01 de Oct de 2022

Columnistas

La medicina ¿Qué le pasó a la que tenemos hoy?

La carrera médica es tal vez una de las más difíciles de estudios, aunque hoy hay otras, especialmente en ciencias, que también lo son. La ciencia, como todo conocimiento, avanza en el plano de ensayo y error, tesis y antítesis.

La carrera médica es tal vez una de las más difíciles de estudios, aunque hoy hay otras, especialmente en ciencias, que también lo son. La ciencia, como todo conocimiento, avanza en el plano de ensayo y error, tesis y antítesis. No obstante, la medicina ha dado un salto cuántico en avances tecnológicos inimaginables solo 30 años atrás. Y hubo pioneros antiguos que pusieron las primeras piedras. Uno, muy notable, fue por los años de 1,600 fue René Descartes, filósofo, físico, matemático, llamado “El Padre de la Geometría Analítica”. Sus contribuciones, en especial “El Racionalismo Cartesiano” fueron de una influencia en todas las facultades de medicina del planeta. Para su época fue un Icono que impactó la ciencia y la medicina. No obstante, hoy, cuando ya el médico bien informado (donde tenemos nosotros grandes déficits en las facultades), cuando se estudia ahora en áreas novedosas como la Neurociencia y la Epigenética, los seguidores de Descartes —conscientes o no— quedan con retrasos. Descartes enseñó magistralmente que el médico desde estudiante le diera absoluto interés en el tratamiento al enfermo, a la anatomía, la biología, la cirugía, en fin, todo lo que un cuerpo doliente requiere. No obstante, no creyó importante para nada la influencia de las emociones en las enfermedades. “Eso, déjenlo a los psicólogos y psiquiatras”, se dijo. Su racionalismo puro permanece hasta hoy en la mente de gran número de médicos occidentales y de sus escuelas.

A contrapelo de Descartes y con respecto a la medicina ha ocurrido otra revolución a nivel mundial. Se trata de una antítesis al racionalismo en medicina que podemos decirlo así: “No somos un automóvil que se daña y hay que ir donde el mecánico (el médico) para arreglarle el radiador o el chasis”. Somos seres con un Alma, una Mente y un Cuerpo y las tres dimensiones son igual de importantes. En la fecha, universidades de prestigio mundial como Harvard tienen- ya desde unos cuarenta años- un “Instituto de Psiconeuroinmunoendocrinología”, llamado en síntesis gringa “Instituto de Medicina Mente/Cuerpo”. Esa creación científica estupenda la debemos al médico cardiólogo Dr. Herbert Benson, que sin importarle la burla de colegas tuvo “la osadía” de ir hasta el Tíbet y con permiso del actual Dalai Lama estudiar “fenómenos mentales positivos” como ¿por qué algunos monjes en temperaturas bajo cero podían posar desnudos en la nieve y emitir calor? A Benson le debemos mucho, como darle toda la importancia a las emociones y sentimientos y conocer como lo dijo y cito: “entre el 60 a 90% de todas las consultas hechas a médicos generales en Estados Unidos reflejan problemas emocionales, aunque los pacientes indiquen muchísimos síntomas variados”. A una hora de avión en Bogotá, la Universidad Nacional de Colombia —pública— lleva unas diez u once graduaciones de Post Grado de Medicina en “Neurociencias”. He indagado y en Panamá no hay ni uno solo. Esa materia novedosa indaga científicamente muy a fondo todo lo que guarda el cerebro, pero no solo a nivel muscular y de nervios o arterias, sino las emociones, sentimientos, y todo lo que esos estadios no físicos influyen en la salud o enfermedad.

Más recientemente, en tiempos, nuestros médicos a nivel occidental fueron impactados cuando hubo el primer trasplante de corazón a humanos- aunque se probó con corazón de monos y los primeros pacientes duraron poco. No obstante, cuando en Sudáfrica un cardiólogo Christiaan Barnard logró en 1967 trasplantar con éxito un corazón humano a un paciente, el ruido mundial (y sin duda el asombro de médicos y sus alumnos) tuvo un eco incomparable. ¡No dudo que de ser yo un alumno de medicina hubiese querido ser otro Barnard! Grandísimo aporte. No obstante, nuevamente se dejaba a un lado la extraordinaria importancia de las emociones en la salud integral. Además —y eso hizo mucho daño en la práctica médica— el doctor se volvió “más apegado a lo comercial y menos interesado en sanar a nivel hipocrático, con ética y desapego espiritual”.

¡Cuán lejos ha quedado lo que conocimos los que hoy tenemos más edad! Ese respeto reverencial que nuestros padres tenían hacia los médicos. Aunque aún conozco doctores dignos de admiración por su dedicación y ética, dolorosamente hoy son minoría.

Abogado, coronel retirado