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16 de Apr de 2021

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Pongamos nuestras barbas en remojo

“[…] sigue siendo de vital importancia que todos los ciudadanos cumplamos con nuestra parte, con renovada disciplina ciudadana, […]. De nosotros depende el éxito en el control de esta epidemia”

El llamado a “poner las barbas en remojo” proviene de un antiguo refrán, que recomienda que, cuando ves que algo acontece a tu alrededor, lo mismo te puede pasar a ti, así que debes estar preparado o tratar de evitarlo. Tiene mucho que ver con el control de la epidemia de COVID-19 en Panamá, pues, no son pocos los países, tanto en Europa como en América, en los que la epidemia, que parecía controlada, está retomando fuerzas y provoca una tercera ola de casos y defunciones.

En Panamá, hemos avanzado de manera importante, producto del esfuerzo institucional y el compromiso de la inmensa mayoría de la población, y nos encontramos en la misma situación de aparente control en la que se encontraban hace unas semanas los países europeos y algunos de América. No obstante, hago un llamado a mantener la intensidad de nuestra respuesta, pues esos países descuidaron el cumplimiento de las recomendaciones, y hoy se ven desbordados por el incremento de casos, y forzados a implementar un enfoque más restrictivo para las medidas sociales y de salud pública.

No podemos bajar la guardia, porque desde hace diez semanas mantengamos un reporte diario de casos y defunciones con una clara tendencia al descenso, la cual alcanzó el esperanzador promedio semanal por millón de habitantes, de 720.4 casos y tan solo 13.0 defunciones, la semana que terminó el sábado 20 de marzo. Debe ser motivo de inquietud y acción, la preocupante meseta que presentamos desde hace cinco semanas, pues ese estancamiento puede anteceder a un repunte de casos. El Gobierno debe estar alerta frente al riesgo de esta “meseta”, mantener un intenso programa de comunicación social para redoblar el compromiso de la población con las medidas de bioseguridad que conocemos. No es la hora de quitarnos las máscaras y abrazarnos.

Tampoco podemos sentirnos confiados porque estamos acercándonos al anhelado 5 % de pruebas de laboratorio positivas, pues hemos disminuido la cifra de pruebas que realizamos diariamente, pasando de 14 mil diarias la semana del 10 de enero a 8 mil diarias la semana pasada. Esa disminución de casi el 50 % en las pruebas, nos impide conocer el porcentaje real de personas que pueden estar positivas, esparciendo el virus sin saberlo. Además, mantenemos conglomerados de casos, especialmente en el interior del país, donde se mantiene una elevada presencia y transmisión del virus. Es obligatorio incrementar (al doble) la realización de pruebas diarias, a fin de concentrar nuestras intervenciones allí donde sea más importante.

Por otro lado, aunque llevamos a cabo un exitoso programa de vacunación, el cual nos ha permitido aplicar, desde el 20 de enero pasado, 309 324 dosis de la vacuna COVID-19 a nivel nacional; siempre dependeremos de que los productores cumplan con su parte y se mantenga el envío de las vacunas que necesitamos para vacunar lo antes posible a los 3 millones de panameños necesarios para alcanzar la inmunidad de rebaño que frene la circulación del virus y evite la aparición de mutaciones. En ese sentido el Gobierno está llevando a cabo las acciones bilaterales y multilaterales necesarias para garantizar el acceso a los biológicos necesarios. Nos toca aceptar la vacuna y vacunarnos.

Sobre la necesidad de no bajar la guardia, la OMS advirtió hace dos meses, cuando quedó claro que la variante del Reino Unido circulaba en la mayor parte de Europa, que, “una vez que se convierta en dominante, puede afectar la curva de la epidemia en general y llevar a la necesidad de un enfoque más restrictivo para las medidas sociales y de salud pública que deben implementarse para que las tasas de transmisión puedan disminuir”.

Panamá, por su condición de “puente del mundo”, está abierto a la llegada de viajeros de todas las latitudes, lo cual representa a la vez una ventaja económica, social y cultural, y un mayor riesgo de recibir las temidas variantes de Europa y Brasil. No hay duda de que debemos permanecer abiertos, pero debemos intensificar la vigilancia genómica, así como la trazabilidad a viajeros, y fortalecer la vigilancia centinela.

Por su parte, el renombrado científico, Anthony Fauci, refiriéndose a EUA, pero claramente aplicable a nuestro país, advierte que “la fase actual de la pandemia de COVID-19, donde las nuevas infecciones diarias se han estabilizado, no es un buen lugar para estar”, pues el estancamiento de los casos representa un alto riego de que vuelva a resurgir, subrayando que “lo hemos visto con oleadas anteriores". Por esa razón, el científico instó a las personas a "aguantar un poco más" con restricciones destinadas a mitigar la propagación de COVID-19 para que el programa de vacunación realmente pueda afianzarse y, por lo tanto, reducir la posibilidad de otro aumento.

Finalmente, sigue siendo de vital importancia que todos los ciudadanos cumplamos con nuestra parte, con renovada disciplina ciudadana, evitando caer en la llamada fatiga pandémica y el jolgorio desenfrenado que nos caracteriza cada vez que tenemos una fecha de celebración. De nosotros depende el éxito en el control de esta epidemia.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).