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07 de May de 2021

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

El asesinato de Remón: a 66 años de impunidad

“Han pasado más de dos generaciones desde el crimen del presidente Remón. En el camino, ha quedado demostrado cómo la falta de justicia ha afectado la estabilidad de nuestro país”

Luego de 40 años, Estados Unidos desempolvó algunos archivos del general Torrijos. Allí nos enteramos de que, cuando era teniente de la Guardia Nacional, la CIA le pagaba $25 al mes, unos $300 al valor adquisitivo actual. Cuando ascendió a mayor, recibió $300, unos $850 hoy en día. Como me aseguró un amigo PRD, eran tiempos en que, si no aceptabas lo que te ofrecían los gringos, eras comunista. Si no andabas con mujeres, eras del otro lado.

Lo curioso de esas revelaciones, es que, después de 66 años, la Casa Blanca no ha desclasificado información con detalles del magnicidio del presidente José Antonio Remón Cantera, ocurrido el 2 de enero de 1955. Quizás eso se deba al grave involucramiento que los Estados Unidos tuvieron en ese magnicidio y que ella se considere material que afecta su seguridad nacional.

Circuló información que confirmaba que el entonces vicepresidente Richard Nixon había participado en la planeación del crimen, por el interés de Washington de deshacerse del coronel Remón. Pero ¿quién mató a Remón aquel ventoso anochecer de verano, mientras celebraba el triunfo de uno de sus caballos, Valley Star, en el desaparecido hipódromo Juan Franco? ¿Qué mano negra tuvieron los policías de entonces, los políticos criollos y los intereses de Estados Unidos en acabar con Remón y, en el camino, quitar al presidente que lo reemplazó, el primer vicepresidente José Ramón Guizado, acusándolo de ser cómplice del crimen, a sabiendas de que no lo era? ¿Qué jugarreta se tramó para colocar al segundo vicepresidente Ricardo Manuel Arias Espinosa como presidente y qué papel en el crimen, o en la tapadera que se dio después, jugaron la viuda Cecilia Pinel de Remón y Alejandro “Toto” Remón, hermano de la víctima? Tras más de 66 años de ese magnicidio, todo a su alrededor sigue sellado con un manto de impunidad.

Eran “vox populi” los numerosos negocios turbios administrados por las fuerzas policiales y de seguridad, tales como prostitución, contrabando, evasión fiscal, juego ilegal y narcotráfico. Actividades todas conocidas, ya que, antes de ser electo, Remón había sido por muchos años jefe de la Guardia Nacional.

Todo indica que Remón había decidido pararse firme frente a los carteles del narcotráfico de entonces y que había incautado un cargamento al mafioso Lucky Luciano. Según se especuló, la mafia había ayudado al ejército gringo cuando los aliados, dirigidos por el general Ike Eisenhower -quien fue presidente de Estados Unidos entre 1953 y 1961- llegaron a las costas italianas. Ese gran favor nunca fue olvidado. Por eso la decisión de ejecutar a Remón, unido al interés de oficiales de la Guardia Nacional de continuar con los negocios turbios, obstaculizados desde la Presidencia de la República. Además, para la clase política, con tanto poder, Remón pretendía perpetuarse como su amigo Somoza en Nicaragua.

En esa conjugación de voluntades es que se suma la viuda, Cecilia Pinel, extrañamente no presente en Panamá ese Año Nuevo, y su hermano Toto Remón, a quien el mandatario no ayudó para obtener un préstamo por $450 000 del Banco Nacional de Panamá para un negocio personal.

Guizado, un buen hombre y su socio y amigo Rodolfo Saint Malo, fueron injustamente involucrados en el crimen, simplemente para sacarlos del camino y dar espacios al grupo de conspiradores. En la trama para hacerse del poder, aprovechándose del asesinato, los políticos fueron dirigidos por Catalino Arrocha Graell, flamante ministro de Gobierno y Justicia de Remón.

Testigos del hecho fueron asesinados. Ese fue el caso de Danilo Souza Moreira, quien fue llevado en una patrulla, herido de un balazo, al hospital Santo Tomás. Llegó muerto y con tres orificios de bala en el cuerpo. En la patrulla, vista en un taller donde le taparon las perforaciones de bala, era conducida por Timoteo Meléndez, uno de los más temidos jefes policiales de la época.

El médico forense y criminólogo de nacionalidad cubano Israel Castellanos, que Guizado había solicitado a Cuba, fue sacado del país para que no investigara más. A Irving Martin Lipstein, un estadounidense sospechoso, que había llegado al país el mismo 2 de enero, a pesar de que las pruebas de nitrato indicaban que había manipulado armas de fuego, supuestamente por petición de la embajada gringa, fue liberado y abandonó el país de inmediato.

El préstamo que solicitaba el hermano del presidente le fue concedido sin problemas y fue nombrado ministro de Gobierno y Justicia. Supuestamente ese préstamo nunca fue cancelado. A la viuda la designaron como ministra de Salud Pública y Previsión Social.

Tras el golpe de Estado de 1968, Toto Remón fue nombrado embajador de Panamá en México y fue protagonista del retorno de Torrijos a Panamá el 16 de diciembre de 1969, cuando colegas suyos le dieron un golpe mientras asistía a un evento hípico internacional en México.

Han pasado más de dos generaciones desde el crimen del presidente Remón. En el camino, ha quedado demostrado cómo la falta de justicia ha afectado la estabilidad de nuestro país. Solo basta pensar que, en 66 años, no hemos podido condenar a nadie por el asesinato de Remón y quienes murieron en ese sangriento hecho. No hay que ser ciego para no percatarse de que el problema de la falta de justicia en Panamá no es nada nuevo. Sobre todo, si los implicados tienen el poder político y económico. Es lamentable que estos episodios históricos no los enseñen en la escuela.

Analista político.