• 14/08/2012 02:00

Recordando a Gerardo Arias Linares

Cada año, en estos días, vuelve a mi mente la memoria de mi hermano por escogencia y compadre, Gerardo Arias Linares. Por extraños giros...

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

Cada año, en estos días, vuelve a mi mente la memoria de mi hermano por escogencia y compadre, Gerardo Arias Linares. Por extraños giros de la vida, la muerte de Gerardo sucede en el aniversario del natalicio de su padre, Arnulfo Arias Madrid. Hace ya varios años. Yo, que conocí bien a Gerardo, sé que su muerte no fue coincidental y así lo expresé en mis palabras de despedida en su sepelio, donde sus deudos me concedieron el honor de representarlos.

Gerardo sentía un gran amor por su padre y dolor por su desaparición, que se intensificaba en los días alrededor del aniversario natalicio. Gerardo, lo sé bien, nunca tuvo ambiciones políticas, pero su condición de hijo único le merecía mejor trato de los herederos políticos de su padre. Por ejemplo, Gerardo nunca fue invitado a participar en actos conmemorativos de su padre, lo que duele a cualquier hijo, aunque él, con su nobleza, lo negaba.

Recuerdo que el día de su muerte, un 15 de agosto, mantenía una comunicación vía Internet con Gerardo, él en Boquete, yo en Panamá. Le comunicaba mi intención de escribir un artículo sobre mis experiencias con su padre. Había tenido la experiencia de atenderle en mi calidad de Técnico Agrícola del Chase en David, siendo el Dr. Arias cliente del banco y logré establecer una buena relación personal con él, la que se incrementó durante mis visitas en su residencia en el exilio de Miami, cuando en la época, por razones de trabajo, tenía que viajar a esa ciudad.

Siempre recibí buen trato del Dr. Arias, quizás porque sabía de mi estrecha relación con Gerardo. Curiosamente, jamás me habló de política, nuestras conversaciones siempre giraron sobre café y ganadería. Considerando mi relación con su padre, Gerardo me contestó: ‘Escribe sobre mi padre como tú lo conociste, como hombre interesado en el agro y no como personaje político’, pero no me menciones. Este fue su último mensaje, esa noche me entero de su muerte en una ambulancia rumbo a David. Nunca llegué a escribir mi artículo sobre Arnulfo Arias Madrid.

Mi hermano y compadre era un alma noble, humilde, más adaptado a una vida de estudios e investigaciones que al político que nunca fue, pese a la gran reputación de su padre. Teníamos formación académica similar. Ambos Ingenieros Agrónomos. Nos conocimos en la década de los 1960, al inicio de nuestras carreras profesionales. Coincidimos en Divisa y en David. Nuestras familias se convirtieron en una sola por muchos años. Una tropa conjunta de 10 niños nos acompañaba siempre en nuestros andares.

Gerardo nunca hizo uso del poder político de su padre. Solo una vez cedió a presiones políticas y fue electo diputado por once días en el fatídico octubre de 1968. Había tenido una niñez y adolescencia interesantes. Hijo querido de doña Matilde Linares de Arias, cuya prematura muerte nunca la repuso. En su temprana edad acompañó a su padre a Europa, donde, me contaba, recordaba incidentes del bombardeo de Londres, luego vivió en Argentina, en el primer exilio de su padre.

Siempre pensé que el lugar lógico de Gerardo sería el de un laboratorio de investigaciones agronómicas o como escritor. Era sobre todo un intelectual, sin ambiciones materiales. Todavía conservo un legado de sus observaciones y pensamientos de alta sensibilidad. Tengo muchas anécdotas de mis experiencias con mi compadre Gerardo.

Recuerdo cuando me visito en Trinidad y Tobago en los años 1960, luego del golpe de Estado, lo primero que quiso hacer fue visitar el Instituto de Agricultura Tropical de ese país. Más tarde a su regreso, introdujo en Panamá, lo que estoy seguro, fueron las primeras semillas de Pino del Caribe. Las trajo en su propia tierra y así aprendí que eso era necesario para introducir el microorganismo, porque sin su presencia no germinaba la semilla del pino.

Todavía tengo fresco en mi memoria el susto más grande de mi vida cuando nos tomó una soberana tormenta en los mares chiricanos, en un bongo, y nos vimos muy cerca a la muerte.

Sin embargo, mis mejores recuerdos son productos del gran cariño que mantenemos las dos familias, aun sin vernos con frecuencia. En estos días de lógica melancolía por su separación física, brotan gratos recuerdos de Cristela y sus hijos y siento enorme satisfacción por verlos hoy todos nobles herederos de su padre. Siento particular orgullo por mi sobrino, Arnulfo Arias Olivares, digno portador de la imagen y reputación de padre y abuelo, a quien le auguro un brillante futuro profesional y político.

BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.

Lo Nuevo