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Desde el Perú se estudia con atención el hábil manejo que la diplomacia panameña de finales de los años cincuenta desplegó para manejar, a pesar de un frente interno convulso y complejo, una presencia asertiva en un escenario internacional marcado por la Guerra Fría.
La dinámica de las relaciones bilaterales de Panamá registró un particular avance entre 1958 y 1959. Así lo consigna en sus informes el embajador peruano José Mariátegui que cumplía funciones en el istmo. Inició sus comentarios en setiembre de 1958 con su encuentro con José Quirós y Quirós, el nuevo embajador de Costa Rica en Panamá y que había sido embajador en el Perú; ese mismo día se refirió al general David Shatiel, nuevo Enviado Extraordinario y Plenipotenciario de Israel quien ya había visitado Panamá en 1956 como embajador en misión especial para la ceremonia de la transmisión de mando de entonces. Cultivó la amistad de ambos y destacó su capacidad de trabajo (Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Caja 5-20-A,of.276,1958). Poco después informó a Lima que Karl Tosten Brandel era el nuevo Ministro Plenipotenciario de Suecia concurrente con Panamá ya que residía en Bogotá. Brandel había trabajado como cónsul en Alemania y los Estados Unidos, y como cónsul general en Hong Kong (MRE, 5-20-A,of.284,1958).
A finales del año, Mariátegui apuntó que el primer representante diplomático de Turkiye presentó credenciales el 2 de diciembre de 1958. Se trató de Nureddin Pinar, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario a quien el embajador peruano ofreció un almuerzo de bienvenida; circunstancia que le permitió conocer las propuestas de intercambio cultural que Pinar planteó al canciller Moreno Jr. (5-20-A,of.367,1958).
La cancillería panameña también se esforzó por profundizar las relaciones con Sudamérica y las potencias de la época. En enero de 1959, el vicepresidente de Ecuador Francisco Illingworth y su esposa visitaron Panamá por 24 horas para continuar viaje hacia los Estados Unidos. Durante su apretada agenda, Illingworth se reunió con el presidente Ernesto de la Guardia Jr. y fue agasajado por el segundo vicepresidente Heraclio Barletta que era también Ministro de Trabajo (MRE, 5-20-A,of.11,1959). De acuerdo con Mariátegui, la cooperación técnica fue el tema principal de esa agenda de trabajo. De otro lado, el contralmirante Wolfgang Larrazabal, miembro de la exJunta Provisional de Gobierno de Venezuela, visitó Panamá en febrero para explorar oportunidades de cooperación agrícola (MRE, 5-20-A,of.76,1959). Dos meses después, el príncipe Felipe, Duque de Edimburgo y esposo de la Reina Isabel II, llegó a Panamá el 19 de abril. Arribó a Balboa en el Britannia. El presidente de la república le ofreció una cena y el embajador británico reciprocó con una recepción en su residencia. Mariátegui registró en su informe a Lima que la visita fue parte de una extensa gira mundial de cien días (MRE, 5-20-A,of.176,1958) que comprendió Asia, Oceanía y el Caribe antes de retornar a Londres. Esta visita reforzó aquella otra realizada por la propia Reina en 1953. Guardia (2019) señala como extraña coincidencia histórica que el paso del Duque por el istmo coincidió con un momento de gran agitación política en el país: aquel 19 de abril desembarcó una fallida expedición armada desde Cuba buscando derrocar al presidente de la Guardia Jr., lo que no impidió que las atenciones diplomáticas al príncipe se llevaran a cabo con normalidad.
Una mención especial merece la elección de Ricardo J. Alfaro como juez de la Corte Internacional de Justicia de La Haya el 29 de setiembre (MRE, 5-20-A,of.367,1959) que colocó al país como un referente jurídico en materia internacional, así como la actitud panameña en asuntos de asilo resolviendo todos los casos suscitados con Cuba después de la revolución de Fidel Castro de enero de 1959, con total apego a la Convención de Caracas de 1954. Un caso insólito se presentó con Venezuela; en setiembre llegó a Tocumen un avión de la Línea Aeropostal Venezolana con cuatro exiliados (los sindicalistas Enrique Figueroa y Mauricio Reinales, el periodista Raúl Osuna y el abogado Juan Mier) que, inicialmente, rechazaron el asilo que les ofrecía Panamá. Pasaron a ser alojados en diversos hoteles mientras se aclaraban las cosas, quince días después seguían manteniendo su rígida posición. El 16 de octubre Panamá decidió actuar con pragmatismo: sin considerarlos asilados formales, les otorgó todas las prerrogativas de éstos ya que la vida humana era el bien jurídico supremo que debía cautelarse (MRE, 5-20-A,of.398,1959).
La diplomacia panameña -apoyándose en sus pilares jurídico, comercial y geográfico- buscó, en aquellos años, una consolidación de su papel en el plano externo y en el comercio mundial frente a la intensa agitación del frente interno donde se mezclaban asonadas golpistas y debates ideológicos con un acentuado nacionalismo.