• 16/09/2012 02:00

El conflicto armado en Colombia

‘ Se pierden las guerras que jamás se entienden’.. El golpe cívico-militar de junio de 1953, encabezado por el general Rojas Pinilla, ca...

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‘ Se pierden las guerras que jamás se entienden’.

El golpe cívico-militar de junio de 1953, encabezado por el general Rojas Pinilla, cambio de manera sustancial la situación política e incidió en forma inmediata en la violencia que sufría Colombia. Pretendo rescatar a partir de esta fecha, los hechos relevantes y los protagonistas de la violencia armada y poder comprender mejor los fenómenos políticos de los últimos años. Si bien el Frente Nacional (alternar al poder entre liberales y conservadores), consiguió el desarme y la desmovilización de un gran número de guerrilleros, la dinámica de la guerra prosiguió. Me refiero a guerrillas ideológicas que comenzaron su erupción en el descompuesto panorama bipartidista colombiano; bajo variadas formas de violencia. Repasémoslas.

En 1964 bajo la Presidencia de Guillermo León Valencia se inicia la operación contra Marquetalia, de esta agresión nace las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cercanas al Partido Comunista; desde sus inicios dirigidas por Pedro Antonio Marín o ‘Tirofijo’, portadores de la promesa agraria: la tierra para quienes la trabajan. Desde su enfrentamiento con las Fuerzas Armadas de Colombia; los militares han logrado estos últimos años duros golpes al secretariado, han muerto ‘RAUL REYES’, ‘TIROFIJO’, IVAN RÍOS, ALFONSO CANO, ‘EL MONO JOJOY’ y ‘EL NEGRO’ ACACIO. El Ejército de Liberación Nacional (ELN), afín a la Revolución Cubana, con una connotación religiosa ejemplificada por el cura guerrillero Camilo Torres, caído muerto en combate contra el ejército y jóvenes armados, como Jaime Arenas, de origen burgués. El Movimiento 19 de abril (M-19) de osadas acciones político militares (toma de embajada), integrado por personalidades comprometidas con la lucha armada, de la talla de Carlos Pizarro, Jaime Bateman, Álvaro Fayad e Iván Marino Ospina, todos muertos, salvo, Antonio Navarro Wolf, que regresó la espada de Bolívar y ocupó una cartera ministerial, abandonando las armas y reinsertándose a la política. Para estos años emergen nuevos proyectos guerrilleros, como el grupo indigenista Quintín Lame, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y Esperanza, Paz y Libertad (EPL).

Fue el presidente Gaviria quien abrió la puerta al ingreso de la guerrilla a la política, reforzando la acción contra los narcotraficantes, mediante el ofrecimiento de no extraditar a quienes se entregasen voluntariamente. Pablo Escobar se acoge y desencadena la guerra con los carteles, que al cabo absorbió los movimientos de la guerrilla política, asociándolos a la generalizada guerra de las drogas.

Andrés Pastrana intenta nuevamente la reconciliación; asignándoles territorios propios a las narcoguerrillas (zona desmilitarizada del Caguán), provocando la expansión y recrudecimiento de las fuerzas paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Este inicio de negociaciones de paz fracasa. En ausencia del Estado se suplió con grupos armados, con ayuda y beneplácito de amplios sectores de la política local, compitiendo con las FARC en la crueldad de sus procedimientos y la brutalidad de sus medios opresivos. Nacen en 1987 en Córdoba, concebida por Castaño y Báez, para confrontar la expansión guerrillera, bajo el nombre de Autodefensas Campesinas de Colombia (ACCU). Sobresalieron los siguientes comandantes de distintos frentes CARLOS CASTAÑO, SALVATORE MANCUSO, ‘DON BERNA’, ‘JORGE 40’. Santos, ministro de Defensa Nacional en el gobierno de Álvaro Uribe, sucesor de Pastrana, heredaba así una larga historia de conflictos. Esta violencia no se inicia con el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948, como erróneamente se cree. ‘La violencia’ ha sido endémica en la historia colombiana a partir de la independencia en 1819.

A principios de los años 90 todos los grupos guerrilleros de segunda generación (M19, QL, PRT, EPL), firman acuerdos de paz y de reintegración a la vida política; mientras que las FARC, convertidas en ejércitos sin norte político, permanecen hasta hoy en la lucha armada.

Las FARC se autodestruyeron y corrompieron, sucumbiendo igual que los ‘paramilitares’, ante el dinero sucio que genera el narcotráfico; de una miopía política aterradora, expertos en desaprovechar momentos históricos; sus integrantes desmovilizados han sido perseguidos y asesinados por las redes sucias, que tejen la clase política colombiana de ultraderecha, conservadora y tradicionalista, fervorosamente católica, clase esta responsable de su existencia.

En Colombia existe una cadena ciega de odios heredados y causas sin resolver, por la injusticia, inequidad social, la exclusión y el atraso, con una descomposición de la clase política que debe cerrarse con un pacto nacional entre colombianos.

Este 8 de octubre en Oslo, Noruega, se inician las conversaciones de este reciente puente de entendimiento, que, con un gesto claro, lanza el presidente Juan Manuel Santos a Rodrigo Londoño Echeverri, ‘Timochenko’, máximo jefe de las FARC, como primer paso para iniciar un proceso de paz; ojalá no resulte frágil ante la furia de la rebeldía de las FARC y un ejército profesional con tecnología e inteligencia militar muy bien armado.

Han precedido a este intento, cuatro modalidades de acuerdo de paz con los gobiernos de: TURBAY y BETANCUR (1981 -1986); BARCO y GAVIRIA (1986 – 1992); GAVIRIA (1992 – 1994); SAMPER, PASTRANA y URIBE (1996 – 2010).

Con lupa atenta esp eramos que ésta vez no sea otro intenso ciclo de recurrentes ilusiones de paz seguido de hondas desilusiones.

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