La decisión de la ACP de recuperar salarios pagados bajo una convención colectiva anulada genera tensión laboral con capitanes y oficiales de cubierta,...
En la madrugada del 3 de enero, muchas personas alrededor del mundo fueron testigos de una operación militar estadounidense cuya meta era la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro Moro.
Todo parece indicar que la estrategia era apresar a quien había usurpado la figura de presidente de Venezuela, luego de su abismal derrota en las urnas en 2024. El ganador tuvo que asilarse en España mientras que la real lideresa de la oposición María Corina Machado se refugió en “algún lugar donde no podía ser tocada por el régimen”.
La verdadera razón para la captura del narcotraficante, cuyo poder siempre se dijo que permanecería intacto mientras se permitieran ciertas condiciones en esa nación suramericana, al momento no se conoce de manera certera. Existen varias teorías entre las que se pudiera destacar la versión oficial de que era el líder del cartel de los Soles, poderosa institución que maneja más recursos que muchos países en el mundo.
Por otro lado, han surgido varias otras versiones ante la incredulidad de que una operación de esta magnitud no hubiera resultado con las “bajas considerables” típicas de este tipo de acción. Esta versaría en el hecho que se había logrado “convencer” a los anillos de seguridad de Maduro, para que se facilitara el ingreso de quienes lo iban a capturar. Esto hace mucho sentido, por la magnitud e importancia que el supuesto líder de un régimen supuestamente tenía.
La realidad es que la acción estadounidense demuestra una vez más que tenemos a un continente dividido, donde los países liderados por gobernantes, cuya orientación política se inclina hacia la izquierda, entre ellos los 3 más grandes de la región, se han solidarizado con el actual régimen venezolano. Por su parte, la mayoría de los otros países se han solidarizado con la acción de EE.UU. o se han abstenido de opinar como ha sucedido con varios países del Caribe. En el mundo, de igual manera países como Rusia, tradicional aliado de Venezuela, ha salido a criticar la acción de una manera que peca de no ser demasiado fuerte, similar a la posición de otras naciones europeas, que se manifestaron en la misma línea.
Esta es una acción que debe ser aprovechada por los reales dueños del poder en Venezuela, para iniciar una transición hacia la democracia en ese país. Es una realidad que el actual régimen se ha mantenido, más que por el poder popular, lo ha hecho gracias al apoyo de los famosos “colectivos” que no se diferencian mucho del estilo que se implementó y aún se mantiene en Cuba.
Venezuela es un país grande, con una geografía tan compleja que se hace difícil de atacar o de defender. Creo, genuinamente, que los líderes de esa oposición que, ante la brutal represión del régimen, se ha visto tranquilizada, pero esta es una caja de pólvora que está lista para que le pongan la mecha y la hagan explotar.
Es aquí donde se debe hacer un nuevo esfuerzo para recuperar al país por la manera menos violenta que es poner gente en las calles y preparar el camino para la construcción de puentes que puedan combinar los cambios en favor de la población, con los reales valores de la democracia demostrada en las urnas en 2024. Solo así se podrá recuperar la confianza y los valores que caracterizaron a esos paisanos del libertador Simón Bolívar.
Se requiere de mucho valor, paciencia, sabiduría y voluntad, para que ese pueblo vuelva a unirse. No estoy seguro que la mayoría de esos más de 8 millones de venezolanos que se vieron forzados a salir del país regresen, pero ojalá lo hagan, eso sí, con una nueva mentalidad, que permita la unión y el progreso de Venezuela.
La lucha aún no acaba, este es un buen comienzo, pero queda un largo trecho por recorrer. Hay que cambiar de actitudes y de cómo vemos a nuestro prójimo, si no lo hacen, veremos a otro país montado en ese péndulo en el que vemos a otros países de nuestra región.