• 01/04/2015 02:00

Esta justicia tardó, pero llegó

La envidia, la venganza y la arbitrariedad fueron malas consejeras.

Con pleno conocimiento directo y personal de los hechos cuestionados, hace exactamente cinco años comenté en este mismo espacio, bajo el título ‘El pecado de Joudry’, el injusto castigo impuesto al entonces comisionado Roberto Joudry, cuando fue arbitrariamente destituido de la Policía Nacional. Sus superiores jerárquicos truncaron su prístina carrera de 25 años con justificaciones infames e indignas de una institución que debe ser siempre faro de decencia, rectitud y transparencia. La envidia, la venganza y la arbitrariedad fueron malas consejeras.

Hoy, la Corte Suprema de Justicia le ha dado la razón a Roberto Joudry y aquella acción ruin ha quedado al descubierto, para bochorno y deshonra de sus promotores. Creo pertinente repetir a continuación partes de aquel comentario.

Estoy forzada a referirme a este penoso episodio, porque puedo dar testimonio directo de lo ocurrido. Peor aún, porque, al cometerse lo que considero es una palmaria injusticia contra un compañero en especial, se corre el peligro de perturbar, a lo interno, la moral de la institución policial y, a lo externo, de avivar la censura ciudadana contra un organismo que necesita estar libre de toda mácula.

Los hechos no han sido controvertidos. Abundan testimonios, documentos y peritajes que constan en investigaciones independientes de la Fiscalía Electoral, el Ministerio Público y la Contraloría General de la República, que aquí resumo.

Concluidas las elecciones del 2004, recibí en mi oficina de campaña una llamada de la Dirección del Tránsito de la PN, dirigida entonces por Roberto Joudry, solicitando la donación de vallas publicitarias utilizadas en mi campaña electoral, para destinarlas a una campaña de esa Dirección para prevenir accidentes en las carreteras nacionales. Fui la única, de todos los candidatos del entonces Circuito 8-8 —hoy 8-7—, que aceptó de inmediato prestarlas para colaborar con la institución y acordamos, de salida, que la PN me las devolvería si las llegase a requerir en otra campaña electoral. Un camión de la PN las retiró del taller donde estaban depositadas.

Transcurridos cuatro años solicité la devolución del material prestado. Muy apenado, luego de búsqueda infructuosa en la PN, el comisionado Joudry, ahora ascendido a director de Operaciones, me informó que a la PN le era imposible devolverme las mismas vallas prestadas, porque, al utilizarlas como fue acordado, se habían deteriorado o perdido con el transcurrir del tiempo. Como miembro pundonoroso de una institución digna de credibilidad, me aseguró que su palabra empeñada lo obligaba moralmente a reemplazármelas. Efectivamente, lo hizo; y aunque de menor tamaño y calidad que las originales, le agradecí su ejemplar gesto.

Esos son los hechos comprobados en todos los expedientes levantados. Las vallas no fueron prestadas ni entregadas al comisionado Joudry a título personal, como ahora se aduce falsamente. Fueron solicitadas por la PN, autoricé su entrega a un vehículo oficial de la PN para un objetivo oficial acordado, y fueron efectivamente utilizadas en una campaña oficial. Las vallitas devueltas fueron confeccionadas con fondos estatales, porque reemplazaban las prestadas a la institución estatal. No hubo mala intención de nadie, solo sanos propósitos sin dolo ni mala fe ni encubrimiento de ninguna índole.

Quiero dejar constancia de los hechos, para que se juzgue, si existe mérito, para acabar arbitrariamente con una carrera de 25 años. Irónicamente se trata de un oficial precisamente con formación policial, egresado de una academia de policía. Así como se alega que el sistema democrático, exige que haya procesos democráticos a lo interno de los partidos políticos, considero que la Policía Nacional debe respetar siempre los debidos procesos internos, sin mácula ni arbitrariedades, para merecer la confianza y el aprecio que tanto necesita del público.

EXDIPUTADA

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