09 de Dic de 2022

Columnistas

Odebrecht: una apestosa cloaca

Quizá lo peor del caso Odebrecht, al igual que otras empresas señaladas en diferentes expedientes que aceptaron haber pagado coimas, es que ese cartel de corrupción sigue trabajando como si nada en Panamá

Odebrecht ha consternado a Panamá. Lo descarado y burdo de esta escandalosa trama, haciendo malabares sin ningún empacho con contratos públicos, produciría envidia a los jefes de las mafias de Chicago y Las Vegas, así como al mismísimo Pablo Escobar.

Poco les importó involucrar en sus trampas y robos a esposas, hijos, amantes, amigos, empresas, testaferros y tontos útiles. Pareciera que querían tener la mayor cantidad de cómplices posibles, muchos de los cuales, para salvar su pellejo, terminaron cantando como Pavarotti, acogiéndose a las prostituidas “delaciones premiadas”. Caso parecido al de la Chávez de Venezuela con los negocios petroleros donde metieron a medio mundo en sus multimillonarias trampas.

No obstante, las terroríficas lecturas del expediente durante las audiencias, pintaron con bastante nitidez la trama de corrupción y la cloaca que consumió todo vestigio de honradez, decencia y dignidad conocida por los panameños.

Con proporciones guardas y en otro contexto a lo que se vive hoy, recordamos los vergonzosos episodios del saqueo de comercios durante la invasión de 1989 en los que participaron muchos de esos que se hacen llamar “gente de bien”. El caso Odebrecht ha puesto al descubierto la desmedida avaricia de esos mismos, que se decían impolutos, en complicidad con descarados políticos, estimulados por una bolsa de sobornos sin fin, donde ni siquiera las apariencias guardaron.

Quizá lo peor del caso Odebrecht, al igual que otras empresas señaladas en diferentes expedientes que aceptaron haber pagado coimas, es que ese cartel de corrupción ha seguido trabajando como si nada en Panamá, después de que en 2016 se descubrieron en Estados Unidos sus tenebrosas ramificaciones en todo el continente y más allá.

La justicia de Estados Unidos impuso en abril del 2017 multa de $2,600 millones a Odebrecht, convertida en enorme maquinaria de sobornos. Reconocieron haber pagado $788 millones en coimas en 12 países entre el 2001 y el 2016, incluyendo $59 millones en Panamá, para alzarse con contratos de obras públicas, suma que se ha demostrado era mucho mayor. En 2017 el Ministerio Público les impuso multa de $220 millones pagaderos en 12 años, dejando de pagar en los últimos cinco años $39.2 millones. Según el excontralor Alvin Weeden, fue una multa irrisoria, dado que Odebrecht tuvo contratos en Panamá por más de $9,000 millones.

Resulta irónico, como mencioné en mi artículo anterior, que no hayan incluido a nadie del gobierno de Martín Torrijos, a pesar de que el Ministerio Público informó en conferencia de prensa el 30 de noviembre del 2018 que en esa administración Odebrecht pagó coimas por $5.5 millones. https://www.prensa.com/impresa/panorama/Odebrecht-pago-millones-coimas_0_5180481903.html. También es irónico que funcionarios del gobierno de Varela, mencionados repetidamente en la lectura del expediente, no hayan sido imputados. En investigación periodística de Mary Trini Zea, de La Prensa, el 10 de julio del 2019, “Ampliación de Tocumen, a medida de Odebrecht”, aparecen vinculadas empresas y bufetes de abogados relacionados con el exdirector de la AMP, Jorge Barakat, como subcontratistas de Odebrecht en la construcción de la Terminal 2 de Tocumen. https://www.prensa.com/impresa/panorama/Ampliacion-Tocumen-medida-Odebrecht_0_5346215415.html

Ni al exalcalde capitalino, José Isabel Blandón, ni al presidente del METRO de Panamá, Roberto Roy, se les ha mencionado en nada indebido, a pesar de que en sus entidades durante gobiernos de Varela y Martinelli —en caso de Roy— Odebrecht también tuvo grandes contratos.

Pero, ¿habrá sido solo en los contratos de Odebrecht que hubo coimas? La corrupción en tiempos de Varela se conoció a cuenta gotas con la publicación –nunca negada- de los Varelaleaks. Pero con Martinelli, ¿sabemos todo lo que se involucró en pago de coimas entre 2009 a 2014? ¿Con los contralores que hemos tenido, desde Martinelli hasta el presente, habrá alguna esperanza de que se conozca algún día toda la verdad? Difícilmente. Durante quinquenio de Humbert, la Contraloría se negó a investigar a Odebrecht y, ahora con Solís, tampoco podemos esperar algo diferente.

La justicia panameña está en el banquillo de los acusados. Hay esperanzas de que la actual dirección del Órgano Judicial pueda enderezar lo que no hizo antes el Ejecutivo. Lo menos que podemos esperar es que se castigue ejemplarmente a los que están en la lista de llamados a juicio. Por algún lado tenemos que empezar. La clase política, involucrada en esta horrorosa cloaca, necesita aprender lecciones que quizás solo se asimilan en la oscuridad de una cárcel y el escarnio ciudadano. Hay que limpiar los fétidos desperdicios hasta el fondo, antes de que consuma lo que de honradez, decencia y dignidad nos queda al resto de los panameños.

Analista político