• 04/08/2026 00:00

¿Por qué no investigaron bien supuesto accidente del general Torrijos?

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Desde que se publicó en 2024 mi libro ¿Quién Mató al general Torrijos? ha seguido la polémica sobre si lo ocurrido con esa muerte fue un accidente o hubo mano criminal.

Me anime a escribir sobre aquello al terminar en 2023, ¿Quién mató a José Ramón Guizado? que versa sobre el asesinato del presidente Remón Cantera el 2 de enero de 1955. La gente seria coincide que se trató de un crimen sin culpables, muy mal investigado por el interés de los gobernantes y sus mismos familiares, de taparlo todo, para que nunca se descubriera ese complot. El caso del general Torrijos puede haber sido igual.

¿Por qué? Torrijos muere el 31 de julio de 1981 cuando el avión que lo transportaba a Coclesito desde Penonomé se estrelló en el Cerro Marta. El “accidente” ocurre poco después de que el piloto Adames avisara a la torre de control un último mensaje: “Coclesito a la vista”. Para algunos esta expresión revela que la pista estaba visible para quien capitaneaba la aeronave, no existiendo motivos para que cayera y explotara en la ladera de una montaña.

Cuenta en uno de sus libros el doctor, Marcel Salamín, muy cercano a Torrijos que, cuando a él, el 1 de agosto –día siguiente del accidente- corresponde informarle al gabinete y a altos funcionarios que estaban reunidos que no habían encontrado a ningún sobreviviente, él se le acercó a un oficial allí presente y le dijo: “Coronel: Este hecho debe investigarse hasta las últimas consecuencias”, recibiendo como tajante respuesta: “Esto fue un accidente. No hay nada que investigar. Es una orden”.

La dependencia encargada de las investigaciones criminales era el Departamento Nacional de Investigaciones (DENI), bajo la dirección de Darío Arosemena, allegado al general Torrijos. Se le marginó por completo de la investigación.

La Procuraduría General de la Nación se encargó de todo, nombrando una comisión de cinco personas, todos funcionarios públicos de segunda línea: tres de Aeronáutica Civil y dos subtenientes de la Guardia Nacional. En base al dictamen de estos “expertos” y al de las empresas que vendieron el avión y su motor, se determinó que lo ocurrido se debió a inclemencias del tiempo. Que no hubo mano criminal. Pero, me preguntó, ¿podía una comisión de ese nivel arriesgarse a decir algo con que los que mandaban no estuviesen de acuerdo? Tal comisión carecía de total independencia.

Se ha aducido que el capitán Adames, piloto del avión, no tenía experiencia profesional suficiente para manejar ese avión al no ser graduado como piloto, lo cual logró por su práctica. Sin embargo, ¿acaso Torrijos iba a confiar en un inexperto para que fuese su piloto las tantas veces que viajó con él? Totalmente absurdo.

El primer periodista que intentó ir al sitio del suceso fue el entonces reportero de RPV Canal 4, René Hernández. Cuando llegó cerca, unidades policiales le impidieron llegar a su destino, impidiéndole cumplir su labor periodística. ¿Qué escondían?

¿Por qué durante los días siguientes al “accidente” el entonces coronel Noriega, jefe del G2, se quedó sin salir del cuartel central, inclusive durmiendo allí? ¿Sería para mantener total control desde allí?

El coronel Florencio Flores reemplaza el 1 de agosto al general Torrijos como comandante. Quiso continuar con el plan de Torrijos de que los militares se replegaran a los cuarteles. Siete meses después, lo sacan de mala manera de la jefatura, y los que seguían en línea, Rubén Darío Paredes, Armando Contreras, Manuel Antonio Noriega y Roberto Díaz Herrera, firman un pacto para repartirse la comandancia en tiempos iguales. El dicho sostiene que cuando no se sabe quién fue el autor de un hecho, debes indagar sobre quienes se beneficiaron de él. ¿Habrá sido una rebelión interna ante la decisión de Torrijos que todos los miembros del Estado Mayor se debían jubilarse en agosto de ese año?

El expresidente Demetrio Lakas y Ricardo de la Espriella, entonces vicepresidente de la República, fueron muy cercanos al general Torrijos. Entre ambos pretendieron contratar un investigador en Estados Unidos, convencidos de que lo ocurrido no fue un accidente. Los altos mandos militares los persuadieron para no hacerlo.

El crimen no investigado del general (póstumamente) Remón Cantera ocurrió hace 71 años. El “supuesto accidente“ del general Torrijos sucedió hace 45 años. Al igual que muchos, soy de opinión que Torrijos tuvo el mismo final que el presidente Remón: fue víctima de un complot.

* El autor es analista político
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