En Panamá, el cáncer se ha convertido en una de las principales enfermedades que enfrentan los adultos mayores
- 12/10/2012 02:00
El camino hacia la luz educativa
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Agrega La Estrella en Google ↗️El 10 de mayo de 1933 el canciller de Alemania, Adolfo Hitler, ordenó la incineración de libros en las calles de Berlín. Cuentan los historiadores que los libros consumidos por aquellas llamas repulsivas, contaminadas con ignorancia e impregnadas de racismo y, predicando una falsa creencia en la supremacía de la llamada ‘raza aria’, fueron escritos por autores de origen hebreo, tales come Freud, Einstein, H. G. Wells, Thomas Mann, y Jack London. Añaden que bajo el resplandor de la fogata se divisaban grupos de estudiantes saludando en el estilo Nazi.
Aludo a este retazo de historia repugnante y deprimente, como introducción de esta pieza para subrayar lo que opino de la actitud de nuestra ministra de Educación —pregunta que hiciera el pedagogo Paulino Romero a nuestra ciudadanía en su reciente artículo en La Estrella de Panamá del 7 de octubre de 2012. Y es que el Meduca ‘ha eliminado algunos textos de autores nacionalistas panameños y la cátedra que se dictaba en la secundaria de Relaciones de Panamá y los Estados Unidos’. Lamentamos esa desafortunada medida tomada por el Meduca; pero acordándome de la actitud anterior de nuestra ministra en el incidente de las ‘trenzas’, me parece que la comparación que hago no está fuera de lugar.
Por cierto, ella no es Hitler, ni pretendo alegar indirectamente que lo sea; pero sostengo que su actitud hacia los libros y el impacto social y político de éstos, se asemejan, en mi opinión, a lo que temía Hitler. Sucintamente, tiene mucho en común.
He aquí a lo que me refiero.
Los libros incinerados por Hitler, en su mayoría, fueron escritos por hebreos cuya filosofía política y visión social y educativa éste encontró contraria a su visión de una Alemania imperial. Me refiero específicamente a los escritos sicológicos, filosóficos, e históricos. Fue tanto su odio, que Hitler no solo incineró libros sino a todos aquellos quienes, según él, no eran parte de la raza aria.
Por temor a ser mal interpretado reitero, la ministra no es Hitler ni es esta crítica de carácter personal. Acordémonos de aquellos curas quienes apresaron a Galileo cuando este promulgó que ‘la Tierra se movía’. Notemos entonces que los textos eliminados por ella y sus asesores son de carácter político e ideológico y que sus autores son ‘nacionalistas’. Más aún, la cátedra que ella rescindió se titulaba ‘Relaciones de Panamá y los Estados Unidos’.
Hitler hizo quemar los libros para que las ideas contenidas en ellas no pudieran penetrar y afectar el pensamiento de los jóvenes alemanes. Nuestra ministra elimina los libros y la cátedra, tal vez, por la misma razón. ¿Mera coincidencia? No pretendo saber. Empero como profesor emérito del sistema universitario de la ciudad de Nueva York —Brooklyn College— sí sé que aquellos quienes intentan prohibir la diseminación de ideas, porque discrepen con ellas, son enemigos de la libertad de expresión y de la educación. Estas personas desean manipular y manejar lo que la sociedad piensa.
La misión de todo buen educador es encaminar a la juventud ‘hacia la luz’, ofreciéndoles ideas diversas y no sofocarlos en las llamas de la ignorancia.
Lamentablemente, si estoy en lo cierto, nuestra ministra y sus asesores deben renunciar a sus cargos.
DOCENTE UNIVERSITARIO Y ESCRITOR.