• 06/10/2015 02:01

Un alto para organizarnos

El crecimiento de los países normalmente va a una velocidad que los Gobiernos no controlan el crecimiento de la población

El crecimiento de los países normalmente va a una velocidad que los Gobiernos no controlan el crecimiento de la población, las aspiraciones de la población, las necesidades de esa población, fuera del crecimiento por migraciones, muchas de ellas no controladas. Para cualquier país el problema por esos factores les va complicando su calidad de vida. Panamá ya de hecho nació y creció con problemas muy propios: por la construcción del canal, las dos terminales del mismo, es decir, Balboa (o la ciudad de Panamá) y Cristóbal (o la ciudad de Colón) se convirtieron en magnetos que atraían a la población por estar no solo más desarrolladas, sino además con más posibilidades y oportunidades para el pueblo. Así tuvimos un crecimiento anormal, con una alta concentración de población en la capital y en Colón.

Mientras nuestro país mantuvo una baja población, no había mayores problemas. Recuerdo mi niñez, no faltaba agua ni luz, el transporte publico era aceptable, había escuelas para todos. Pero, con el tiempo, fuimos creciendo y cada vez más rápido. En 1958 (creo recordar) llegamos al millón de habitantes con Cándido Aizpurúa, pero, que yo recuerde, nunca supimos quién fue el millón dos ni el tres; es decir, de 1903 al 58 llegamos a un millón, pero del 58 al 2010 a 3.5 millones, o sea, en la mitad del tiempo crecimos casi cuatro veces. Pero, ¿planificamos las ciudades para poder habitarlas con cuatro veces la población?

Hoy nos quejamos de tantos lugares sin agua, sin transporte, con malas carreteras, inclusive áreas sin luz eléctrica. Pero todo esto es casi imposible de resolverlo, porque es producto de un crecimiento anárquico, donde mucho ha sido producto de precaristas, asentamientos improvisados, áreas asignadas para construir sin tener las infraestructuras necesarias. Antes de seguir tratando, sin poder, de satisfacer estas necesidades, debemos quizá hacer un alto y con grandes comisiones especiales iniciar un estudio por sectores para darle cierto tipo de planificación. Determinar cuántas viviendas deben permitirse por sectores, establecer sus escuelas, sus centros de salud, su sistema de transporte. No permitir más viviendas que las establecidas y así poder satisfacer eficientemente sus necesidades.

No es posible seguir creciendo sin orden. Y lo desordenado tratar, aunque sea difícil, de ordenarlo. Si un área, ejemplo, en el interior, inicia desarrollos turísticos, primero hay que determinar la capacidad del río que alimenta la potabilizadora para ver cuánta agua potable realmente tendremos, consideramos entonces el crecimiento vegetativo de los pueblos que se nutren de esa agua y calculamos cuántas familias adicionales podemos permitir antes de que colapse el acueducto. Pero no podemos simplemente dejar que cuanto promotor quiera inicie torres y cientos de apartamentos, so pretexto de que ellos tendrán un tanque de reserva.

Hoy la falta de planificación y es más, la mala planificación, nos ha llevado a tener una ciudad capital agresiva, con problemas de tránsito, estacionamientos y circulación. Pero somos especiales, con escasez de calles, todavía pretendemos tener ciclovías. Señores, planifiquemos, aunque sea difícil con lo ya construido, pero tenemos que evitar que en un par de años sea imposible transitar por la ciudad capital. Y las cabeceras del interior, vean el desastre de la capital y desde ya inicien a reglamentar y controlar el crecimiento.

Quizá mi preocupación es demasiado tarde, quizá ya los daños son irreparables. Pero al menos toca al Gobierno hacer un alto, frenar el precarismo, no permitir más asentamientos espontáneos, tratar que podamos organizarnos, al menos, con el desorden actual, pero sin incrementarlo. Hacer entonces un plan maestro de aguas, aunque no sea para ejecución inmediata, pero sí programar su ejecución y dotar así de agua potable a las poblaciones ya establecidas.

De igual forma, no es solo comprar MI BUS, es diseñar un sistema de transporte con buses grandes y pequeños alimentadores que le dé facilidades a todas las comunidades. Por supuesto, es necesario un diagnóstico total de las carreteras para poder adecuarlas en un programas establecido por prioridades, pero que al cabo de cinco años máximos estén todas las comunidades con calles, agua y transporte adecuado.

No es imposible, es cuestión de planificación y trabajo ordenado y organizado, liderado por ministros de Estado con intención de resolver, no de figurar. Es tener un Gobierno dispuesto a usar sus cinco años para una reingeniería de nuestras ciudades y pueblos, no seguir en manos de arquitectos soñadores que nos han hecho una belleza de línea de edificios, pero en una ciudad invivible. Hagámosla vivible y luego bella.

ANALISTA POLÍTICO.

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