• 09/06/2026 00:00

El Bicentenario del Congreso Anfictiónico de 1826 y su legado para Panamá y América

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

Cuando el 22 de junio de 1826 se inauguró en la ciudad de Panamá el Congreso Anfictiónico convocado por el Libertador Simón Bolívar, había expectativas diversas en las cancillerías del continente y, en algunas, posiciones hasta negativas. ¿Cuál fue el impacto en Panamá y en América del Congreso? Veamos, brevemente, que sucedió desde entonces.

El 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la batalla decisiva de Ayacucho, Simón Bolívar convoca desde Lima el Congreso Anfictiónico en Panamá, pronosticando resultados superiores a la fortaleza de la Santa Alianza europea. Después veremos los resultados verdaderos de tal exageración retórica. ¿Qué sucedió en realidad en un continente enorme y fracturado por una geografía tan difícil, con distancias extraordinarias y tantos espacios aislados, relativamente poco poblado (cerca de 30 millones de habitantes), con grupos humanos diferentes, dispersos y dirigentes recelosos y hasta opuestos? ¿Qué sucedía con el proyecto del presidente Bolívar cuyo capital político estaba declinando, enfrentado a otros caudillos y países opositores que temían su poder y liderazgo?

Se reunieron en nuestra capital los representantes de Colombia, el canciller Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez. Del Perú vinieron Lorenzo Vidaurre y José M. Pando, sustituido luego por Manuel Pérez de Tudela, de México Mariano Michelena y José Domínguez Manso, y de la República de Centroamérica Antonio Larrazábal y Pedro Molina. Gran Bretaña tuvo un observador, Edward J. Dawkins, y los Países Bajos al coronel Jan Verveer. Argentina, Brasil, Chile y Paraguay, invitados, lo ignoraron. Bolivia y Estados Unidos llegaron tarde. El mismo presidente Bolívar no asistió ni visitó nunca Panamá.

Después de largos viajes por mar en veleros incómodos, llegaron las delegaciones a un istmo pequeño poblado por solo 120 mil habitantes, pero grande por su valor geopolítico, con una situación geográfica estratégica central, como ninguna otra del continente. Llegaron a una diminuta ciudad de Panamá de 8.000 almas, arruinada, insalubre, sin acueducto ni alcantarillado sanitario, del trópico húmedo caliente y sofocante. Allí, las delegaciones al Congreso Anfictiónico pernoctaron durante más de un mes (los peruanos arribaron el año anterior, en 1825) y conocieron la pequeña élite de origen colonial hispánico de San Felipe. Compartieron sus penas y alegrías y su mesa, sus escasas distracciones y las ceremonias religiosas en sus iglesias desvencijadas. En sus reuniones concertaron acuerdos relativamente menores, aunque considerables por su significación histórica de largo alcance.

Finalmente, los embajadores suscribieron varios acuerdos. El más importante, el “Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua” firmado el 15 de julio de 1826, fue ratificado solo por la Gran Colombia el mismo 1826. Decepcionado por las noticias que le llegaban del Istmo escribía Bolívar desde Lima: “El congreso de Panamá, institución que debiera ser admirable si tuviera más eficacia, no es otra cosa que aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban. Su poder será una sombra y sus decretos, consejos: nada más”.

El 15 de julio se clausuró el Congreso en Panamá. Más tarde, algunos representantes se trasladaron a Tacubaya, en las afueras de la capital mexicana, la mayor ciudad de la América Latina, con 150 mil habitantes, para proseguirlo sin ningún resultado tangible en un México alejado del ideal y del liderazgo de Bolívar. El 9 de octubre de 1828 los delegados de la Gran Colombia, México y Centroamérica (los peruanos se abstuvieron de asistir) declararon concluido el Congreso Anfictiónico. Pero desde principios de 1827 el ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Perú, William Tudor, declaraba: “La esperanza de que los proyectos de Bolívar están ahora efectivamente destruidos es una de las más consoladoras”, porque creía que ese hecho favorecía los intereses estadounidenses. Sin embargo, el legado y la inspiración del Congreso Anfictiónico no murieron enseguida y se manifestaron desde mediados del siglo XIX.

Entre 1846 y 1865, se celebraron al menos cuatro reuniones de varios Estados hispanoamericanos (tres en Lima), y, finalmente, en la Cuarta Conferencia, celebrada en Buenos Aires en 1910 la Oficina Internacional de Repúblicas Americanas pasó a llamarse Unión Panamericana que duró hasta que en la IX Conferencia celebrada en Bogotá en 1948 se sustituyó esa vieja institución internacional por la Organización de Estados Americanos (OEA).

El Congreso Anfictiónico también inspiró la creación de los principales organismos regionales como la Comunidad Andina, de 1969; la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), de 1980; MERCOSUR creado en 1991, el mismo año que el Sistema de Integración Centroamericana (SICA); la Asociación de Estados del Caribe de 1994; la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), creada en 2010, y la Alianza del Pacífico de 2012.

¿Qué quedó en Panamá del Congreso Anfictiónico?

Primero, el salón Bolívar, hoy parte del patrimonio mundial de la UNESCO, lo único que se conserva del antiguo Convento de San Francisco.

Segundo, un personaje excepcional, el cubano de Camagüey José Agustín Arango Ramírez (1797-1846), secretario de la Delegación del Perú, abogado formado en la Universidad de la Habana, revolucionario y amigo del Libertador, que fundó con una criolla del intramuros de San Felipe, Tomasa Remón Soparda (1817-1873), una familia procera y todavía notable.

Tercero, el recuerdo de un acontecimiento que nos llena de orgullo, que está en la memoria colectiva de los panameños del papel central del istmo como lugar de encuentros y de federación continental. Istmo que es todavía una referencia imprescindible y un evento que sigue inspirando a todos los que, a pesar de los excesos imperialistas e ideológicos que arruinan a pueblos enteros, intentan construir un futuro más compartido de libertad, de verdadera democracia liberal y justicia, de paz y prosperidad en el continente americano.

* El autor es geógrafo, historiador, diplomático y presidente de la Academia de la Historia de Panamá
Lo Nuevo