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Desde el 1 de enero de 2022, las reglas del USDA para el etiquetado de alimentos modificados genéticamente (el nuevo nombre de lo que antes se conocía como ingeniería genética u OGM) entraron en vigencia con un logotipo nuevo, luminoso y brillante de un sol que brilla en una planta, creciendo felizmente en un campo. Muchos hemos luchado durante años por el derecho a saber qué contienen nuestros alimentos y saber cómo se producen. Estas nuevas regulaciones en realidad no tienen ese objetivo, sino que están diseñadas para permitir que las corporaciones oculten el uso de ingredientes transgénicos a los consumidores.
Este nuevo etiquetado no es más que etiquetar lo que realmente no debería etiquetarse, o si se pudiera decir en otras palabras, etiquetar escondiéndose de la verdad. De allí que ya hay varios litigios en los Estados Unidos para impugnar esta nueva regulación por considerarla arbitraria, caprichosa, discriminatoria y contraria a la ley y normas de información al consumidor. Es difícil ver cómo los consumidores tienen la opción de evitar los alimentos transgénicos cuando las reglas de etiquetado no brindan información significativa y accesible sobre qué alimentos se derivan de cultivos modificados genéticamente. Reemplazar términos como “OGM” y “diseñado genéticamente”, que han existido durante mucho tiempo, con este nuevo y hermoso logotipo, parece deliberadamente diseñado para mantener al público en la oscuridad.
Durante los últimos treinta años, la industria biotecnológica nos ha dicho sin descanso que los cultivos genéticamente modificados podrían reducir el hambre, reducir el uso de pesticidas y sobrevivir a las sequías. Hoy, la industria biotecnológica continúa diciéndonos que esta tecnología trata de alimentar a los hambrientos. Pero es difícil evitar la conclusión de que esta tecnología trata realmente de que las empresas químicas vendan más productos químicos. No hay alimentos transgénicos que nos hagan más saludables, que sean más baratos, que tengan mejor sabor o que proporcionen más vitaminas. Nada de eso. Lo único que nos proporciona es un riesgo adicional.
Esos riesgos provienen que más del 90% de todos los cultivos transgénicos están diseñados para resistir dosis cada vez mayores de herbicidas tóxicos. La Agencia para la Protección Ambiental (EPA) ha elevado el nivel de tolerancia de los herbicidas en sus alimentos y productos. Si los consumidores tuviéramos la información, nadie elegiría el OGM porque no ofrece beneficios y solo riesgos. El principal propósito de todos los cultivos transgénicos es poder resistir cantidades cada vez mayores de Roundup. Y recientemente, se ha encontrado residuos de Roundup de glifosato en casi todos los arroyos y ríos, incluso en la mayoría del agua de lluvia, de los países donde este herbicida es usado (https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0043135419309133). El abuso en el uso del Roundup desde finales de los años 90 ha sido tan omnipresente que ahora tenemos glifosato en nuestros cuerpos y en todas partes gracias a esta tecnología. Y tenemos víctima tras víctima tras víctima de linfoma no Hodgkin demandando, haciendo público su caso (https://www.consumersafety.org/product-lawsuits/roundup/).
Entonces, que no nos digan que no hay nada malo aquí. Sabemos que la parte lucrativa de esto fue permitir que Monsanto ganara cientos de millones de dólares aumentando la cantidad de Roundup que podían vender porque los agricultores ya no tenían que usarlo con cuidado. Podrían rociarlo desde el aire sobre la soya y el trigo, y usarlo indiscriminadamente con el maíz. Entre 1995 y 2020, el volumen de uso de glifosato aumentó unas 50 veces (https://www.researchgate.net/publication/292944439_Trends_in_glyphosate_herbicide_use_in_the_United_States_and_globally). Recientemente, The Detox Project publicó los resultados de las pruebas de glifosato más completas de productos alimenticios jamás realizadas en los EE.UU. y descubrieron una amplia gama de productos alimenticios con glifosato en las principales tiendas de comestibles, incluidas Whole Foods Markets, Amazon, Walmart, Target, entre otras. El glifosato puede causar estragos en nuestro microbioma intestinal y juega un papel en nuestras epidemias de obesidad y diabetes y muchas de las otras enfermedades crónicas de nuestro tiempo.
El glifosato es un desastre para nuestra salud y para las especies en peligro de extinción. Hay un litigio reciente sobre el glifosato, por obligar a la EPA a la aprobación del Roundup, diciendo que era legal. Simplemente, nadie investigó los efectos sobre la salud. Así que esto es extremadamente destructivo. Y recuerden, muy importante aquí, que la razón por la que Roundup se hizo popular fue que, de todos los herbicidas anteriores, se consideraba relativamente no tóxico y tenía un amplio espectro. Ahora sabemos que eso no es cierto en cuanto a la toxicidad. Decían que las personas que cuestionaban la seguridad de los alimentos modificados genéticamente y los sistemas agrícolas que los producen estaban en contra de la ciencia. Resulta que estas personas que cuestionan la química bruja demandan más información y quieren devolverle al campo la tranquilidad de producir cultivos saludables.