01 de Dic de 2021

Columnistas

Se comieron el ñame 'pata de tigre'

“Duele que Panamá, con tantos problemas en educación, tenga que costear estos bodrios”

Se cumplen dos años de que no consigo el ñame “pata de tigre”, maravillosa clase de tubérculo darienita con que mi suegra, Lucía Muñoz (que en paz descanse, esa belleza de la isla del Rey), me consentía algunos viernes con un plato de ñame, bacalao con corí indostán y tajadas de plátano maduro. No quiero pensar que los más de 33 000 migrantes que han pasado por Darién, en lo que va del 2021, no coman bien antes de salir de Capurganá (municipio colombiano) y me preocupa la situación, porque pueda que ellos se hayan comido mi parte.

Lo cierto es que estos aventureros empatan a los argentinos como los mayores quejumbrosos del mundo, se quejan hasta del sabor del agua potable, pese a que en sus países de donde salen desesperados con una mano atrás y otra adelante, es escasa. Para mí y pueda que me equivoque, el 100 % de estos maltratados por sus Gobiernos fallidos no está preparado para el Tapón del Darién. Por ejemplo: si no me equivoco, los cubanos y haitianos que están huyendo inconformes de la miseria, es muy posible que en cuanto a conocimientos de serranías, ríos y pueblos remotos están condenados por la misma actitud que la mayoría de los citadinos de Panamá y Colón. Yo me he topado en la ciudad de Panamá con personas mayores de 60 años que no conocen siquiera La Chorrera. En la ciudad de Colón es peor…, pues, muchos jamás han salido de las avenidas construidas desde cuando se llamó a Colón Aspinwell, la “tacita de oro”. De manera que difícilmente personas con ese tipo de sedentarismo les sea fácil cruzar esa partecita de Darién que no es tan tenebrosa como la pintan.

Los caribeños le temen al Darién por las mentiras que han pegado los de siempre, aseverando que existen leones y serpientes enormes, capaces de tragarse de un solo bocado a la migrante más nalgona que reaparezca por esas zonas selváticas de DS. Los rugidos que se escuchan en las noches no son de leones, se trata de los inofensivos monos cun cun, que mientras se acomodan para dormir en las copas de los árboles emiten sonidos más fuertes que los que daba el león de la cinemascope en los mejores tiempos de Hollywood.

El temor a los ríos es otra calumnia contra Darién, propagada con mucha malicia, pues ninguno de los migrantes pasa jamás ni por el caudaloso Tuira ni por su afluente el Chucunaque, a ellos les toca llegar al riachuelo de Metetí, algo parecido a los pequeños ríos de Cuba y Haití: Toa y Bonité, respectivamente, ante los cuales ni cubanos ni haitianos hoy en fuga tampoco visitaron en el periplo de sus sufridas vidas mientras vegetaron en sus países.

Miren, el Metetí no es peligroso, para muestra un botón, si una persona con la contextura de Robinson, El Toro o Beteta se tira de barriga en el Metetí, seguro que desplazará toda el agua y matará por centenares tanto a chogorros como a parivivos, otra cosa sería el Tuira, el Chucunaque o parte del Atrato que nos toca.

Otra superchería más creíble contra la parte menos hostil de la serranía del Darién, es cuando se le presenta como la habitación del demonio con picos altísimos y senderos resbalosos cercados con tejidos de bejucos espinosos. Ante esta situación necesito decirles que ni, aunque esos desafortunados migrantes hubiesen ido al Morné la sellé en Haití o al Pico Turquino en Cuba a practicar para caminar por el Darién, no les hubiese servido de preparación, porque allá en esas zonas de vida de sus pueblos no quedan ni avispas busca piojos ni alacranes. Si acaso un puñado de sapos, alacranes y sabandijas de poco valor científico. Duele que Panamá, con tantos problemas en educación, tenga que costear estos bodrios.

Economista, escritor costumbrista.

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