15 de Oct de 2021

Columnistas

La ley del cáñamo es prioritaria y vital

“Señores diputados, no esperen más. Aprueben la ley del cáñamo y empecemos pronto con el plan piloto […], precisamente para promover un nivel de biomasa de cáñamo aceptable, sostenible y confiable, y atraer la inversión local y extranjera […]”

Desde el 19 de octubre del 2019 se encuentra en espera de discusión para su primer debate, en la Comisión de Comercio de la Asamblea Nacional, el Proyecto de Ley No. 323, “Por el cual se promueve el desarrollo de la Agroindustria del Cáñamo para Impulsar el Sector Agropecuario Nacional”. La aprobación de esta ley fue catalogada como prioritaria y vital para la reactivación económica del país por la Comisión, confirmada por miembros el Sector Público y Privado para la Reactivación Económica, en mayo del 2020.

El Proyecto de Ley ya cuenta con el apoyo del sector agropecuario, de la Presidencia de la República, del MIDA, del MICI y de varios diputados, como Kayra Harding, quien la presentó en octubre 2019. A pesar de los múltiples llamados que han hecho sectores productivos del país sobre los beneficios que traería para el país este tipo de cultivo, han pasado 24 meses y nadie conoce las razones de esta espera.

Para entender este tema, lo primero es tener presente que el cáñamo no es marihuana. Es considerado un cultivo de “cannabis sativa”, que contiene menos de 0.5 % de THC, tetrahidrocannabinol, el principal compuesto psicoactivo de la planta. La marihuana tiene más de 3 % de TCH. El cáñamo genera cinco subproductos: fibra, biomasa, flor, granos y semillas, siendo la flor la más atractiva por su valor en la extracción de CBD, “cannabidiol”, sustancia con un enorme potencial para el uso médico.

Además, el cáñamo es una planta muy versátil con cientos de aplicaciones y beneficios. Cada hectárea de cáñamo absorbe del aire entre 20 y 30 toneladas de CO2 por año, y una vez cosechado, cada tonelada de cáñamo fijará en sus tejidos otros 325 kilos de dióxido de carbono. La agricultura está entre las industrias que más CO2 generan, se calcula que aporta hasta 12.5 % del dióxido de carbono emitido por actividades humanas, que se traduce en miles de millones de toneladas.

El cáñamo también combate a la deforestación. Actualmente, 42 % de la madera talada a nivel mundial es usada para fabricar las más de 420 millones de toneladas de papel que consumimos en todo el planeta. El papel de cáñamo es el sustituto ideal, mientras un árbol puede tardar décadas en crecer, el “cannabis” está listo en 120 días, además, una hectárea de esta planta producirá cuatro veces más material para papel que un área similar llena de árboles.

También el cáñamo ayuda a la regeneración del medio ambiente, al favorecer la limpieza de suelos contaminados y contribuir a la eliminación de los metales pesados de la tierra. Más del 60 % de los nutrientes que toma de la tierra durante su crecimiento y desarrollo los devuelve al suelo.

Como todo desarrollo agroindustrial, la producción de cáñamo generaría nuevos puestos de trabajo, nuevas empresas y nuevos impuestos el fisco. De esa forma, se pondría en marcha una cadena de valor en la que entran emprendedores, agricultores, investigadores e ingenieros, entre otros. Todo lo que tenga que ver con el agro, dinamiza la economía y el cáñamo no es la excepción. Falta ahora que los diputados legislen y apoyen con la razón estas iniciativas con medidas y leyes que favorezcan al sector primario.

Sabemos de muchos países que han prohibido completamente el cultivo de cáñamo y muchos más que tienen marcos regulatorios limitados, creando una serie de barreras y dificultades para el desarrollo de la industria.

Lamentablemente, son muchas las personas ignorantes en este tema del cáñamo, cuyos prejuicios lo único que causan es que se detenga el desarrollo de lo que podría ser un gran impulsador para la economía nacional, algo muy necesario en estos tiempos de pandemia, contracción y desempleos.

La verdad es que el cáñamo lo tiene todo: absorción de CO2, materiales resistentes y sostenibles, facilidad y velocidad de cultivo, mercado y empleos. Solo le falta una ley que permita desplegar todo su potencial como el cultivo maravilla que es. El desarrollo agroindustrial del cáñamo catapultaría al campo panameño y lo ayudaría a posicionarse con una agricultura de alta tecnología, promoviendo el uso de la genética apropiada, utilización efectiva de suelos y aprovechamiento de recursos disponibles, todo con el fin de maximizar la producción agrícola nacional.

Señores diputados, no esperen más. Aprueben la ley del cáñamo y empecemos pronto con el plan piloto que está resumido en el proyecto de ley, precisamente para promover un nivel de biomasa de cáñamo aceptable, sostenible y confiable, y atraer la inversión local y extranjera y desarrollar así una industria pujante que ya en otros países está dando sus frutos.

Empresario

***