“¿Qué es lo que le impide venirse? ¡Que se venga! ¿Cuál es problema, pues? Lo que tienen es un show para ver cómo generan una campaña de intriga”, dijo...
Bien dijo Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. Y en la actualidad ese pensamiento se hace patente porque vemos que un pueblo ignorante es mucho más fácil de manipular que uno educado. La falta de preparación colectiva, sobre todo a nivel público, colabora mucho en esa realidad, desarrollada por regímenes que consideran que sus pueblos deben someterse a las élites que controlan el poder.
La historia nos regala múltiples ejemplos de cómo se dominan las sociedades a través de una educación mediocre, sectaria y reglamentada para que sea incompleta. Al dictador o, al demagogo de izquierda o de derecha, no le interesa preparar a una ciudadanía que lo cuestione y lo fiscalice.
Durante mis años de docente y en las tantas conferencias que he dado a estudiantes, me he interesado en saber el nivel de preparación académica que tienen para así poder llegarles mejor. Recuerdo el caso de una joven en tercer año de la universidad que le pregunté cuál, según ella, había sido el mejor presidente que había tenido Panamá. Titubeó en responderme. Como que no recordaba el nombre de ninguno. Le pregunté de dónde era y me dijo que de Las Tablas. Precisamente, le comenté, “el que considero el mejor presidente es de tu tierra”. Nuevamente titubeó y...tras pensarlo mucho, me dijo, en son de pregunta, ¿acaso Nito Cortizo es de allá? Imagínense, ni siquiera sabía que Belisario Porras era tableño.
Esa estudiante vive un mundo muy aislado de la realidad. Estudia y se graduará, pero fue acostumbrada, por nuestro deficiente sistema educativo, a no interesarse por mas nada que por las fiestas, los parkings y las patronales. No le interesa más nada fuera de lo que ocurre a su alrededor. Lo acostumbraron a no preocuparse por el mundo exterior. No se le ocurrirá estar al tanto de las noticias nacionales, y mucho menos de las internacionales, que cada vez nos afectan más.
Sabe que tenemos un canal, pero no tiene idea de las grandes luchas libradas a través de nuestra historia para lograr que en 1999 el canal fuese totalmente nuestro. Sabe que vivimos en democracia, pero desconoce todos los sacrificios que fueron necesarios para salir de una dictadura que nos pisoteó por 21 años. El joven de hoy desconoce las raíces de su país, así como su historia. Fugazmente ha escuchado los nombres de Torrijos, Noriega y de aquellos que, como Belisario Porras y Arnulfo Arias, ayudaron a forjar nuestra identidad nacional. Menos sabrá lo que ocurrió el 9 de enero de 1964.
Ese es el panameño que a la clase política tradicional le interesa. El que se deje llevar por el que más tik toks produce, aunque los mismos carezcan de contenido alguno. El que votará por el candidato que le presente el mejor concierto de rock o de reggae.
Imagínense por qué clase de candidato votarán para presidente, alcalde o representante. Tenemos que tomar en cuenta algo: muchos son los jóvenes que se incorporan como nuevos votantes en 2029. En la próxima elección, casi la mitad del electorado lo hará por primera vez.
Reforzar la educación cívica en las escuelas secundarias. En cada comunidad hay gente que puede ayudar en este propósito. Aunque hay medios de comunicación que ya colaboran con su aporte a que los jóvenes se enteren y se interesen más en los problemas nacionales y de su comunidad, este apoyo se puede implementar a través de guías de los ministerios de Educación y Cultura preparadas para las escuelas. Así el esfuerzo se multiplicaría.
A través del Tribunal Electoral, como ocurre en otros países. Hay escuelas de formación de dirigentes políticos a todos los niveles, nacional u municipal. Sabemos que el subsidio electoral que reciben los partidos para educar a sus miembros, se utiliza en todo menos en educar a nadie. Canalizando esos recursos se pueden crear cursos intensivos para preparar líderes, exigiendo que quienes pretendan aspirar a algún cargo hayan pasado por allí.
Si queremos mejores gobiernos, debemos tener políticos más preparados y comprometidos en que el poder es para servir y no para servirse de él. El que no aprende de los errores del pasado, tiende a repetirlos.
Estamos a dos años del próximo proceso electoral. De seguir este rumbo es muy probable que se cometan de nuevo los errores del pasado porque la capacidad de discernimiento ciudadano ha sido tan socavada que la historia estaría por repetirse: nos dejaremos llevar por las promesas engañosas e imposibles de cumplir y pasaremos 5 años más, hundiendo nuestra ya vapuleada democracia.