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20 de Ene de 2022

Columnistas

Fundación El Árbol del Libro

“[…] se nos entregan los documentos que certifican que la Fundación El Árbol del Libro tiene personería jurídica y que tiene capacidad de adquirir derechos y obligaciones”

Quienes hemos pasado por la experiencia de crear una fundación, sabemos que esta es una carrera de resistencia y no de velocidad, y que en ese esfuerzo algunos desmayan y abandonan la idea, por toda la tramitología que involucra este proceso.

En el caso de esta fundación, el proceso se vio interrumpido por la pandemia, cuando los documentos estaban en el Ministerio de Gobierno, se paraliza el procedimiento por razones obvias, la cual entendíamos. Cuando se reanudan los trámites, nuestro abogado atendió todas las observaciones del ministerio, algunas de fondo, pero la mayoría de forma y luego se nos expide la resolución, donde el Ministerio de Gobierno nos dice que cumplimos con todos los requisitos.

Con esta resolución, vamos a la notaría que avala la resolución para que esta pueda ser presentada al Registro Público, y esta nos hace una serie de observaciones, lo que nos dejó entrever que el documento que nos entregó el Ministerio de Gobierno había que subsanarlo. El Mingob aduce que algunas de las observaciones del Registro Público no tenían fundamento, mientras tanto, quien está en el medio sufre por la falta de unidad de criterios entre ambas instituciones; pero, al final, se hicieron las correcciones que señaló el Registro Público.

Luego de estas correcciones, hay que esperar que el Mingob cumpla con el proceso interno de revisión de estos documentos, y se nos entrega la documentación, que subsana las observaciones del Registro Público, las cuales debemos llevar nuevamente a notarizar y luego presentarla al Registro Público, donde cruzábamos los dedos para que no hubiese más nada que subsanar.

Al final, se nos entregan los documentos que certifican que la Fundación El Árbol del Libro tiene personería jurídica y que tiene capacidad de adquirir derechos y obligaciones. Todo este procedimiento incluye una inversión de tiempo y dinero y por supuesto, una gran dosis de paciencia, porque estuvimos a punto de desfallecer en ese intento de lograr la personería jurídica, pero, gracias a Dios, lo logramos y a partir de este momento comenzamos una nueva etapa, a formalizar algunas tareas que ya habíamos iniciado, como son un convenio con el Departamento de Cultura del Metro de Medellín, Colombia, con empresas editoras, que nos apoyarán en la edición de libros, para todo aquel que desee contar su historia o tenga unos saberes que desee compartir.

Hemos recibido muchas voces de aliento en este proyecto, los académicos de la Universidad de Panamá, quienes nos avalaron esta propuesta y que, cuando les explicaba los objetivos de la fundación, nos decían, “ya no nos siga explicando, es suficiente, esto ha de crear una revolución cultural en Panamá, hay que promover la lectura, para que el lector pueda llegar hasta donde su imaginación se lo permita”.

A la Universidad Tecnológica Oteima, que desde su primer momento apoyó el proyecto y en sus instalaciones hay un árbol simbólico del Árbol del Libro y que nos ha reiterado su disponibilidad de seguir respaldándonos, porque lo que necesitamos es sumar voluntades para crear un ambiente cultural, donde todos nos podamos enriquecer, donde logremos recrearnos con tertulias, conversatorios, presentación de libros, cuentacuentos y que sea una ventana abierta donde todos puedan exponer sus saberes.

Ahora nos corresponde poner en marcha ese portafolio de sueños, de convertir ideas en realidad y que podamos poner al alcance de todos un libro, sin restricciones de ninguna naturaleza y que ese árbol, comience a crecer, a dar sus frutos y que, en todos los espacios abiertos, podemos tener un árbol, donde podamos hacer un ambiente cultural, con presentación de libros, tertulias, conversatorios, círculo de lectores y todo aquel que desee exponer sus saberes, lo haga debajo de la cobija del Árbol del Libro.

Presidente de la Fundación El Árbol del Libro.