• 14/07/2026 00:00

La geografía y la minería en Panamá

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El ambientalismo bien llevado es beneficioso para la biosfera porque optimiza el uso del medio natural de manera científica en provecho de la mayoría. Cuando tiene otras motivaciones y es manipulado por actores con agendas particulares o simplemente es adoptado como un culto religioso, puede convertirse en un freno al desarrollo y la felicidad de las sociedades que dice servir. Panamá nació como la Castilla de Oro y fue, durante siglos, desde el XVI, también un país minero. ¿Por qué lo olvidamos?

En geografía económica el sector minero ocupa un lugar singular; el mundo actual no existiría sin él. Desde el Neolítico despegó la historia de la civilización cuando hace 7,000 años comenzó la minería metálica, con la Edad del Cobre, en el Oriente Medio. Desde entonces, se aceleró el desarrollo humano con una velocidad inaudita. Hoy, la minería ocupa cerca del 1% de la superficie emergida del planeta, mientras que la mina de cobre de Panamá en Donoso ocupa realmente 4,200 hectáreas, menos del 0.001% del territorio nacional.

Después de una inversión extranjera de 10,000 millones de dólares en una región extraordinariamente rica en mineral de cobre, la oposición ambientalista conservadora la combatió. Desconociendo la geografía y los mapas acusaron falsamente de ingentes afectaciones ambientales a la mina de Donoso, con escasa población vecina, que llegarían hasta el mismo Canal, 100 kilómetros al este. Recordemos que la mina está en la cuenca del río Caimito que desagua en el Caribe. Para llegar al lago Gatún tendría que pasar por las cuencas separadas del río Coclé del Norte y del río Indio. Argumentaban que la mina contaminaría esa cuenca a más de 40 kilómetros y el lago Gatún cuando existiera el nuevo lago propuesto para dotar de más agua al Canal de Panamá y a la inmensa población vecina. ¡Audaces, incluso comparaban la mina con la situación del enclave colonial en la antigua Zona del Canal!

La mina de cobre producía el 5% del PIB, casi tanto como el Canal, representaba el 68% de las exportaciones de bienes y generaba más de 50,000 empleos directos e indirectos. Un ambientalismo irracional se impuso en 2023 sobre un gobierno incompetente y corrupto que concitó, también por esas razones, un fuerte rechazo estructural; una ideología extremista incitó a gente con una educación deficiente a oponerse a una actividad económica que crea mucha riqueza y empleo. Preguntamos: ¿Hubo grandes manifestaciones contra la falta de agua potable, la contaminación sanitaria, acústica y visual, la mala gestión de la basura (cerro Patacón) en las ciudades donde vive la mayoría de la población, o contra la degradación de los suelos y la deforestación por actividades extensivas en el paisaje rural? Respondemos: ¡ninguna!

Es cierto que la actividad minera como todas las humanas impacta el medio natural, aunque produce tanto que, con mitigaciones apropiadas, el balance es ampliamente positivo. Pero continúa generando rechazo por parte de “ambientalistas”, muchos de clase media y alta urbana con empleos seguros e ingresos elevados, con gran peso mediático. Menosprecian el trabajo riguroso de las auditorías SGS realizadas por una empresa de nivel mundial, cuyo resultado fue: “La auditoría integral del proyecto Mina de Cobre Panamá concluyó que la operación registró un nivel de cumplimiento global de 87.73% en 370 compromisos ambientales, laborales, técnicos y legales durante el período 2019-2023”. Políticos maliciosos quisieran someter el tema de la minería a un referéndum, cuando sabemos que en esos casos la mayoría vota contra cualquier gobierno que lo presente más que por un proyecto específico, aunque sea bueno.

Algunos, bajo el influjo del conservacionismo importado, que se creen más “modernos”, sostienen que la minería es intrínsecamente mala y que debemos ser un país libre de minas. Lo hacen a pesar de que la mayor parte del territorio está muy despoblado, de que la minería metálica ocurre lejos de las áreas densamente habitadas y ocupa muy poco espacio, sin afectar directamente a la inmensa mayoría de la población.

Sectores más sensatos proponen la reapertura de la mina de Donoso con mayor precaución ambiental y bajo condiciones más ventajosas para Panamá. Mina que produce metales cuyo precio en el mercado internacional aumentará a mediano y largo plazo. Serviría para alimentar nuestra economía con miles de millones de dólares al año y crear decenas de miles de empleos bien remunerados, especialmente en su área de influencia directa. Facilitaría, igualmente, el mejor equilibrio regional, tan necesario, potenciando las provincias de Colón y Coclé.

Tenemos otras minas de cobre comparables a la de Donoso como Cerro Colorado, considerada desde la década de 1970, que se intentó reactivar en 2011, proyecto fallido por la protesta de indígenas ngäbe-buglé, apoyados por opositores desde la capital vinculados al movimiento internacional contra las minas, y por políticos opuestos al gobierno nacional, así como antes, la muerte del general Omar Torrijos en 1981 y el débil precio del cobre en ese momento. Además, está Cerro Quema, proyecto suspendido que despierta fuertes rechazos entre habitantes de Tonosí, bajo el control de una mentalidad adversa sometida a la irracionalidad propuesta desde lejos. Como geógrafo sin ningún vínculo con Minera Panamá y alejado de la política partidista, espero que la sensatez y la racionalidad se impongan y se reabra pronto la mina de Donoso, que ya existe, y aprendamos a aprovechar nuevamente nuestros inmensos recursos mineros en beneficio de los panameños.

Sobre la historia de la minería en Panamá ver del geólogo Stewart D. Redwood: De la minería de oro precolombina a la minería moderna de cobre”, en el Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana, vol. 72 (3) 2020.

* El autor es geógrafo e historiador
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