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27 de Ene de 2022

Columnistas

Necesitamos un sistema de salud resiliente

“Cerca del 20 % de nuestra población sufre condiciones de pobreza multidimensional y necesita obligatoriamente de un financiamiento público permanente para la salud, […]”

Al inicio de la actual administración, manifesté que estábamos en el momento propicio para aprovechar las fortalezas internas del sistema y las oportunidades externas para desarrollar el sistema público de salud. También subrayé y lo reitero hoy, que, además, contamos con un gran acervo bibliográfico y experiencia nacional acumulada para desarrollar la transformación y hacer de nuestro sistema de salud uno resiliente. No contábamos con que llegara un nuevo coronavirus, ocasionara la grave pandemia que venimos padeciendo y pusiera en pausa muchos de nuestros sueños.

No obstante, hoy, próximos a comenzar el tercer año de pandemia, hemos avanzado, y podemos, sin desatender las medidas para controlar la epidemia, enfocarnos en la transformación pendiente de nuestro sistema de salud. No será tarea sencilla, pues es muy probable que este complejo escenario epidemiológico, económico y social, sumado a las deficiencias de larga data de nuestro sistema de salud, que las tenemos, haya socavado nuestra capacidad para capitalizar esas fortalezas, acabar con la segmentación y fragmentación que afecta nuestro sistema de salud, convirtiéndolo en un sistema que tenga la capacidad de adaptar su actividad, a fin de mantener su funcionalidad básica cuando se producen dificultades, fallas y cambios en el entorno y, lo más importante, avanzar hacia el acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud.

En ese sentido, como acordamos en el pasado 59.° Consejo Directivo de OPS, este año, necesitamos comenzar la transformación abordando una amplia gama de cuestiones estructurales e institucionales; en particular, algunas capacidades y medidas específicas para aumentar la resiliencia. Con este fin, es más importante que nunca acelerar la aplicación de un enfoque de atención primaria de salud. Este enfoque aborda las necesidades de las personas, las familias y las comunidades en el lugar donde viven por medio de una atención integral e integrada de calidad. Depende de un proceso continuo de servicios que van desde la promoción de la salud y la prevención de enfermedades (con la mejora de los servicios de agua, saneamiento e higiene, la prevención y el control de infecciones, y la vacunación) hasta el tamizaje, el diagnóstico temprano, el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados de apoyo. También requiere medidas para abordar los determinantes sociales, ambientales y económicos de la salud a lo largo del curso de vida.

Fundamental y obligatorio será fortalecer el liderazgo, la rectoría y la gobernanza mediante un énfasis renovado en las funciones esenciales de salud pública, en especial el fortalecimiento de la capacidad de nuestras autoridades de Salud, para evaluar y hacer el seguimiento del estado de salud de las comunidades, la equidad y las barreras de acceso, los determinantes sociales, ambientales y económicos de la salud y el desempeño de los sistemas de salud.

En fin, necesitamos un enfoque de todo el Gobierno y toda la sociedad para mejorar la capacidad en el ámbito de la salud pública y diseñar y fortalecer estructuras institucionales que puedan coordinar diferentes intervenciones y programas de salud pública en todos los sectores. Esto requiere colaboración y coordinación intersectoriales bajo la rectoría y el liderazgo de las autoridades de Salud.

No menos importante es robustecer la capacidad de resolución de nuestras redes de servicios de salud para asegurar el acceso universal y equitativo a todas las intervenciones de salud pública, entre ellas los servicios de salud individuales, comunitarios y poblacionales. No olvidemos que la capacidad para mantener un nivel básico de servicios de salud preventivos y habituales, incluidos los relacionados con los programas prioritarios, y ampliar a mayor escala algunos servicios específicos en caso de una emergencia de salud pública, dependerá de la capacidad resolutiva de toda la red, incluidos el primer nivel de atención y los servicios especializados.

Especial atención deberemos prestarle al fortalecimiento de la gobernanza de nuestro sistema de salud con una mejora de la gestión y la coordinación para superar la fragmentación de la prestación de los servicios, a fin de aprovechar la capacidad de todos los subsistemas y sectores (público y privado). Para eso es necesario aumentar la capacidad de gestión de las redes de salud, los servicios auxiliares, la infraestructura crítica y el transporte.

Será también imperativo sostener el financiamiento público para la salud y la protección social, incluidas las medidas encaminadas a abordar los determinantes sociales, ambientales y económicos de la salud. Los esfuerzos para avanzar hacia la asignación sostenida del 6 % del PIB al gasto público en salud, como punto de referencia, junto con la eliminación de los pagos directos que constituyen una barrera de acceso, son más necesarios que nunca. Cerca del 20 % de nuestra población sufre condiciones de pobreza multidimensional y necesita obligatoriamente de un financiamiento público permanente para la salud, que propicie la transformación de los sistemas de salud, la mejora de la resiliencia y la recuperación del terreno perdido en los índices de salud y desarrollo.

Finalmente, hago votos para que, una vez que el presidente conforme la comisión que le dará seguimiento a los acuerdos alcanzados en el Pacto del Bicentenario para cerrar brechas, los lineamientos estratégicos arriba señalados sean orientadores del quehacer de los nuevos comisionados.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).