• 02/04/2026 00:00

El Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826: un hito histórico que trasciende a su tiempo

Este año no es uno más para el continente americano, en especial para Hispanoamérica, es el año en que se conmemora el Bicentenario del célebre Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por el Libertador Simón Bolívar, y que tuvo lugar entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826 en la sala capitular del Convento de San Francisco, a orillas del Océano Pacífico.

Los primeros interrogantes que se nos presentan son por qué motivo se lo llamó “Anfictiónico” y por qué razón se celebró en Panamá. El Libertador Bolívar en el año 1815 en su recordada Carta de Jamaica, ya había dicho: “que bello sería que el Istmo de Panamá fuese lo que el de Corinto para los griegos”, “ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un Congreso de los representantes de las Repúblicas”, y proféticamente también mencionó: “esta magnífica posición entre dos mares podrá ser con el tiempo el emporio del Universo, sus canales acortarán las distancias del mundo y estrecharán los lazos comerciales”.

El Libertador era un hombre muy ilustrado, que sabía muy bien la importancia que en la Grecia clásica tenía el Istmo de Corinto que conectaba dos penínsulas muy importantes, la de Ática donde se encontraba la poderosa ciudad de Atenas y la del Peloponeso donde se ubicaba la potente ciudad de Esparta. Por su parte, las “Anfictionías” eran confederaciones de las antiguas ciudades griegas vecinas conformadas no sólo con fines religiosos, sino también para promover la paz y la cooperación entre sus miembros, y que a la vez expresaban una identidad cultural común. Por ello, no fue por casualidad que al Congreso de Panamá se lo denominara “Anfictiónico”.

La razón de por qué el lugar del Congreso debía ser Panamá, fue claramente manifestado por el Libertador en sus cartas de invitación remitidas a las jóvenes Repúblicas de Hispanoamérica que fueran suscriptas en Lima, Perú, en diciembre de 1824. Allí, en uno de sus párrafos expresa: “Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá, sería señalado para este augusto destino, colocado como está en el centro del globo, viendo por una parte el Asia y por la otra África y Europa”, acotando además: “El Istmo está a igual distancia de las extremidades y por esta causa, podría ser el lugar de la primera Asamblea de los Confederados”.

Al Congreso Anfictiónico de Panamá concurrieron representantes de la Gran Colombia, Centro América, Perú y los Estados Unidos Mexicanos, y luego de celebrar diez sesiones, suscribieron varios acuerdos, el más importante de todos ellos fue el “Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua” firmado el 15 de julio de 1826.

Los mencionados acuerdos tenían que ser ratificados por las Repúblicas que los suscribieron, y los instrumentos de ratificación estaba previsto que se canjearan en el plazo de ocho meses en la Villa de Tacubaya, México, donde hubieran debido continuar las sesiones del Congreso de Panamá. Por diversas circunstancias históricas el Congreso no pudo seguir funcionando en Tacubaya como se había contemplado y fue disuelto, en tanto, de los países que los habían firmado sólo Colombia ratificó en septiembre de 1827 los convenios que se habían alcanzado en Panamá.

En perspectiva histórica, a pesar de que la mayoría de los signatarios no ratificaron los acuerdos suscriptos en el Congreso de Panamá, este ha sido un logro extraordinario, ya que además de los destacados avances en principios e instituciones del Derecho Internacional que contenían las diferentes cláusulas del “Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua”, se plantó una poderosa semilla que años más tarde dio sus frutos y que condujo a la creación de la Organización de los Estados Americanos y de los diferentes organismos de integración regional existentes en el ámbito latinoamericano. En los párrafos finales de las aludidas cartas de invitación al Congreso de Panamá, el Libertador Bolívar remarcaba: “El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal” y agregaba “¿Qué será entonces el Istmo de Corinto con el de Panamá?”, por cierto, tenía mucha razón.

Que la conmemoración de este magnífico Bicentenario sirva de impulso para alcanzar cada vez más cooperación, prosperidad y férrea unión entre todos los pueblos latinoamericanos, quienes no sólo contamos con una historia y cultura compartidas, tenemos fundamentalmente un futuro en común en el mundo de nuestros días.

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