07 de Oct de 2022

Columnistas

Protestas y cierres de calles

La crisis que estamos viviendo en nuestro país, tarde o temprano, iba a ocurrir en cualquier momento, producto de la acumulación de décadas de manejos dudosos de los 3 poderes que administran nuestro país.

La crisis que estamos viviendo en nuestro país, tarde o temprano, iba a ocurrir en cualquier momento, producto de la acumulación de décadas de manejos dudosos de los 3 poderes que administran nuestro país. Luego de 32 años de la “invasión”, que supuestamente arrancaba un nuevo país, el deterioro de la institucionalidad, fue aumentando en distintos gobiernos y agudizándose cada vez más.

Alternar el poder con nuevas administraciones cada 5 años, con distintos partidos, no ayudo en nada, para cambiar y por eso las protestas y los reclamos tomaron fuerza cada vez más, de parte de la población, ante el aumento del costo de vida, que ha golpeado fuerte, después de la pandemia. Lógicamente, la invasión de Rusia a Ucrania y el súbito aumento del petróleo, son variables que escapan del control interno, pero aceleraron esta crisis.

No fue una sorpresa que las calles se llenaran de protestas, luego que ocurrieran ciertos hechos, de ver como los bolsillos de miles de panameños estaban mal y quedaran afectados, mientras altos funcionarios llenándose de lujos y placer, como los posibles detonantes.

El pueblo se enfrentó a las autoridades, protestando y cerrando las calles, desahogándose y reclamando derechos por una mejor calidad de vida. Al inicio de las protestas, muchos lo apoyaron, pero cuando los cierres tardaron y obstaculizaron el paso de las cargas de comida y provisiones, la percepción fue otra. Hubo amenaza contra la seguridad alimentaria de un país y se vio un pueblo en contra del mismo pueblo. Los traslados de los hogares al trabajo y a la inversa, la escasez de los alimentos, resultaron un problema, para la mayoría, incluso asistir a las citas médicas, que son importantes para el control de la salud. Estas acciones no se pueden permitir porque hay un alto riesgo contra las mismas personas que están siendo afectadas.

Estar en la mesa y concretar acuerdos de negociación, como la gasolina, que fue la punta de lanza, no sirvió de nada, al subir los precios, por tener escasez de las provisiones y obstaculizar el paso de los alimentos. Los grupos para protestar estuvieron divididos y no tenían los mismos objetivos, aparte que se especulaba que cierto grupo respondían a intereses oscuros.

El momento de crisis es una buena oportunidad para realizar ajustes y luchar por reducir los altos niveles de corrupción que sufre nuestro país, por décadas. Pedir ajustes en el presupuesto, solo resolverá de forma temporal, pero la crisis que vive el país, seguirá igual. Los estudiantes de escuela pública, se están afectando mucho más en su desarrollo y no creo que es la idea de las protestas.

Realizar protestas y cierres de calles es un derecho hasta cierto punto, pero recordemos que también se ven afectados otras personas inocentes, que sin duda, recibirán beneficios, pero nos parece, que se debe calcular y ver quienes se afectan y quiénes no. Al momento, se han conseguido beneficios con las negociaciones, pero igual se hubiera conseguido, sin tener que cerrar las calles tanto tiempo. La seguridad alimentaria de todo un país se puso en riesgo, que hubiera podido tener otras consecuencias e incluso afectado los objetivos de la lucha, de haber seguido. Deseamos que el país ni ele las cargas y todos los puntos se puedan acordar bien. Los cierres de calles no sea una decisión a la ligera y la mesa sea el punto al que se pueda lograr los acuerdos.

Mgtr.en Salud Publica