• 25/09/2026 00:00

Barbados y Panamá: una herencia que ayudó a construir el país

Esta historia sigue viva. El pasado 2 de septiembre, con motivo del aniversario de la independencia de Barbados, se celebró una significativa ceremonia en las instalaciones del Museo del Canal de Panamá, con una nutrida asistencia de personalidades diplomáticas y numerosos descendientes de la comunidad caribeña. Durante la gala, la embajadora S.E. Amanda Martínez pronunció un emotivo discurso, acompañada por S.E. Christopher Sinckler, ministro de Relaciones Exteriores de Barbados, y por el canciller panameño, Javier M. Acha. Ambos dignatarios resaltaron los profundos lazos históricos que unen a Barbados y Panamá. Fue una velada agradable y distinguida, en la que también brilló la gastronomía caribeña, especialmente los sabores de Barbados. Y quizás allí radica la mejor manera de entender esta historia: no como un capítulo cerrado del pasado, sino como una herencia viva que continúa uniendo a dos pueblos.

Hablar de los aportes de Barbados a Panamá es hablar de una historia que durante demasiado tiempo ha permanecido en los márgenes del relato nacional. Cuando observamos el Canal de Panamá, solemos pensar en la monumental obra de ingeniería que unió dos océanos. Sin embargo, detrás de esa hazaña hubo miles de trabajadores antillanos que aportaron sus brazos, conocimientos, sacrificios y, posteriormente, sus familias y culturas a la construcción de la nación panameña.

Barbados ocupa un lugar especial en esa historia. Durante la construcción estadounidense del Canal, aproximadamente 20,000 trabajadores barbadenses llegaron al Istmo. Pero reducir aquella presencia a la fuerza laboral sería una injusticia histórica. Los antillanos fueron también maestros, comerciantes, artesanos, músicos, profesionales y constructores de comunidades. Trajeron lenguas, religiones, costumbres y conocimientos que enriquecieron profundamente a Panamá.

La experiencia antillana, además, no fue homogénea. Aquellos trabajadores procedían de territorios con distintas herencias y pertenencias coloniales. Así encontramos personas vinculadas a administraciones británicas, francesas y neerlandesas. Algunos hablaban francés y otros holandés, pero una parte importante de los provenientes de Barbados y de las Antillas Menores tenía como lengua fundamental el inglés, razón por la cual fueron identificados como West Indians.

Esta comunidad también creó sus propios instrumentos de expresión. The Panama Tribune nació el 11 de noviembre de 1928 como un semanario en inglés. Su primer director fue George Westerman. El periódico surgió para representar los intereses económicos, sociales y culturales de los antillanos. También dirigido por el periodista y editor Sidney Young, se convirtió en vocero de quienes laboraban en la Zona del Canal, provenientes de Barbados y otras islas de las Antillas Menores. Su existencia demuestra que aquella población no solo trabajó y se estableció en Panamá, sino que creó espacios para expresar su identidad y participar en la vida nacional.

Con el paso de las generaciones, aquella comunidad transformó el esfuerzo de sus antepasados en aportes profesionales y ciudadanos. Entre los ciudadanos de ascendencia afroantillana destacan Rolando Barrow, embajador de carrera diplomática y consular; Alberto Barrow, abogado, investigador social; Antonio A. Grenald, publicista y relacionista público; Ágatha Williams Springer, historiadora y humanista; Harley James Mitchell, abogado, escritor y expresidente de la Corte Suprema de Justicia; y Graciela Dixon, abogada y expresidenta de ese tribunal.

A esta lista debemos sumar a Egbert Wethenborne, abogado, catedrático universitario y exsecretario general de la Universidad de Panamá; Gerardo Maloney, sociólogo, escritor, cineasta y diplomático; Antonio Grenald, administrador público y exdirector de Relaciones Públicas del Canal de Panamá; Edgar Spence, exviceministro titular de Relaciones Exteriores, embajador y exdirector general de la Academia Diplomática y Consular; John Evans, quien ha sido embajador y estuvo vinculado a la Dirección Ejecutiva de los Tratados Torrijos-Carter; Dr. Carlos Smith, médico psiquiatra; Melva Lowe de Goodin, catedrática universitaria y escritora; y Garritt Geneteau, catedrático de la Universidad de Panamá, escritor, periodista, investigador y sindicalista.

Estos nombres demuestran que la historia afroantillana de Panamá no termina en la zanja, el ferrocarril o el campamento de construcción. Continúa en las universidades, los tribunales, la diplomacia, la literatura, la medicina, la economía, la administración pública y la defensa de la soberanía nacional.

Reconocer a Barbados y a las Antillas es reconocer que Panamá no solamente recibió trabajadores antillanos: recibió una herencia que, generación tras generación, se transformó en ciudadanía, cultura, conocimiento y liderazgo. Es reconocer, en definitiva, una parte esencial de la nación panameña.

*El autor es ginecólogo-obstetra, investigador
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