La exmagistrada colombiana habla sobre el rol de contrapeso del periodismo, el derecho al olvido, reformas constitucionales y los desafíos de nuevas tecnologías...
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Carta de despedida al culminar mis funciones como embajador en Panamá, en nombre del gobierno presidido por Gustavo Petro Urrego: Unido a su historia que por milenios nos ha juntado, ofrezco a Panamá, “la bella y amorosa cintura que une a las Américas”, a su pueblo, a su gobierno y autoridades, así como a sus organizaciones sociales, políticas, económicas y culturales, un reconocimiento franco y sincero. Lo hago con deferencia, a manera de convite, para manifestar mi agradecimiento por la generosa aceptación, acogida y beneplácito que me brindaron ustedes, panameñas y panameños, en estos 19 meses de ejercicio diplomático, en los que, con orgullo bolivariano, tuve el honor de ser el embajador y representar a Colombia ante esta querida hermana República.
La juntanza vino a revelarse totalmente desnuda, apenas pisé el istmo, asida en la leyenda de Abya Yala, y en los asomos de la memoria sobre esta América y las tierras de la Nueva Granada y la Gran Colombia de ayer, y la Colombia de hoy.
Con gran sentimiento recorrí las provincias que señalan los mapas geográficos, y lo hice con el deleite de una misión genuina de hermandad trazada en mi itinerario misional, de oriente a occidente y de sur a norte, sorprendido siempre por esos recibimientos rebosantes de calidez humana, y de un derroche de hospitalidad amorosa de sus gentes, sus autoridades, líderes sociales, estudiantes, profesores, representantes regionales y locales, gobernadores, alcaldes, diputados y amigos en general, con quienes tuve la oportunidad de compartir las ocupaciones de la representación diplomática, además de los encargos tocantes a la identidad latinoamericana, tarea principal en esta oportunidad excepcional que los buenos vientos y tiempos me permitieron al coincidir con la celebración y conmemoración del Congreso Anfictiónico de Panamá.
Debo señalar, sin reparos, que esta excelsa ocasión conmemorativa, el Bicentenario del Congreso Anfictiónico, única e irrepetible, fue el ejercicio pedagógico a través del cual trajimos al presente la herencia de nuestras historias y recrear así el mandato de unidad que nos legó el Libertador, ese gran camino que sigue abierto a la espera de continuidades y reafirmaciones en la defensa de la identidad y la soberanía de los pueblos.
De las muchas diligencias que tuve la suerte de compartir, entre gestiones culturales, políticas, diplomáticas, económicas, deportivas y las concernientes a la atención a esa colombianidad que en diferentes escenarios y campos de la actividad laboral y cultural hace presencia en este bello istmo, puente de vida, permítanme dar especial significado a la tarea pedagógica llamada “Un café con Bolívar”.
Fue una actividad multiplicadora y didáctica, en el marco de la celebración del Bicentenario, como aporte para promover y difundir los motivos que llevaron al Libertador a convocar este fundamental encuentro americano, aquel 7 de diciembre de 1824, hoy por todo el mundo conocido como el Congreso Anfictiónico de Panamá.
Este “café con Bolívar” es un conversatorio donde las inquietudes y expectativas de los asistentes hacen presente la palabra, enriquecen el conocimiento y la importancia de Panamá en ese trascendental Congreso, y, echándole agüita a la historia, ayuda a entender el porqué es vigente el pensamiento del Libertador en estos tiempos y territorios. Debo reiterar mi sentir de americano y bolivariano, en el agradecimiento.
Fue el pueblo panameño, fueron sus gobernantes, y fueron también muchas mujeres y hombres, jóvenes y adultos, quienes hicieron posible mi presencia como embajador en Panamá, por cuanto aquí aún palpitan los corazones que, en nuestra historia de inmediatos tiempos de luna llena, le dieron fuerza a la esperanza de nuestros sueños con el ánimo de hacerse realidad en el camino del cambio, y que el mundo y los desarrollos científicos y tecnológicos de la humanidad reclaman.
A todas ellas y a todos ellos, hermanas y hermanos de vida, mi admiración y especial afecto. De igual manera, mi gratitud a los medios de comunicación panameños, y en particular al diario La Estrella de Panamá, cuya generosidad en la divulgación de distintas actividades culturales de la embajada colombiana enalteció nuestra labor.
Finalmente, porfío y reafirmo el sentir y la admiración que desde hace más de medio siglo me unen a esta bella Panamá, a su historia y certeza de dignidad, al haber recuperado su soberanía y lograr el control total de la administración de su Canal, ejemplo y encargo liderados por el buen general y amigo Omar Torrijos, quien recogió el mensaje de generaciones previas, aquellas que lanzaron señales de soberanía y sembraron banderas, y llenaron de razones las inquietudes que movían los entusiasmos y utopías de aquellas generaciones inquietas en los maravillosos años 60.
Ahora que llegan los vientos de agosto y con ellos mi regreso a casa, les ofrezco un sentimiento que me acompaña desde los tiempos del amor y la esperanza, cuando buscábamos cómo despertar los sueños de justicia social, necesario camino para construir y lograr la tan anhelada, y a la vez esquiva, paz para Colombia. Estas son mis sinceras palabras: “Ofrezco mi corazón como un territorio despejado de violencias, lo brindo como un rinconcito libre de odios y resentimientos; ofrezco mi vida como una vereda lejana a los rencores y la acicalo con amor, con el mismo cuidado como un campesino cuida su labranza cuando la prepara para la gran cosecha de la paz”.
Con especial aprecio al pueblo panameño,
Fabio A. cosecha Mariño Vargas,
Embajador de Colombia en la hermana República de Panamá.