28 de Nov de 2021

Columnistas

Pensamiento crítico: arma letal para la empresa

“A pesar de su doble filo, las organizaciones, sean privadas o públicas, no deben privar el desarrollo del pensamiento crítico o sujetarlo a una conveniencia o fin particular”

¿El pensamiento crítico es una habilidad o una amenaza para la empresa? El fenómeno de la globalización ha provocado que las empresas cambien sus modelos de negocios, para poder subsistir en un mundo más competitivo. Los grandes gurúes empresariales recomiendan que, para obtener grandes ganancias, se necesitan: procesos ágiles, personal capacitado y mantener la calidad en los servicios o productos. Además, destacan que el capital humano debe tener unas series de características o las llamadas, en el argot organizacional, “soft skills”: inteligencia emocional, toma de decisiones, creatividad y pensamiento crítico.

Al pensamiento crítico se le define como un proceso orientado a analizar y crear soluciones creativas frente a las situaciones que se presenten como una oportunidad o una dificultad dentro de una empresa. Algunos expertos señalan que este proceso no permite caer bajo las influencias de prejuicios y emociones.

Sin embargo, en un mundo, cuyas leyes universales están sometidas a: organigramas, políticas, normas, códigos de ética, procesos, métricas e indicadores, el razonamiento, en ciertas ocasiones, puede generar una gran ventaja para las tomas de decisiones, al igual que una rebeldía ante situaciones que comprometen la armonía en la relación contractual.

Si el colaborador se enfrenta a una decisión que puede generar una ganancia sustancial de dividendos y que le permita posicionar a la empresa por encima de sus competidores, será, dependiendo de la organización, galardonado e inclusive promovido a una nueva posición. Por lo tanto, el pensamiento crítico se convertirá en un arma filosa para la toma de decisiones. Por otro lado, si el colaborador afronta los siguientes escenarios: en el primero descubre que su líder manipula información sensitiva para su beneficio, mientras que en el segundo escenario la empresa toma la decisión arbitrariamente de no pagar las horas extras trabajadas.

Al reflexionar sobre ambos escenarios, decide, según sus principios, emprender el viaje sin retorno, utilizando como únicos combustibles el conocimiento y la valentía para hacerle frente a la situación. Esto provocará que su pensamiento crítico sea una amenaza, por el hecho de atentar, en primera instancia, contra el “Organigrama o Estructura Organizacional”. Mientras que en el segundo caso atentará contra la “Política” de la empresa.

¿Qué ocurriría si, al denunciarlo, el líder lo ve como un acto de rebeldía y falta de profesionalismo? ¿O si es catalogado como un colaborador que no tiene un compromiso real con la organización? Simplemente, se le solicitará al colaborador seguir las órdenes y suprimir sus reflexiones para evitar penalizaciones o perder la plaza laboral.

A pesar de su doble filo, las organizaciones, sean privadas o públicas, no deben privar el desarrollo del pensamiento crítico o sujetarlo a una conveniencia o fin particular. De hecho, el pensar críticamente es una muestra de nuestra humanidad que, en ciertas ocasiones y por temor, ha sido reemplazada por una naturaleza mecanicista, que solo se limita a seguir órdenes y actuar sin cuestionar.

Ingeniero industrial. Estudiante de Filosofía, Ética y Valores.

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