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El pasado 13 de mayo se cumplió un año de la partida de Pepe Mujica. Recordar su pensamiento, su sencillez, sus orientaciones, sus anécdotas, sus experiencias y su ejemplo de vida es algo que ayuda profundamente a las presentes generaciones.
Mujica se forjó en la militancia —al igual que su esposa, Lucía Topolansky— por la defensa de una vida más justa y humana. Estuvo preso por más de 15 años y, durante ese tiempo, solo se le permitió leer libros de ciencias; una lectura que lo ayudó a mantenerse firme para no volverse loco. El libro Una oveja negra al poder, de los autores Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, comparte precisamente el pensamiento de Pepe Mujica a través de entrevistas y conversatorios con él.
En dicha obra, Mujica señala: “La política contemporánea está absolutamente divorciada de la filosofía. En Uruguay y en todo el mundo. Yo no puedo discutir estas cosas acá. Hay políticos que no me entienden un carajo. Leo papeles de políticos de los 40 y me encuentro con tipos mucho más modernos que ahora. Hay tipos que te dejan pensando, pero no los encuentras hoy. Los grandes cambios surgen de los pequeños pueblos y para eso hay que experimentar. Si no experimentamos, no hacemos nada”.
La dirección de los Tupamaros cayó presa antes de que los militares dieran el golpe de Estado en 1973. En ese grupo se encontraba Mujica. Durante los primeros años de detención permanecieron casi incomunicados, en grupos de tres, muchas veces en lugares sin ventilación, ni letrinas, ni pileta, ni colchón, ni nada. Mujica empezó a hablar con las hormigas, a tener delirios, y terminó en el Hospital Militar. Él mismo señala que no paraba de tener visiones. Una psiquiatra lo atendió y recomendó que lo dejaran leer y escribir. El hecho de poder leer lo ayudó, y en eso su madre colaboró un montón. Solo le dejaban traer libros de ciencia: primero de biología, agronomía y veterinaria, y después de antropología.
Su madre, Lucy, le contaba una anécdota a un vecino: “Pepe va a llegar a ser presidente gracias a su piquito de oro”. Ella decía eso por ahí cuando su hijo aún estaba preso. Así como también le advertía: “Hijo, el socialismo no es posible porque el hombre es malo”.
Mujica salió de la cárcel a fines de marzo de 1985.
Respecto a la tecnología, decía: “Si me sacan de leer y escribir, a estas alturas no me puedo reciclar”. Señalaba que prefería leer mucho y pensar: “Trato de interpretar lo máximo posible lo que leo y, a veces, cuando tengo tiempo, escribo para arreglarme la cabeza... Te ordenas un poco las ideas”. Su principal fuente de consulta era el sentido común. No pretendía grandes transformaciones ni cambiar ningún orden establecido; la revolución había pasado de las armas a las urnas, y después a su pensamiento.
Mujica señalaba: “Yo tengo que luchar por mejorar la vida de las personas en la realidad concreta de hoy, y no hacerlo es una inmoralidad. Esa es la realidad. Estoy luchando por ideales, pero no puedo sacrificar el bienestar de la gente por ideales. La vida es una y muy corta”.
Uno de los aspectos planteados por Mujica fue cortar con los excesos que estaba cometiendo el Estado, siendo este el tercer asunto que aplicó de forma inmediata. Puso a la venta la casa presidencial en Punta del Este —balneario de la costa este de prestigio internacional—, redujo los viáticos en los viajes al exterior y hasta mandó retirar de la estancia presidencial de Anchorena un yate que estaba amarrado en el limítrofe río San Juan. Y lo hizo público. La idea era dar la señal de que empezaba un gobierno sobrio.
Con el respeto que se merecen, los invito a leer este libro; se me quedan muchas cosas en el tintero por compartir. Por ahora, cierro este artículo compartiendo tres párrafos más.
Los hombres que piensan en forma independiente son los libres, y los que imaginan más allá de los pensamientos son los que construyen el futuro. Esa y otras premisas las ha aprendido Mujica leyendo a los griegos, pero también a los grandes hombres del Renacimiento italiano y a los científicos de vanguardia de todos los tiempos. El humanismo más profundo viene por el camino de la ciencia.
Nos dice Mujica: “Después de mucha lectura y charla, llegué a alguna conclusión. El hombre es un animal gregario, social. Vive en sociedad. No puede vivir en soledad. El 90% de la historia del hombre arriba de la tierra es en grupos. Desde ese punto de vista, se puede concluir que es un animal socialista”.