• 10/07/2023 00:00

Competitividad y la realidad de la incompetitividad

“La competitividad de un país no se logra haciendo charlas o sugiriendo reformas para impulsar la competitividad. Se logra trabajando hombro con hombro con los diferentes actores responsables de lograr la eficiencia de un país”

Hay muchos personajes en nuestro ámbito gubernamental, empresarial y de organizaciones no lucrativas que opinan y hacen disertaciones sobre la competitividad del país. Algunas son interesantes, otras emiten criterios muy válidos, pero otros emiten criterios que solo son ensayados ante el espejo, previo a una disertación.

Buenos o interesantes, utópicos o factibles, lo cierto es que los gobernantes poco hacen realmente para tomar medidas que tiendan a catapultar exponencialmente la competitividad del país, y, por ende, su desarrollo social y económico.

Panamá estaba catalogada entre los 50 mejores países del mundo en cuanto a los Índices Globales de Competitividad (del Foro Económico de Mundial o WEF). Nos ubicábamos en el puesto número 40, índice que se deterioró significativamente desde la medición del 2015.

En mi opinión, uno no de los casos poco entendibles, es que cómo el Gobierno nacional no se hubiese apoyado mayormente en el Centro Nacional de Competitividad (CNC), una organización con un alto grado de reconocimiento y liderazgo en estos temas, para frenar la estrepitosa caída de los Índices Globales de Competitividad del país.

Afortunadamente, ante este panorama, el CNC aún cuenta con el personal operativo que le ha dado el brillo internacional, el cual nos puede ayudar a recuperar lo perdido.

En la medición mundial que lleva a cabo el World Economic Forum (WEF) del “ranking” de posicionamiento de los países, en el año 2014 Panamá ocupaba el lugar #40 en el Índice Global de Competitividad de entre 148 países que abarcaba la medición en ese año.

En el Índice de Preparación Tecnológica, Panamá ocupaba el lugar #47, mientras que en el Índice de Innovación ocupábamos el lugar #36.

En la medición del 2019, último año de la publicación detallada de estos índices a los que he tenido acceso, la competitividad del país se habían deteriorado significativamente, reflejando el siguiente panorama:

• Índice Global de Competitividad: #66, un descenso de 26 posiciones

• Índice de Preparación Tecnológica: #81, un descenso de 34 posiciones. Este índice fue medido hasta el año 2018.

• Índice de Innovación: #66, un descenso de 34 posiciones. Este índice fue medido hasta el año 2018.

NOTA: los índices mientras más bajos mejor, ya que indican el posicionamiento de un país de más competitivo a menos competitivo.

La competitividad de un país no se logra haciendo charlas o sugiriendo reformas para impulsar la competitividad. Se logra trabajando hombro con hombro con los diferentes actores responsables de lograr la eficiencia de un país.

Se logra trabajando con las cabezas de los organismos estatales para incrementar la eficacia de sus operaciones y colaboradores, de forma tal que se conviertan de empleados públicos a SERVIDORES PÚBLICOS, que es aquel que trata de manera amable y honesta de ayudar a las personas que requieren tramitar servicios con las instituciones del Estado; que desea disminuir la burocratización, que no desea ser un obstáculo, sino un facilitador. Es aquel que, pese a todo, no piensa en sí mismo como un empleado público. De estos Servidores Públicos hay muy pocos actualmente.

Se logra trabajando con los estamentos del Estado para lograr que se cumpla con las leyes existentes de desburocratización. El 15 de abril del 2020 se sancionó la Ley N.° 144, la cual modifica y adiciona artículos a la Ley 83 de 2012, sobre el uso de medios electrónicos para los trámites gubernamentales y dicta otras disposiciones, con el objetivo de “dar sustento legal a la estrategia de transformación digital del Estado y crea el portal único, Panamá Digital, como la sede electrónica del Estado. La legislación establece sanciones para los funcionarios que, con dolo o negligencia, interrumpan la realización de un trámite que tenga opción digital. Además, obliga a todas las entidades a tener un plan para la simplificación y automatización de sus trámites, así como de un presupuesto destinado para su ejecución” (AIG, 2020).

Pero, a pesar de los renovados esfuerzos de desburocratización, que, paradójicamente aceleró la pandemia, aún nos queda muchísimo por hacer, en especial en la convertibilidad del empleado público a servidor público.

Tampoco podemos continuar con la calidad de la educación actual que carece de muchos de los métodos modernos de enseñanza. Debemos ir mucho más allá. Debemos definir y solucionar lo que frena la calidad de la educación, y por ende del desarrollo del país.

La empresa privada debe poner más de su parte, tratando de modernizar cada vez más sus procesos, en especial los de producción y logística. Los índices de sofisticación de los negocios también disminuyeron. Estos índices se midieron hasta el 2018.

La modernización y desburocratización de la gestión gubernamental no se pueden lograr con deseos o planes de Gobiernos quinquenales. Necesitamos proyectos de Estado.

Necesitamos apretar el acelerador del carro. En el mundo actual, en el que proliferan los autos eléctricos y la IA, no podemos continuar tirando de las riendas de un coche guiado por caballos, aunque estos sean purasangre. Despertemos, la Inteligencia Artificial está aquí y llegó para quedarse.

Comentarista de opinión.

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