26 de Nov de 2022

Columnistas

Exportar frutas tropicales, opción pospandemia

“Existen leyes de incentivos a la reconversión y producción agropecuaria suficientes […]”

Las expectativas al adherirnos a la OMC en 1997, mediante el Acuerdo de Marrakech y los TLC con EUA, la Unión Europea, y Centroamérica; sin haber adecuado tecnológicamente y con créditos al productor nacional para que fuera eficiente y competitivo en esos nuevos mercados es la causa principal del abandono de la agricultura tradicional por los campesinos e indígenas panameños para irse a vivir a las áreas adyacentes al Canal o región de tránsito; incrementando, como consecuencia, al 50 % ( 2 millones de habitantes) el consumo humano del agua de los reservorios para el fruncimiento de dicha vía; generando la principal debilidad, al mediano plazo del Canal. Los lagos Gatún y Alajuela, fueron considerados por los constructores del Canal como parte de él, para asegurar su funcionamiento a base de agua dulce. El río Chagres, principal aportador de agua, ha disminuido su caudal histórico en 20 %, según la ACP.

La pandemia de la COVID-19, ha permitido a estas alturas, y permitirá a futuro, cambios fundamentales en todas las actividades de la humanidad. La producción agroalimentaria no se escapa de ello. La importancia de la conectividad marítima, aérea y terrestre de nuestro país se ha demostrado.

Nuestra condición de país tropical con esa conectividad, soporte del reconocido mundialmente Hub logístico, ha exacerbado nuestra ventaja comparativa en los mercados especializados de frutas de Estados Unidos, Europa, China Popular, Corea del Sur y otros países asiáticos, para enviarles, por vía marítima, aérea y terrestre, frutas tropicales, como piña, aguacates, mangos, bananos, papayas, guayabas y guanábanas que se cultiven con tecnologías de punta y orgánicas. En esos países, cuyo incremento del consumo de esas frutas, sostenido, anual, según la FAO, ¡es del 8 %!

Las tierras comarcales representan el 22 % del territorio nacional: 1 millón 670 mil hectáreas, según Anati, y conforme a su respectiva Ley que las crea. En su mayoría con gran vocación para cultivar esos frutales que a la vez reforestan y se logra impactar económicamente, donde el MEF ubica nuestros bolsones de pobreza y pobreza extrema.

Condición que nos ubica entre los seis (6) países más desiguales económicamente del planeta.

Existen leyes de incentivos a la reconversión y producción agropecuaria suficientes -entre ellas: Ley 98 de 9 de octubre de 2019, que adecua al FECI; Ley 105 de noviembre de 2013, que crea el Programa para la Promoción y Modernización Agroalimentaria; Ley 25 de 2001, de transformación agropecuaria-, que, aplicadas oportuna y responsablemente, con la asignación puntual de los recursos presupuestarios correspondientes, estamos seguros de que se aprovecharán esos mercados existentes y nuestra vocación agropecuaria.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), sobre nuestra agricultura, ha recomendado siempre actuar como país tropical, explotar esa condición, no tratar de producir rubros de climas templados; igual ellos, no producir productos tropicales, como las frutas. Es lo que se denomina agricultura de precisión.

(*) Veterinario, ex ministro Desarrollo Agropecuario, legislador de la República.