• 20/07/2020 00:00

¡Esa medicina es buena! O derrotando la medicina mercantilizada

Onixa Hayans, una joven guna dule, identificada con su cultura, salió positivo en la prueba de la COVID-19, junto a sus progenitores. A estos los enviaron al hospital en Panamá Oeste; a ella, a un hotelito de los contratados por el Gobierno.

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Onixa Hayans, una joven guna dule, identificada con su cultura, salió positivo en la prueba de la COVID-19, junto a sus progenitores. A estos los enviaron al hospital en Panamá Oeste; a ella, a un hotelito de los contratados por el Gobierno. Sus padres -de cuarta edad- no mostraron ni síntomas ni signos agobiantes, observados en esta categoría de edades donde muere uno de cada cuatro infectados, hecho que extrañó al personal médico y de apoyo en su sala de atención. Ocurría exactamente lo mismo con Onixa, internada en lugar distinto y dinámica de tratamiento no diferente al común de los aislados por este virus. Al cabo de sus cuarentenas, los tres salieron como si solo hubiesen regresado de un descanso vacacional. ¿Cuál variable o medida hizo la diferencia con el resto de los sufrientes del virus?

La expresión de una de las doctoras que le tocó atender a Onixa -lo mismo que el personal de servicios del hotel- una vez descubrió que ella y sus parientes estaban tomando un tratamiento alterno, da cuenta de la respuesta a esa interrogante: ¡Esa medicina es buena!, ¿qué contiene?

Al tener sospecha de que los medicamentos administrados por Minsa-CSS no producían ese tipo de resultados, arribó a una conclusión científica, esperada si y solo si, cuando no se tiene entronizado el razonamiento colonial que lleva a una medicina mercantilizada y tecnocrática. Lo científico de esta doctora estuvo en observar su eficacia -primera parte- y en indagar por sus componentes farmacológicos -segunda parte de la expresión.

La medicina no está mercantilizada por ella misma, sino en dependencia de la producción bienes convertidos en mercancías -medicamentos, insumos, equipos- que solo generan ganancias en la medida que se pongan a circular. En las instituciones públicas, el funcionario de salud que toma decisiones para utilizar tal o cual insumo médico, es quien garantiza que estos se adquieran y aseguran esa circulación de mercancías, a precios comúnmente sobrevalorados.

Esto es, se privilegia una terapia de grandes laboratorios europeos o de EUA o de China, que operan dentro de las reglas del mercado, engañosamente “libre”. En contraste, se rechazan aquellas que se alejan de estas reglas para el enriquecimiento de los mercaderes de la salud. Como cuando se le preguntó a uno de los especialistas de la comisión asesora de la anterior ministra Turner, el porqué de no emplear un conjunto de medicamentos que estaban dando evidencia de su relativa efectividad en Cuba e Italia y la respuesta veladamente anticientífica fue de descalificación inmediata, consolidando el uso de los productos de las grandes productoras transnacionales. Esta descalificación, es un perfecto reflejo de la práctica médica mercantilizada.

Ahora bien, si nos vamos a la misma comarca Guna Yala, se ha podido observar una rápida incidencia inicial del virus, cuando las principales comunidades pusieron su confianza mayor en la medicina occidental ofrecida por el Minsa; más recientemente, se ha avistado un aparente debilitamiento de este, toda vez que su capacidad de contagio comunitario ha ido mermando. Esto está asociado a que, dado el agotamiento de la capacidad de los servicios para asistir a la población-establecimientos sin insumos adecuados para enfrentar la COVID-19, insuficiente personal -además de su alta incomprensión de la cultura guna, ha emergido una especie de vuelta a sus raíces como guna dule; raíces de las que nuestro sistema escolar y mercantil capitalista los ha extraído.

Consecuentemente, se experimenta una creciente mirada al campo y mayor confianza en su propia medicina tradicional, más cuando han muerto muchos de los adultos mayores portadores de su profunda sabiduría. Lo que, según palabras del prestigioso maestro guna Manibinigdijinya Abadio Green, “pareciera que la pandemia está dirigida a eliminar la biblioteca humana, los ancianos” (TV Indígena, 13/07/2020). El alto aprecio por los más adultos es parte de esta cultura; la amenaza de su desaparición ha movido los nervios de la población para combatir este virus implacable -para nada democrático- que no ataca igual a todo el mundo, porque tiene sus preferencias, sus discriminaciones.

Así, mientras los mercaderes de la salud y su tecnocracia miran hacia las veleidades de la medicina mercantilizada producida desde los centros europeos y EUA, las medidas que los guna dule han ido impulsando desde su propia medicina tradicional -por lo demás, preventiva y comunitaria- están volviendo a dar lecciones contundentes, dignas de enorgullecer a quienes se hayan descolonizado mentalmente.

Sociólogo y docente de la UP.
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