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- 28/02/2011 01:00
Educación y amenazas
Hoy inicia un nuevo año escolar. No creo que haya entusiasmo ni interés genuino de parte de ninguno de los sectores. Los rectores de la educación nacional seguro pondrán sus mejores caras y participarán de la izada de la bandera nacional en distintos planteles alrededor del país, eso incluye a miembros del Ejecutivo y al presidente. Pero puedo subrayar categóricamente que no hay nada que celebrar, como se celebraba hace unas décadas, lo importante de las oportunidades que un día como hoy debe significar. Esta generación que comienza hoy, más de la mitad está destinada a fracasar. No lo digo yo, lo dicen las crecientes estadísticas de la última década. Lo dicen las estadísticas de ingreso a las universidades.
Existen sectores de la sociedad que trabajan afanosamente por corregir las deficiencias sociales que amenazan nuestro desarrollo como nación, incluyendo las deficiencias en educación. Parecieran ser los menos y, a estas alturas, el escepticismo, casi natural, nos lleva a la mayoría a dudar sobre las intenciones de otros en casi todas las actividades principales que lideran el esfuerzo por mejorar las condiciones actuales.
Robert Fritz decía que: ‘Arreglar algo significa que podemos tomar lo que existe y repararlo. Rediseñar algo significa comenzar a partir de la nada y reconsiderar las premisas básicas que nos guían’. Creo que para avanzar este país por la senda del desarrollo colectivo, hace falta una profunda revisión de las ‘premisas básicas que nos guían’, ante todo, en el factor educación.
Para la generación que crecimos entre las década de 1960 y 1980, otra serie de criterios y reglas sociales (inmensamente distintas a las que reinan hoy), definían la conducta del ciudadano, en todas sus facetas como individuo perteneciente a la masa social. Esos criterios y reglas formaban el contexto en el cual teníamos necesariamente que existir. Y esas reglas y criterios, la conducta y el contexto social, las sostenía una serie de ‘premisas básicas’, que guiaron nuestra actuación y cimentaron nuestra cultural generacional.
Los teóricos Deetz, Tracy y Simpson, sugieren que ‘La cultura involucra las suposiciones más básicas de las personas sobre la naturaleza de su mundo y de las personas que lo habitan’. Esas ‘premisas básicas’ cimentaron nuestra cultura de respeto, familia, patria, libertad, soberanía. Esa generación (y las anteriores por cierto), entendía claramente las limitaciones al desarrollo nacional que experimentaba nuestro país físicamente dividido por una cultura extranjera, hostil, abusiva y racista. Y entendió sobremanera su rol decisivo, constante y activo por revertir esas condiciones. Muchas vidas se pusieron en juego a lo largo de los años desde inicios del siglo pasado, y muchas vidas se perdieron, particularmente entre esas tres décadas de 1960 y 1980, para que este país no estuviera dividido e intervenido geográficamente, con el único objetivo de lograr que tuviéramos la oportunidad de construir un país verdaderamente soberano, con oportunidades y libertad para todos. Alcanzada la soberanía plena el 31 de diciembre de 1999, cuando finalmente y por primera vez sola la bandera panameña ondeara a lo largo y ancho del territorio nacional: ¿qué cultura se ha apoderado de nuestra ciudadanía? ¿Cuáles son las premisas básicas que nos gobiernan?
Los adolescentes de hoy no entienden sobre el respeto a los adultos, el concepto de barrio y familia, el estudio y sacrificio por alcanzar mejores oportunidades. Eso se traduce, para la nación, en una falta general de prioridades y de una visión que conduzca a la búsqueda de mejores condiciones de convivencia social.
Lo que se observa hoy en la conducta de amplios sectores sociales ofrece mucho material para análisis. ¿Cuáles son las premisas básicas con que llevan adelante este país? ¿Con qué premisas básicas actúan muchos de nuestros políticos hoy? ¿Cuáles son las premisas fundamentales con que el sistema educativo pretende preparar a los futuros líderes de este país? Y, ¿qué hay de los que solo piensan en hacer dinero? ¿Los que para ellos la nacionalidad es poder aprovecharse de las oportunidades para multiplicar desmesuradamente sus activos económicos? Burlar las leyes fiscales y amañar su declaración de bienes y ganancias económicas, en detrimento de las arcas del Estado.
No se puede celebrar un día como hoy, debemos en vez, reconocer que estamos perdiendo la batalla, cediendo terreno a la mediocridad, la ineptitud y a la corrupción. En los discursos de hoy debemos generar y promover un sentido de urgencia. Los que están en mejores posiciones económicas, deben entender que muy poco podrán gozar de esas riquezas, viviendo en medio de las amenazas sociales que generan desesperación y violencia. Es tiempo de rediseñar nuestras ‘suposiciones más básicas’, para que la naturaleza de nuestro mundo y de las personas que lo habitan, sean parte de una cultura más digna, más próspera y más inclusiva para todos. Comencemos hoy.
*COMUNICADOR SOCIAL.