Nuestra gente sale a las calles a pedir justicia, libertad, en contra del neoliberalismo, de los Gobiernos corruptos y violentos. Nuestros originarios y la juventud se unen y luchan por sus derechos; se replantea cambiar la plataforma constitucional, se exige mayor participación de los Gobiernos ante la pandemia, se exigen subsidios, comida, moratoria en los créditos, en los servicios públicos y seguridad. Sin embargo, se recrudece el desempleo, la violencia delincuencial, el narcotráfico, la corrupción y la violación de los derechos ciudadanos.

Para nosotros, encima de esta catástrofe mundial, tenemos serios problemas nacionales de desigualdad socioeconómica, de desempleo, de educación, con la tercera edad, salud; ante una economía que depende del comercio internacional que está débil y tratando de contextualizarse nuevamente. Aun así, a pesar de que el canal amortigua la crisis, que la educación es virtual, que la salud sigue imponiendo las reglas frente a la COVID-19 y el Gobierno, sin dinero, hace y deshace con la deuda, echamos para delante. Un Gobierno PRD que, agobiado por la sorpresa, afronta esta crisis mundial; que, con una oposición desmedida, sobre todo en los medios de comunicación y redes sociales, dando tumbos trata de reactivar la economía, pero sabe que esta COVID-19 se quedó en Panamá y posiblemente se regulará en el primer o segundo trimestre del 2021. Mientras tanto, se nos viene una seria crisis en enero y febrero, el Gobierno resistirá, con mucho esfuerzo y sacrificio, los rebrotes, las manifestaciones, la delincuencia, el narcotráfico y todas las explosiones sociales que exacerban las condiciones socioeconómicas que dinamiza la pandemia. Son problemas viejos que ahora se expresan contundentemente en nuestra realidad, tenemos una mala repartición de las riquezas y una contundente desigualdad social. Es hora de que todos, sin intereses mezquinos, apoyemos el Pacto Nacional “Cerrando Brechas”, para transformar nuestra cruda realidad y poder brindarles a las próximas generaciones mejores caminos de progreso y democracia. Solo así, podemos mirar el futuro con confianza, unidos y en paz.

Economista