• 10/03/2015 01:00

La Escuela Normal: ayer, hoy y el futuro

Ir a la Escuela Normal hace 75 años o más, era un sueño casi inalcanzable

Ir a la Escuela Normal hace 75 años o más, era un sueño casi inalcanzable. Afrontamos grandes esfuerzos y sacrificios que nuestros padres o hermanos tenían que realizar para culminar un anhelado sueño.

Enclavada en la ciudad de Santiago, una prodigiosa obra, gloria de América, sin despilfarros ni gastos innecesarios, es orgullo para el hombre del campo y de las grandes ciudades. Este punto es vitalísimo porque su creador, el Dr. Juan Demóstenes Arosemena, estaba dirigiendo la brújula educativa hacia las clases sociales marginadas con salarios casi miserables. En otras palabras, como decía su gestor: ‘La vuelta al interior de la República y su incorporación a la vida moderna y al progreso’.

Es una revolución, se abren ventanas de progreso y de transformaciones sociales al hombre de las campiñas interioranas. Es decir, nuevas generaciones surgieron inspiradas en los ideales de servir y elevar las condiciones infrahumanas del interior. Sacarlos del atraso, de la informalidad, de la dependencia para integrarlos a una vida productiva, creadora e inspirada en nuevos ideales y en el crecimiento profesional.

A mi juicio, aquí está el sustento y razón de ser de este Monumento Histórico Nacional, gloria para Panamá y el Mundo, cuya Ley que la eleva a Monumento Nacional tiene que ser reformada para ajustarla a la realidad de esta estructura y, sobre todo, para evitar que se atente contra su historia y su belleza arquitectónica. Hacemos este señalamiento que es menester retomar, porque la Ley 54 de 12 de diciembre de 1984, que la declara Monumento Histórico, dice simplemente: ‘Se declara Monumento histórico Nacional el edificio que alberga a la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena...’.

Conceptúo que constituye una disposición vaga e incompleta que podría permitir pésimas interpretaciones. Por ejemplo, la demolición del Monumento al Cacique Urracá, ubicado en el jardín frontal, indio veragüense que resistió los ataques de los conquistadores españoles por más de nueve años, constituye un improperio que la Dirección de Patrimonio Histórico del INAC no debe tolerar. Este atrevimiento desmerece la elegancia contra la Normal y constituye un irrespeto a Veraguas y a las luchas del pasado.

Ese monumento de fuertes rocas talladas por profesionales en 1938, tiene que recuperarse. Haberse llevado las históricas piedras hacia lugares desconocidos, constituye una difamación a la familia normalista. Esta inspiración normalista que fue traída del parque que lleva su nombre en la ciudad de Panamá, sirvió de estímulo a los normalistas.

Hoy, la Escuela Normal tiene un compromiso con el Magisterio Panameño, con su formación y con los cambios recomendables para hacer que la misma apunte hacia la Universidad Pedagógica. La baja matrícula en la actualidad merece una urgente atención por parte de la ministra de Educación. Debe preocupar a los veragüenses el futuro de este hermoso centro educativo, porque la Normal se concibió para liberar el interior y que no estuviera sojuzgado a la capital. Aquí existen las condiciones indispensables para las transformaciones que se requieren.

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