• 27/06/2016 02:01

Con el pandero en la mano

‘La promesa de que el canal ampliado beneficiaría a todos los panameños debe cumplirse'

En junio de 1996, refiriéndome al Canal de Panamá escribí el artículo ‘Ni cuerno de abundancia ni ubre generosa '. Lo que dije entonces cobra mayor vigencia en ocasión tan significativa para Panamá, la inauguración de la vía que transitarán las naves que, por su tamaño, antes no podían cruzar el canal. Las primeras huellas que aparecen en los trillos de mi memoria tienen mucho que ver con la existencia de la gran zanja; como a muchos, el bienestar económico de mi familia giró en torno a la zona canalera, donde trabajaba mi padre. El canal, fuente de prosperidad mezquinamente repartida, es símbolo de orgullo por la lucha de décadas que permitió a este pequeño país recuperar su soberanía sobre el territorio tantos años en manos del país más poderoso del mundo. Decía en 1996, que parecía que el canal en vez de ser para todos los panameños, era ‘todos los panameños para un canal ', porque la vida nacional giraba, casi que exclusivamente, alrededor del canal.

El éxodo del campo a la ciudad, que se incrementó cuando recuperamos el bien por el que tantas generaciones lucharon, sigue incontenible; los cinturones de pobreza se extienden; los agricultores continúan abandonando sus tierras; los trabajos más codiciados en el sector público están en la capital; la construcción de grandes obras es un imán; las madres campesinas abandonan el hogar para ir a trabajar a la ciudad; contar con ‘agua de la pluma ', centros de salud y hospitales, televisión y decenas de ‘malls ' se ha vuelto necesidad y atractivo. Riqueza y pobreza se concentran en la zona metropolitana que ya se extiende hasta Arraiján, La Chorrera, San Miguelito y Pacora; pero a las zonas indígenas solo las alcanza la pobreza. Hoy, como en 1996, puedo decir refiriéndome al canal, ‘tal parece que creemos que allí está el cuerno de la abundancia o que es como una vaca lechera de hinchada y generosa ubre '.

Hace veinte años las proyecciones indicaban que para el crecimiento de la población en la región metropolitana no habría los servicios básicos que se requerirían. El resultado está a la vista: mayor hacinamiento, delincuencia, congestionamiento vehicular de pesadilla en las calles, dependencia de alimentos importados, etc. Y muchos panameños gastando suelas y esperanzas. No es un cuadro halagador, aunque el Panamá que deslumbra a los extranjeros por sus rascacielos de lujo y ‘malls ' con ‘lo último de lo último ' ha estado y sigue estando entre los países con peor distribución de la riqueza. ¿De qué pie cojeamos? Si fuéramos ciempiés, de todos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la consultora Ikei, a petición de la Concertación Nacional para el Desarrollo de Panamá (CNDP), llevaron a cabo el primer foro bajo el Gobierno Varela. El PNUD concluyó que ‘hay poca transparencia en la gestión pública ', mal viejo y conocido; el Erario ha sido botín para el enriquecimiento ilícito, lo que me recuerda al expresidente que decía ‘entran pobres y salen millonarios ', lo que se hizo realidad para muchos que lo cumplieron al pie de la letra. La consultora Ikei, participante en el foro, señala ‘la evidente falta de diversificación en la economía panameña que se centra fundamentalmente en los servicios financieros y en el canal '. Isabel Atencio, consultora de las Naciones Unidas, declara que la concentración de la inversión y de la actividad económica en la capital ha provocado ‘un abandono casi completo del sector agropecuario '; y que ‘la peor cobertura de salud, educación y vivienda está en las áreas rurales e indígenas '.

La Autoridad del Canal de Panamá propuso el proyecto después de años de estudios; el entonces presidente de la República, Martín Torrijos, presentó el plan el 24 de abril de 2006; en referéndum nacional, de 22 de octubre de 2006, fue aprobado con el 76,8 % del voto. La CNDP fue creada por Torrijos para ‘que la ampliación del Canal de Panamá no beneficiase exclusivamente a intereses particulares, sino que tuviese un impacto positivo en el desarrollo de todo el país '. Buscando información encontré el capítulo en que, ‘llevándose en los cachos ' los compromisos con el CNDP, el expresidente Martinelli se embulló con la venta de las acciones estatales en Cable & Wireless y los terrenos de la Zona Libre de Colón, proyecto que vehemente defendió el señor Alberto Vallarino, entonces vicepresidente del Fondo de Ahorro de Panamá (FAP). La oposición de sectores en la CNDP y el repudio ciudadano ‘nos salvaron de las uñas del gato '.

Entonces, amigos lectores de este periódico, ahora con escasas páginas, gracias al injusto estrangulamiento al que lo someten los que tantos años gozaron de nuestras riquezas en aquel paraíso llamado ‘Canal Zone ', el pandero de la ampliación del canal está en manos del presidente Varela; los que queremos a Panamá no quisiéramos tener que advertirle ‘coge el pandero que se te va '. La promesa de que el canal ampliado beneficiaría a todos los panameños debe cumplirse. Que construya el cuarto puente sobre el canal y la Línea 2 del Metro. Pero que se empeñe en lo más valioso, en la mejor inversión: la educación de calidad que forma buenos hombres. Que haga que el campo vuelva a ser riqueza. Si el pandero se le va, será porque no lo agarró con firmeza. Excusas no habrá..

COMUNICADORA SOCIAL.

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