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24 de May de 2022

Columnistas

El libro de Wendy Tribaldos sobre el 9 de Enero

“[…] para quienes son profesionales de la historia y quienes somos meros aficionados a ella, la invitación de Wendy es a la vez bienvenida y tentadora, aunque a muchos les pueda parecer imposible, inútil o extemporánea”

Leí el libro de Wendy Tribaldos, “El 9 de Enero de 1964, lo que no me contaron”, donde la autora hace un esfuerzo encomiable por agotar las fuentes de información sobre esta fecha histórica y donde invita, después de haber logrado el 31 de diciembre de 1999 la recuperación de la soberanía en todo nuestro territorio y la administración del Canal de Panamá, a revisar esos acontecimientos a través de un debate objetivo, sin apasionamientos, con el propósito de buscar una versión más equilibrada y cónsona con la verdad de los hechos.

La autora hace un excelente trabajo para repasar y analizar los acontecimientos del 9 de Enero en función de sus antecedentes, sus causas y sus consecuencias, pero también nos pone en contacto con todos los protagonistas de los hechos en una cronología que, además de ser un ejercicio de memoria para recordar nombres, lugares y fechas, incluye una invaluable bibliografía de registros, fotografías, documentos, libros, testimonios y filmaciones.

Wendy nos expone a las versiones de los Estados Unidos de América y de la República de Panamá sobre los acontecimientos del 9 de Enero de 1964, un camino que si bien permitiría estudiar los hechos desde perspectivas diferentes, también pudieran abrir nuevamente los sentimientos que giran alrededor de la fecha y sus raíces, incluyendo las mentiras, la tergiversación de los hechos y la manipulación de la información, elementos que generaron la desconfianza de Panamá hacia los Estados Unidos, antes, durante y después de las fechas señaladas.

En el libro podemos percatarnos del peso que tuvo el “anticomunismo” de los diferentes Gobiernos norteamericanos y cómo este factor influyó para que los dirigentes de ese país se vieran impedidos para entender la justeza de las aspiraciones de Panamá en torno a la Zona del Canal y el Canal, lo mismo que las manifestaciones de los dirigentes estudiantiles y el pueblo panameño al demandar el ejercicio de su jurisdicción en todo su territorio como país soberano y exigir ser los dueños de su propio destino. En ese momento cualquier disensión se relacionaba con Cuba y se tildaba de comunista.

Por otro lado, el libro menciona el poder que tenían los residentes de la Zona del Canal a través de los Consejos Cívicos y la debilidad manifiesta de los gobernadores para hacer cumplir los pactos firmados para izar la bandera panameña en ciertas áreas civiles de la Zona. Esos dos factores fueron trascendentales y, a diferencia de lo ocurrido en Panamá, sirvieron para que los alumnos del Balboa High School fueran el vehículo de los “zonians” para vomitar el odio que le tenían a su Gobierno y a la idea de que Panamá fuera soberana en la Zona del Canal.

Si la bandera del Instituto Nacional estaba ya raída o debilitada, si tenía ojales para ser izada en un asta, si fue destrozada por la intervención de los policías de la Zona con sus toletes, si se desgarró por la caída de los institutores que la sostenían o si se rasgó por los empujones de los estudiantes y demás civiles que se encontraban en el sitio, son a mi juicio puntos totalmente circunstanciales. Nada justificaba lo sucedido en esa fecha cuando Panamá fue burlada y agredida, si no con premeditación, ciertamente con ventaja y alevosía, con un despliegue de fuerza asimétrica, donde nuestro país puso en la calle los muertos y los heridos como parte de la indignación y la protesta de su pueblo.

Sin embargo, la revisión de la historia puede resultar un ejercicio extremadamente impreciso. En primer lugar, porque se hace una disección de un evento pasado fuera del contexto en el que ocurrieron los hechos, no importa cuánta información exista. En segundo lugar, porque la historia de los países y sus pueblos está construida sobre la base de subjetividades en función de los intereses y sesgos de quienes la protagonizaron, de quienes la escribieron y de los deseos de la colectividad por los resultados. Tercero, sin que eso la demerite, la historia, como disciplina, si bien estudia el comportamiento de la humanidad, muchas veces se nutre de la cultura de los pueblos e incorpora mitos, leyendas, fábulas y alegorías como elementos esenciales para construir la narrativa de los sucesos.

Aun así, estoy seguro de que para quienes son profesionales de la historia y quienes somos meros aficionados a ella, la invitación de Wendy es a la vez bienvenida y tentadora, aunque a muchos les pueda parecer imposible, inútil o extemporánea. Ojalá se genere el foro para ello.

Ingeniero