16 de Ago de 2022

Columnistas

Solucionar la crisis y el papel del docente

Cuando el pueblo muestra su descontento en las calles es porque el Gobierno prefiere desatender sus justas reclamaciones, es cuando se rompe el orden social

Los últimos acontecimientos que están ocurriendo a nivel nacional que poco a poco se han intensificado por el descontento de la población en general en cuanto a varios temas fundamentales que definitivamente a todos nos afecta, y que de alguna manera, todos deben mostrar su insatisfacción. El tiempo apremia para que el Gobierno llame a un diálogo para que la situación no sea peor de lo que ya está.

Irónicamente, el presidente, para poder llegar al poder y gobernar el país se comprometió en ofrecer una educación de calidad que sería su norte, bajar el precio de la canasta básica, atender el alto costo de los medicamentos ofreciendo anticipadamente sus posibles soluciones, las desigualdades existentes que cada vez abre más la brecha entre ricos y pobres, ahora todo esto sumado al alto precio del combustible. No obstante, una vez alcanzado el poder, estos temas primordiales se quedaron en el olvido, y a pocos años de terminar su gestión, su imagen como gobernante del país, se ha deteriorado.

El poder debe ser utilizado para el beneficio de todos, para gobernar bien, que todo el pueblo pueda sentir sus beneficios, percibir que está muy bien representado a través de su presidente. Los problemas empiezan cuando se toman decisiones detrás del pueblo en detrimento de sus mejores intereses para favorecer solo a los poderes económicos que siempre influyen en las diferentes elecciones. Cuando esto ocurre, los gobernantes empiezan a tomar decisiones en detrimento de su pueblo como está ocurriendo actualmente.

El filósofo y escritor Bertrand Russel, en su libro El poder en los hombres y en los pueblos (Power, a new social analysis), se refiere precisamente a los diferentes poderes que existen, pero ese “impulso al poder” a lo que el autor denomina, debe ser para administrar de la mejor forma los bienes del Estado, solucionar los grandes problemas que aquejan a sus ciudadanos, no ese impulso para que la minoría se beneficie a costa del pueblo. Si esto ocurre, el Gobierno arbitrario debe ser rechazado por el pueblo que lo eligió, sometido, como plantea Russel, para accionar bien como debe ser en un país democrático.

Cuando el pueblo muestra su descontento en las calles porque el Gobierno prefiere desatender sus justas reclamaciones, es cuando se rompe el orden social, se desata el pueblo, y la respuesta del Gobierno es someterlo, dispersarlo con gases lacrimógenos, y de esta manera, mostrar el desprecio hacia un pueblo que irónicamente lo eligió, pero que dentro de dos años le volverá su mirada para pedir votos.

La paz social que todos anhelamos solo se podrá lograr con un presidente que escuche a su pueblo y que sus asesores sean personas capaces de buscar soluciones. Sin embargo, mientras tengamos a un Gobierno intransigente, en donde sus dirigentes todavía estén diciendo que en nuestro país “hay paz social”, estaremos lejos de buscar soluciones reales. Mientras tanto, el pueblo seguirá siendo el más perjudicado, marginado, lastimado y vulnerado todas sus garantías.

En estos momentos el diálogo es la mejor salida, pero un dialogo serio y sincero con el ánimo de querer resolver los graves problemas que aqueja el país, que llene verdaderamente las expectativas. En estos momentos, el pueblo está exigiendo eso a sus gobernantes, atender sus necesidades más apremiantes para no seguir deteriorando su situación socioeconómica y que ha encadenado en su problema de salud también. No obstante, si el Gobierno no muestra indicios de querer resolver la situación a través del diálogo para tomar decisiones reales, en las marchas se seguirán escuchando los nombres de Victoriano Lorenzo y Urraca, personajes ilustres que nunca aceptaron las represalias de sus detractores.

En estas manifestaciones, los docentes tampoco han estado ausente, han estado presente históricamente en las grandes manifestaciones, han hecho escuchar sus voces y demostrado al pueblo que la lucha es de todos. En las aulas escolares, los docentes instruyen a sus discentes utilizando las mejores estrategias y metodologías disponibles, pero también lo hacen para preparar a los jóvenes en forma integral, formarlos para que jueguen un papel preponderante en el desarrollo de la sociedad. Por eso, cuando se presentan estas luchas sociales, el docente tiene que estar presente. Con sobrada razón el poeta Fernando Gamboa B. en su poemario dedicado al maestro sentenció a través de las preguntas: “¿No forjas en tu fragua voluntades? ¿No esparces la simiente recibida? ¿No moldeas el carácter y abres en flor la idea? ¿Acaso no rebasas los secretos dándole a la verdad, temple de acero? ¿Qué, no embelleces el procenio amable en donde la niñez retoza y canta?

El escritor estadounidense, Herbert Spenser, también manifestó acertadamente lo siguiente: “El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás”.

Docente escolar