• 21/03/2010 01:00

Sobre los padres que mienten a sus hijos

Dudo mucho que haya algún padre que no mienta a sus hijos, pero sin tomar en consideración que durante la infancia los padres son “TODO”...

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Dudo mucho que haya algún padre que no mienta a sus hijos, pero sin tomar en consideración que durante la infancia los padres son “TODO” para ellos y les creen cualquier cosa.

¿Cuál es el efecto que ha de producir en un niño el percatarse, en algún momento de su desarrollo, que aquello que él siempre había considerado verídico, porque se lo habían afirmado sus padres, resulta ser falsedad? Un gran desconcierto e inseguridad, sobre todo a aquellos de carácter más débil, pues ya no sabrán con certeza si todo lo demás que ellos aprendieron y daban por realidad, resultará también ser mentira.

Y, por supuesto, por temor a hacer el ridículo no se atreverán a participar, a tomar iniciativas o decisiones, lo que les impedirá ser emprendedores exitosos, empresarios, que son los que mueven la economía mundial. Esto se comprueba, porque la mayoría de los panameños siempre anda en busca de un empleo antes que aspirar a crear una empresa propia. Tal inseguridad hasta podría perdurar para toda la vida.

Por ello, controlar los ímpetus y travesuras infantiles inculcándoles temor al asegurarles la existencia del diablo, de brujas, duendes, tuliviejas y otras tantas estupideces, así como mofarse de sus acciones y preguntas no muy coherentes durante su período de aprendizaje, con toda seguridad lo convertirían, también para el resto de su vida, en una persona apocada, temerosa o su superación personal tomará mucho más tiempo de lo normal. Recuerde que los chicos más activos, los traviesos, generalmente son los que triunfan en la vida, no los apocados.

También me refiero a aquellas mentiras “ blandas ”, de supuesta buena fe, que pretenden otorgarle a los niños momentos de felicidad, pero a la vez acondicionamiento religioso, tales como la que: “ si te portas bien, el Niño Dios o Santa Claus, te traerán regalos ”, lo cual irremediablemente termina en decepción.

Los reyes y dictadores siempre utilizaron el terror como la forma de someter a sus súbditos. Igualmente, muchos chamanes, brujos, y religiosos de todo tipo, han dominado a las tribus, a los imperios y, aún hoy, a muchas naciones civilizadas, a través de supercherías y amenazas, asegurándoles que de no aceptar su palabra cometerían una grave falta o pecado que en algún momento le conducirá a una horrible desgracia.

En este sentido y para hacer valer su palabra, quienes históricamente aseveran comunicarse con Dios o con los dioses y ser sus voceros, frecuentemente han generado gran violencia física y psicológica contra otros, incluyendo la tortura y hasta los sacrificios humanos de aquellos que incumplan la supuesta voluntad de la deidad, pero en realidad de lo que se trata es de sembrar el terror para lograr imponer la propia, de la cual se benefician.

No en vano los reyes y demás absolutistas, siempre se presentaban como escogidos por la divinidad para gobernar; una farsa absoluta que casi nunca fue negada por los representantes religiosos de todos los signos y creencias, que a ellos se aliaban.

No mintamos a nuestros hijos, pues el costo psicológico que por ello deberán pagar de por vida es invaluable y esta condición de desconcierto puede llevarlos hasta a buscar apoyo y refugio en las malignas drogas.

*Empresario.jcorream@cwpanama.net

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