• 26/09/2026 03:28

El Real Madrid en la tierra de los incas

Después de las independencias del Perú y de Panamá, ambas en 1821, España establece relaciones con el Perú en agosto de 1879 y con Panamá, después de consumarse la separación de Colombia, en mayo de 1904. Con la misma rapidez con que transforman las sociedades del istmo y del Perú por efecto de la modernización industrial, el maquinismo y las reivindicaciones sociales, así también cambiaban las convicciones políticas. Una rivalidad notoria de aquella época fue la acontecida entre las corrientes hispanista e indigenista. La primera fue la postura ideológica de la élite dominante que sostenía que la cultura autóctona debía ser asimilada dentro de la cultura occidental mientras que la segunda, la del socialismo local, buscó reivindicar la cultura aborigen. En el Viejo Continente, mientras tanto, España buscaba establecer nuevos lazos con Latinoamérica reivindicando -a través de ferias económicas internacionales, literarias y culturales- el pasado común y la existencia de una herencia compartida.

En ese contexto, la corriente hispanista encontró cobijo y coincidencias con aquella España que tenía más en común con el Nuevo Continente que con sus vecinos mediterráneos y atlánticos, lo se tradujo en acciones de política exterior donde el deporte también fue movilizado para reforzar los lazos de mutua simpatía. La España de ese entonces exportó intelectuales y líneas de pensamiento que nutrieron las ideas políticas latinoamericanas.

Hace noventa y nueve años arribó al puerto de El Callao el equipo de fútbol español “Real Madrid” para disputar partidos amistosos con equipos de Lima y del puerto. La escuadra española arribó en el barco “Santa Ana”, vía Buenos Aires, siendo presidida por Santiago Bernabeu quien fue recibido, a su llegada, por Alejandro Garland, presidente de la Federación Peruana de Fútbol. La revista semanal “Mundial” reportó el acontecimiento publicando una serie de fotografías (nro.374, año VIII, agosto 1927) donde, en una de ellas, aparece el entrenador del cuadro español Pedro Llorente y el señor Raúl Blanco, entrenador del equipo porteño peruano. Un hecho histórico de particular relevancia si se toma en cuenta, de un lado, el prestigio actual del que goza el “Real Madrid” y, de otro, que su visita al país de los incas respondió a una gestión del gobierno del entonces presidente Leguía en el afán de divulgar los resultados de la “Patria Nueva” a través del deporte. Para el gobierno español la gira representó la oportunidad de conectar con la comunidad de compatriotas migrantes en esta parte del globo.

Una semana después, la misma revista publicó una extensa nota acerca de la victoria del equipo madrileño sobre el combinado limeño-chalaco (4-1) en el “match” del domingo 14 de agosto y del empate del día lunes 15. A los encuentros asistió el presidente Leguía acompañado por el jefe de la legación española en Lima y por el cónsul español. Un dato anecdótico sobre el revés inca del día 14, el desenlace final no fue consignado en ninguna crónica deportiva local impresa e intencionalmente se esperó al resultado futbolístico del día siguiente para generar una noticia que remonte el alicaído espíritu de los aficionados peruanos.

Ambos encuentros dejaron una taquilla de 47 mil soles, una suma considerablemente alta que evidencia el aforo total del estadio nacional como testimonian las vistas que se conservan hasta nuestros días, obra de los reporteros gráficos Campbell y Aviléz (Revista “Mundial” nro. 375, Año VIII, agosto 1927). La nota periodística, al tiempo de destacar el valioso desempeño del arquero español Vidal, registró que el “team” madrileño estaba integrado por José Mari, Moraleda, Traviezo, Menéndez, Lope Peña, Quezada, Esparza, Gurruchagui, Muñagorri, Del Campo, Triana, Urquizo y Pratts. Por su parte, el combinado peruano estuvo formado por Moscoso, Parravicini, García, Segalá, Blanco, Maquilón, Quintana, Lavalle, Montellanos, Villanueva, Neyra y Sarmiento. El “match” principal del lunes estuvo precedido por el partido del “Lawn Tennis” -integrado por ciudadanos británicos- y el Sport Inca que terminó en empate.

El “Real Madrid” venía de jugar en Argentina y Uruguay donde obtuvo resultados poco favorables. Perdió 4-0 contra el Newell’s Old Boys de Rosario; ganó 2-1 al Boca Juniors; perdió 2-0 contra Racing Club y empató con el Peñarol en Montevideo. Terminada la gira peruana, el equipo español navegó hacia Cuba, México y Estados Unidos, vía Panamá, donde jugaría ocho partidos en total (Combe, 2017). Con independencia de los resultados, la gira futbolística significó un triunfo moral que permitió a la Península mejorar su posicionamiento sudamericano.

Más tarde, como afirma el especialista deportivo Gómez (2026), el “deporte rey” devino, en América Latina, en “una herramienta de cohesión nacional y de propaganda. La construcción de estadios, el impulso de los clubes y las selecciones nacionales y el desarrollo de las competencias formarían parte de una política de Estado a gran escala”. El año 1927 fue solo el comienzo.

* El autor es secretario general de la cancillería peruana
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